253 magazine
EN EL SECTOR ENERGÉTICO El gas verde como palanca para la descarbonización del sector energético La descarbonización del sector energético requiere soluciones maduras, escalables y compatibles con las infraestructuras existentes. En este contexto, el gas verde se consolida como un vector energético renovable capaz de reducir emisiones en generación, redes y usos finales, aportando flexibilidad al sistema y facilitando la integración sectorial. NATURGY L a transición hacia un sistema energético cli- máticamente neutro exige ir más allá de la elec- trificación directa y abordar aquellos sectores donde la sustitución del gas natural o de los combustibles fósiles no es inmediata. El biome- tano, gas verde obtenido a partir del tratamiento y puri- ficación del biogás, emerge como una solución técnica especialmente relevante para acelerar la descarboniza- ción manteniendo la seguridad de suminis- tro y aprovechando activos energéticos ya existentes. Desde un punto de vista técnico, el biome- tano presenta una ventaja diferencial frente a otros vectores renovables: su plena com- patibilidad con las infraestructuras gasistas actuales. Una vez depurado hasta alcanzar un contenido de metano superior al 95%, puede inyectarse en la red de gas natural sin requerir modificaciones sustanciales en gasoductos, estaciones de regulación o equipos de consumo. Este atributo permite reducir de forma inmediata la huella de car- bono del sistema energético sin necesidad de grandes inversiones adicionales en redes. Las eléctricas juegan un papel clave en la in- tegración del gas verde dentro del sistema. En el ámbito de la generación, su posible uso en centrales de ciclo combinado o en instalacio- nes de cogeneración de alta eficiencia permi- te sustituir combustibles fósiles mantenien- do la flexibilidad operativa. Esta capacidad resulta especialmente valiosa en escenarios con alta penetración de energías renovables variables, donde el biometano puede actuar como respaldo gestionable que contribuye a la estabilidad de la red eléctrica. En la distribución y gestión de redes, el biometano facilita un enfoque de descarbo- nización progresiva. La inyección distribuida desde plantas ubicadas cerca de los puntos de producción de residuos —agrícolas, ga- naderos, industriales o urbanos— reduce pérdidas energéticas y refuerza el modelo de generación distribuida. Además, la monito- rización avanzada de la calidad del gas y de los flujos en red permite a los operadores ga- rantizar la trazabilidad renovable, un aspec- to cada vez más relevante para los mercados de garantías de origen. Desde el punto de vista ambiental, el po- tencial del biometano va más allá de la re- ducción directa de emisiones por sustitución de gas fósil. Su producción a partir de resi- duos contribuye a la economía circular y evi- ta emisiones de metano difuso derivadas de la gestión inadecuada de purines, residuos orgánicos o lodos de depuradora. En mu- chos casos, el balance de emisiones puede ser incluso negativo, convirtiendo al biome- tano en una herramienta estratégica dentro de las políticas climáticas. La integración del biometano con otros vectores energéticos también abre nuevas oportunidades. Su combinación con tecno- logías power-to-gas o su uso como respal- do para electrolizadores permite avanzar hacia sistemas energéticos híbridos y más resilientes. Asimismo, su aplicación en sectores difíciles de electrifi- car —como ciertos procesos industriales o el transporte pesado— refuerza su papel como complemento indis- pensable de la electrificación renovable. A pesar de su madurez tec- nológica, el despliegue del biometano plantea retos que requieren coordinación entre agentes. Entre ellos destacan la estandariza- ción de criterios técnicos de conexión a red, la optimización de los sistemas de medición y control, y la planificación integrada entre redes eléctricas y gasistas. En todo caso, esta energía precisa aún de mecanismos de impulso que permitan desplegar su enorme potencial, tal y como ya está ocurriendo en otros países del entorno europeo. Según un informe de Sedigas, España dispone de ca- pacidad para llegar a producir 163 TWh al año de biometano, lo que permitiría cubrir el 100% de la demanda residencial y comer- cial. En este ámbito, la experiencia de las eléctricas en operación de infraestructuras críticas y gestión de sistemas complejos re- sulta fundamental. En conclusión, el gas verde no debe en- tenderse como una solución transitoria, sino como un componente estructural del sistema energético descarbonizado. Su ca- pacidad para aprovechar residuos locales, su compatibilidad con las redes existentes y su papel en la flexibilidad del sistema lo con- vierten en una herramienta técnica de alto valor. Integrado de forma coordinada con la generación eléctrica renovable, el biome- tano puede contribuir de manera decisiva a una transición energética eficiente, segura y climáticamente neutra ◉ descarbonización 50 ENERGÉTICA XXI · 253 · ENE/FEB 26
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