Energética 252. Diciembre 2025
BALANCE 2025 Y PERSPECTIVAS 2026 No podemos elegir entre seguridad o renova- bles: tenemos que construir ambas a la vez. La consecuencia más visible ha sido el sal- to en vertidos y restricciones. De un entorno de más del 8% de vertidos (sumando limi- taciones de red y falta de demanda) hemos pasado a superar el 15% al incorporar el efec- to de la operación reforzada. El vertido es electricidad limpia que ya hemos pagado (en inversión, permisos, financiación y conexión) y que no llega a sustituir combustibles fósi- les. Es, en términos domésticos, cocinar de más: por buena que sea la receta, si nadie la puede comer a tiempo, acaba en la basura. Y cuando se repite, deja de ser un síntoma para convertirse en un problema estructural. Desequilibrio entre tecnologías… y desequilibrio entre oferta y demanda A la vez, 2025 ha puesto en primer plano dos desequilibrios. El primero es tecnológico: mucha fotovoltaica entrando rápido, otras tecnologías avanzando más despacio y al- macenamiento aún irrisorio. El resultado se ve en el mercado: precios hundidos a medio- día y picos al atardecer. En 2024, alrededor del 9% de las horas cerraron a precio cero o negativo; 2025 ha confirmado que no era una anécdota. Sin integración, esa señal com- plica la financiación, empuja a una mayor volatilidad y reduce el apetito inversor justo cuando debemos invertir en redes, almace- namiento y gestión. El segundo desequilibrio es oferta-deman- da. La electricidad sigue siendo una fracción insuficiente del consumo energético total: el sector eléctrico avanza, pero el transporte, el calor y buena parte de la industria no acom- pañan al ritmo necesario. Y aquí está la clave: el PNIEC no se alcanzará tratando la transi- ción como si fuese sólo eléctrica. La ambi- ción es doble: un sistema eléctrico mayorita- riamente renovable y un salto decidido en la cuota renovable del consumo final de ener- gía. Ese segundo objetivo es el que determi- na, en última instancia, el impacto real sobre emisiones, dependencia y competitividad. Electrificación: la palanca más rápida y económica La palanca más rápida es la electrificación y, además, es competitiva. Los datos lo mues- tran: un hogar completamente electrifica- do puede ahorrar en torno a un 64% (más de 1.400 euros al año), las bombas de calor reducen costes frente a calderas fósiles y, en industria, muchas soluciones eléctricas recortan el coste total de propiedad entre un 51% y un 61% con retornos en menos de cuatro años. Por eso conviene repetirlo: electrificar es rentable, sostenible y urgente. Pero no basta con pedirlo; hay que hacerlo posible con señales estables, financiación de la inversión inicial y una tramitación que no convierta en una carrera de obstáculos la sus- titución de equipos, la instalación de recarga o la electrificación de procesos. Y, junto a electrificar, toca integrar. Un sis- tema no se sostiene sólo con megavatios baratos; se sostiene con megavatios útiles. “Todo necio confunde valor y precio”, decía Machado, y en energía la frase es casi una guía de operación. Necesitamos redes e in- terconexiones y una gestión más inteligen- te; necesitamos almacenamiento a escala, tanto bombeo como baterías, y flexibilidad para desplazar energía en el tiempo; y nece- sitamos un mix equilibrado con renovables gestionables (hidráulica, biomasa y otras tecnologías hibridadas) que aporten firmeza y estabilidad. Esto no va de escoger ganado- res; va de combinar capacidades para que la electricidad limpia sea aprovechable, estable y fiable. Los objetivos del PNIEC no se limitan a la electricidad Si miramos la hoja de ruta, el PNIEC apun- ta a 22,5 GW de almacenamiento en 2030. Esa cifra no es un capricho: es la condición para que la electricidad barata del mediodía no sea un problema, sino una oportunidad. Almacenamiento, hibridación y flexibilidad pueden convertir vertidos en competitividad, y picos en estabilidad. Además, el desplie- gue de redes debe anticiparse a la demanda: no podemos pedir electrificación y, a la vez, mantener cuellos de botella que retrasen co- nexiones, repotenciaciones o nuevos consu- mos industriales. El PNIEC, además, no alcanzará sus metas únicamente apoyándose en los electrones. Hay usos energéticos donde electrificar será más lento o más complejo, y ahí entran las moléculas verdes: biocarburantes, biogás y biometano. Los biocarburantes permiten re- ducir emisiones ya en un parque móvil don- de el motor de combustión seguirá presente durante años, especialmente en transpor- te pesado y determinadas aplicaciones. El biogás y el biometano son una oportunidad para descarbonizar calor e industria, redu- cir dependencia exterior y generar actividad local, con economía circular y empleo en el territorio. Para desplegarlos con éxito necesi- tamos seguridad regulatoria, agilidad admi- nistrativa y una conversación social basada en sostenibilidad, trazabilidad y beneficios compartidos. Un balance económico que refuerza la idea de “apuesta de país” Si miramos 2025 con perspectiva, el mensaje de fondo es potente: España tiene una ven- taja comparativa real, tanto por los recursos (sol, viento, agua, bioenergía…) como por nuestro conocimiento y capacidad empre- sarial. En nuestra mano está convertir este potencial ventaja competitiva industrial… si resolvemos correctamente su integración. El Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España, pone cifras al sector: en 2024 la aportación al PIB fue de 15.057 millones de euros (0,95% de la economía) y el empleo se situó en 126.574 trabajadores. Además, las renovables aba- rataron el mercado, evitaron importaciones fósiles y derechos de emisión por miles de millones. La lectura es clara: los beneficios de las renovables van más allá de la energía; al- canzan vectores estratégicos como industria, empleo, balanza comercial y resiliencia. El reto de 2026: acompañar sin paralizar El reto inmediato, por tanto, no es frenar; es acompañar sin paralizar. Recuperar integra- ción sin comprometer seguridad; acelerar re- des y almacenamiento para reducir vertidos; electrificar en serio convirtiendo el ahorro en política pública; equilibrar tecnologías pre- miando el valor y no sólo el precio; e impul- sar bioenergía y gases renovables para des- carbonizar donde el electrón aún no llega. El cierre de este análisis debe ser optimista, porque los hechos lo permiten. España ya ha demostrado que puede liderar el despliegue renovable; 2025 nos ha enseñado, a veces de forma abrupta, que ahora toca liderar tam- bién la integración. Si convertimos los pre- cios bajos del mediodía en ventaja competi- tiva podremos atraer industria, electrificando consumos y almacenando excedentes. La transición no es sólo instalar: es cambiar cómo consumimos, cómo gestionamos y cómo competimos. Con voluntad y unidad, las renovables pueden ser también el mayor motor industrial y económico de la España que viene ◉ 93 ENERGÉTICA XXI · 252 · DIC 25
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTAxNDYw