Energética XXI. Junio-julio 2024
Formación en el sector energético: un cuello de botella de la transición energética La sociedad se está enfrentando al reto de realizar un cambio sistémico que transforme una economía alimentada por recursos fósiles, que produce emisiones de gases de efecto invernadero, por otra que sea sostenible. Además del diseño del cambio, se ha de ejecutar, y mantener el sistema funcionando correctamente. En definitiva, es necesario que haya personas que sean capaces de hacer todas las funciones correspondientes a distintos niveles de formación y capacitación, todos ellos indispensables. ALBERTO ABÁNADES DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE INGENIERÍA ENERGÉTICA DE LA ETSII-UPM P or otro lado, todo cam- bio exige una capaci- dad de adaptación rá- pida desde la anterior situación a la nueva, lo que obviamente sólo es posible con acciones de formación orientadas a esa nueva situación. Se han de ge- nerar nuevos profesionales ca- pacitados, y, además, proveer de esas nuevas capacidades a los existentes para que se pue- da lograr una transición justa. El termino “re- conversión” muy negativo en el pasado, que ahora se denomina “recapacitación”, llevado con éxito, es uno de los pilares del concepto de “No deja a nadie atrás”. La formación en general es una de las cla- ves para la aceptación social de las implica- ciones que puede tener la transición ener- gética. Esa formación se ha de tener desde los primeros niveles de educación. La falta de formación general sobre ciertos temas, junto con la percepción de que la transición energética no beneficia a todos, y que afecta a muchos, provoca algunos fenómenos que ya se están empezando a vislumbrar: oposi- ción popular a instalación de centros de al- macenamiento de energía, a la construcción de plantas de biogás, a parques eólicos o fo- tovoltaicos son ejemplos actuales derivados de cierta percepción de falta de beneficio de todo eso a nivel general. La transición energética en el marco de la lucha contra el cambio climático está pro- piciando planes cada vez más ambiciosos a nivel político y técnico para acelerar esa transformación. Todos esos planes están generalmente respaldados con medidas fi- nancieras que estimulen su cumplimiento, y que no se condiciones simplemente por las condiciones del mercado. Un debate aparte es la eficacia de esos planes de financiación, aunque casi siempre hay un aspecto que se olvida. Los incentivos a la instalación de nuevas infraestructuras y plantas, o las medi- das de modificación del mercado, ayudas al consumo, o incluso la agilización de permi- sos constituyen medidas de impacto. Todas esas medidas y todas esas transformaciones se realizan por personas. Cabe destacar que una parte muy importante del coste real aso- ciado, por ejemplo, a plantas renovables, el es coste de personal. Hay que tratar de incluir con más visibilidad todas esas medidas que puedan estar relacionadas con la formación de personal, que suele ser la gran olvidada. Hace falta un plan de formación ambicio- so de personal técnico e instaladores, para instalación y mantenimiento de todas esas tecnologías de la transición. Bien es cierto que, para el caso de las tecnologías renova- bles mayoritarias, como la fotovoltaica, se tiene varios años de experiencia, y se ha he- cho una labor muy importante para la cualificación de electri- cistas e instaladores, pero hay otras emergentes, como la del hidrógeno, que va a necesitas del orden de 100.000 técnicos e instaladores para implemen- tar los planes que ahora están en papel. Es necesario proveer los medios para formar esos trabajadores. Muchos de ellos pueden provenir por recapaci- tación desde sectores que se verían afectados por esa transi- ción, como la industria petrole- ra y del gas. También hay que formar a profesionales de grado medio, operadores de plantas, sobre todo para instalaciones descentralizadas, como los que operarían los complejos futu- ros de generación de hidrógeno. En el caso de las plantas renovables, muchas de ellas ya se operan de forma centralizada, pero el acoplamiento con otros procesos como el de generación de hidrógeno aumenta esa complejidad. En cuanto al ámbito universitario, la de- manda de ingeniero/as es tremenda. Todos estos cambios en el paradigma energético están provocando que egresados de casi cualquier ingeniería tengan una entrada di- recta en el mercado laboral. Obviamente, las ingenierías de rama Industrial, relacionadas con la energía o la electricidad son la punta de lanza, pero hacen falta de todo tipo. No solo ingenierías: economistas, abogados, administración, matemáticos, y de casi to- das las disciplinas son necesarios, puesto que un cambio sistémico requiere de todos. Todo eso implica también adaptar los planes de estudios a las necesidades del sector ◉ FORMACIÓN 72 ENERGÉTICA XXI · 237 · JUN/JUL 24
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