Energetica 223. Enero febrero 2023

Comunidades energéticas y autoconsumo compartido: barreras de entrada y desarrollo La creación de una comunidad energética conlleva muchos trámites administrativos, que ponen muy difícil la proliferación de este tipo de soluciones reales y funcionales. DEPARTAMENTO TÉCNICO DE ELECTROFLUXE N os encontramos con que la legisla- ción europea y la española tienen lecturas diferentes respecto a las comunidades energéticas. La normativa eu- ropea dicta que una comunidad energética es una entidad jurídica, y en España, la dificultad de crear una entidad jurídica es la primera barrera de entrada; no obstante, la legislación española permite el autoconsumo compar- tido sin necesidad de crear una entidad jurí- dica, y eso facilita mucho el proceso, siendo más positivo para los consumidores. La dificultad para constituir una entidad ju- rídica, es el primer escollo, pero existen mu- chos otros que impiden el despliegue de las comunidades energéticas en este país, como puede ser la falta de técnicos competentes, la dejadez en la tramitación de los expedientes o lentitud en los procesos por parte de las dis- tribuidoras, ya sea por la falta de experiencia de estas últimas como de las empresas y/o consumidores que presentan las solicitudes. Los trámites administrativos tan complejos también ponen de manifiesto la diferencia entre comunidades autónomas; en algunas su tramitación es mucho más sencilla y ágil que en otras. A falta de un marco normati- vo bien definido se crean comunidades de autoconsumo compartido a base de perse- verancia por parte de las empresas, ayunta- mientos como de los consumidores. Lamen- tablemente hablamos de meses e incluso años de espera, aunque se haya realizado la inversión, esté todo instalado y a punto para ser aprovechada. La falta de apoyo por parte de las institu- ciones para agilizar los trámites tan largos y pesados poniendo límites a las distribuido- ras en la concesión de los expedientes ten- dría que ser una de las prioridades principa- les para permitir la puesta en marcha de las comunidades energéticas. También deben tenerse en cuenta la “com- plejidad” de la gestión del reparto de ener- gía, que hace que pocos podamos disponer de los sistemas tecnológicos que lo hacen realmente posible. Ahora el panorama está cambiando. Con la presión de la Comunidad Europea y la crisis climática, entes públicos y consumidores es- tamos empezando a ver cambios. Cambios forzados, pero cambios, a fin de cuentas. Esta nueva tendencia está provocando que, poco a poco la administración ponga límites a las barreras de entrada que muchos nos encontramos con la tramitación de procesos y permisos para la creación de comunidades energéticas. El sector necesita que se agilicen los plazos de concesión de puntos de sumi- nistro y otros permisos y autorizaciones. Existe la voluntad firme por parte de los consumidores para que el autoconsumo compartido funcione. Los precios de la ener- gía siguen fluctuando y cada vez más buscan la solución las instalaciones de autoconsu- mo para una menor dependencia. Si puede ser compartiendo los costes, mejor. Así na- cen las comunidades energéticas. Las comunidades energéticas y comunida- des de autoconsumo son una pieza clave en la creación de un nuevo modelo energético de generación distribuida, especialmente en áreas densamente pobladas como las ciuda- des. Generar la energía cerca del punto de consumo es fundamental. El aumento del autoconsumo, ya sea individual y colectivo, es un importante para conseguir el cambio de paradigma energético, y conseguir mayor independencia energética. Para ello debe- mos potenciar al máximo la creación e im- plantación de este tipo de soluciones, para una mejor transición energética. Uso de baterías Cada vez más son los consumidores que ins- talan baterías en casa, y esto nos permitiría dar elasticidad al sistema, y amortiguar las tensiones en la demanda, pero no se ha pro- fundizado sobre el tema, la falta de normati- va también frena el desarrollo de soluciones inteligentes, que permitirían hacer un uso eficiente y flexible de la energía. La transición energética pasa por el uso de baterías, pero, ¿por qué no permitir que inyecten energía de forma dinámica, con el uso del big data y las nuevas tecnologías para hacer un reparto óptimo de la energía almacenada? Es sin duda el futuro. Es responsabilidad de todos -instituciones, empresas y consumidores- llevar a cabo una transición energética que nos lleve al cam- bio de paradigma social, ¿queremos repetir los mismos errores y dejar la generación en manos de los grandes oligopolios o apro- vechamos la oportunidad para distribuir la generación de energía y ponerla en manos de todos, de forma más democrática y ética? ¿Cuándo nos podremos a trabajar para lle- var el autoconsumo a las ciudades? ◉ autoconsumo 86 ENERGÉTICA XXI · 223 · ENE/FEB 23

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