Energética 249. Septiembre 2025
Hoy se producen unos 7 bcm anuales, una cifra que, aunque notable, dista todavía de los 35 bcm fijados como objetivo comunita- rio para 2030. La Agencia Internacional de la Energía advierte de que, a pesar del interés inversor, los costes de producción continúan siendo más altos que los del gas fósil en mu- chos mercados, lo que obliga a mantener es- quemas de apoyo claros y estables para que la industria pueda despegar de forma sólida. España se encuentra en una posición pri- vilegiada para aprovechar esta ola inversora. El país concentra ya 4.800 millones de euros comprometidos en proyectos de biometano y cuenta con una producción futura espera- da de 17,3 TWh al año, según el Biomethane Investment Outlook de la European Biogas Association. Sin embargo, todo ese poten- cial dista mucho de ser aún real. Por poner en contexto, al cierre de 2024 estaban en operación en España 9 instalaciones que produjeron solo 0,315 TWh de biometano en España, muy lejos de los más de 160 TWh/ año que Sedigás estima que se pueden pro- ducir en el país. Italia, el ejemplo europeo del biometano El contraste con Italia es especialmente re- velador. En 2018, el país apenas disponía de siete plantas conectadas a la red y en 2025 ya supera las 137 instalaciones, más de cien de ellas incorporadas el año pasado. Este creci- miento exponencial, que la convierte en el tercer productor europeo, se explica por una mezcla de urgencia y pragmatismo. Italia de- pende de forma crítica del gas natural, que representa en torno al 44% de su mix ener- gético, según los datos de Ember, y durante años ha mantenido una fuerte dependen- cia de las importaciones de hidrocarburos desde Rusia. Esta vulnerabilidad estratégica llevó al Gobierno a situar el biometano en el centro de su política energética. El Decreto Ministerial de Biometano del Ejecutivo italiano fue el instrumento deci- sivo. Ofreció subvenciones de hasta el 40% para la construcción de nuevas plantas o la reconversión de instalaciones de biogás, estableció tarifas fijas garantizadas durante quince años para la energía inyectada a red y organizó subastas periódicas que asegura- ban precios en torno a los 120 €/MWh, muy por encima del coste medio del gas fósil. Además de los incentivos tradicionales de inversión, Italia ha implementado reciente- mente medidas complementarias bajo los fondos Next Generation EU, que ofrece sub- venciones a fondo perdido de hasta el 65% para proyectos que mejoren la sostenibili- dad ambiental y la eficiencia de los sistemas de biometano. Para empresas que desarro- llan y construyen plantas, estas ayudas re- presentan una oportunidad para implemen- tar tecnologías innovadoras de reducción de emisiones, optimización del uso del digesta- to y mejoras en la eficiencia energética. A ello se añadió una normativa flexible en cuanto a materias primas, que permitió aprovechar residuos agrícolas, estiércoles, subproductos agroindustriales e incluso cultivos energéticos en determinados casos. De esta forma, el sector agroganadero pasó a ser un protagonista activo de la cadena de valor, integrando la producción energética con la gestión de residuos y la valorización de suelos. Este modelo de éxito también enfrenta retos importantes. Por ejemplo, la mayoría de los proyectos incentivados a través de fondos europeos deben completarse antes del 30 de junio de 2026, un plazo muy ajus- tado para cerca de 450 plantas, lo que gene- ra tensiones sobre la capacidad industrial y logística. A pesar de estas dificultades, el potencial del mercado y la claridad del marco regula- torio continúan atrayendo inversiones sig- nificativas. Estos han sido factores decisivos que llevaron a Biorig, la división de gases renovables de Solarig, a anunciar una in- versión de 300 millones de euros en el país hasta 2030. El plan prevé desarrollar y operar más de veinte plantas de biometano con una capacidad conjunta de alrededor de 1 TWh anual, equivalentes a 90 millones de metros cúbicos, suficientes para abastecer a 360.000 hogares italianos. Además de contribuir a la reducción de emisiones, estas instalaciones permitirán valorizar más de 1,5 millones de toneladas de residuos agroganaderos, ge- nerando fertilizantes orgánicos de alta ca- lidad y reforzando la economía circular en los entornos rurales. Se trata de un modelo ya probado en España, donde Biorig está desplegando una cartera de más de veinte proyectos con una producción estimada de 3 TWh anuales. Seguridad jurídica y apoyo: claves de éxito La comparación entre ambos países pone de relieve un punto clave: mientras que Italia ha diseñado un marco normativo estable y am- bicioso que combina incentivos a la inver- sión y seguridad en los ingresos, España ha centrado sus ayudas en reducir los costes de construcción de las plantas, pero no ha arti- culado un esquema de demanda que garan- tice precios mínimos estables ni contratos a largo plazo. Sin esa seguridad, las nuevas instalaciones españolas corren el riesgo de exportar parte de su producción hacia mer- cados más atractivos, en lugar de dirigir su producto a la industria nacional, desperdi- ciando así una oportunidad de reforzar la autonomía energética del país y dinamizar territorios rurales que necesitan nuevas vías de desarrollo. Este punto es clave, ya que el biometano no es solo una herramienta de descarboni- zación, también una infraestructura clave para la reindustrialización europea y el apo- yo a sectores estratégicos, como el mundo rural. Las plantas producen digestato, que puede transformarse en fertilizante orgá- nico y reducir la dependencia de químicos minerales, y generan CO₂ biogénico captu- rable, con usos en la industria alimentaria y química o en la producción de combus- tibles sostenibles para la aviación. Estos coproductos amplían el impacto de la tec- nología, fortalecen la circularidad y multi- plican los beneficios ambientales y econó- micos de su despliegue. Un gas renovable ‘kilómetro 0’ En un escenario geopolítico incierto, dispo- ner de un gas renovable autóctono, produci- do a partir de insumos locales y plenamente compatible con las redes existentes, refuerza la soberanía energética europea. No se trata únicamente de cumplir con objetivos climá- ticos, sino de garantizar seguridad de sumi- nistro, crear empleo en zonas despobladas y ofrecer nuevas oportunidades al sector pri- mario y a la industria. La lección que deja Italia es clara: el éxito del biometano no depende tanto del po- tencial técnico como de la existencia de un marco regulatorio estable y ambicioso. España cuenta con recursos abundantes y con un tejido empresarial capaz de liderar este sector. Sin embargo, sin una estrategia que combine incentivos a la inversión con un esquema de demanda que garantice es- tabilidad a los proyectos, nos arriesgamos a quedar rezagados en una carrera que avanza con rapidez ◉ gases renovables 71 ENERGÉTICA XXI · 249 · SEP 25
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