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Diversificación o concentración: cómo colocar los huevos en la cesta energética

Eduardo Álvarez, Coordinador técnico del Foro Industria y Energía. Profesor del Departamento de Energía de la Universidad de Oviedo

 Diversificación o concentración: cómo colocar los huevos en la cesta energética

Todo conflicto internacional puede llegar a producir cambios sustanciales en las reglas de juego del tablero mundial. Sobre todo, en un mundo multipolar, en el que tanto las potencias mundiales como nuevos protagonistas estatales reclaman su espacio en el desarrollo de un nuevo orden. Este es el caso de la situación generada por la invasión rusa de Ucrania, que está influyendo en las coordenadas energéticas mundiales y, muy especialmente, en las de España.

La Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), con datos de febrero de 2022 sobre la importación de gas y crudo, apunta, por ejemplo, que en este último tramo, España está centrando su suministro energético de gas y crudo en dos regiones concretas: África y América del Norte. En el caso específico del gas, la mayor parte de las importaciones (46 %) provienen de África, con dos protagonistas principales: Nigeria y Argelia. Mientras, los EE. UU nos hacen llegar el 33,4%.

En lo que respecta al crudo, cobran especial relevancia las importaciones provenientes de África Central, donde, de nuevo Nigeria se convierte en el primer suministrador con el 12,8 % durante el mes de febrero, seguido por Libia (11,5%). Desde América, el 11,0% del crudo proviene de EE. UU. Si bien la región de Europa - Euroasia es desde donde más crudo importa España (29,4%), el 29,3% del crudo procede de África y el 21,6% de América del Norte, lo que demuestra la importancia de estas dos regiones.

Los datos reflejan una serie de tendencias relevantes: en primer lugar, África y América del Norte se posicionan como claves para España. En segundo lugar, EE.UU. se está consolidando como primer suministrador de Gas Natural Licuado (GNL), desplazando a Argelia, mientras que Nigeria se consolida como el principal suministrador de crudo. Estos datos, además, demuestran que continuamos concentrando la mayor parte de las importaciones en unos pocos Estados “proveedores”.

 

Riesgos de suministros procedentes de Argelia y Nigeria
Este escenario pone de manifiesto, además, que España continúa sin solventar el problema de la dependencia energética, concretamente de carburantes. El suministro de gas que viene desde África está determinado por las relaciones con Argelia, país con el que España mantiene tensas relaciones a causa del giro hacia Marruecos y la nueva posición sobre la autodeterminación del Sáhara Occidental. Tras el cierre del gasoducto Magreb Europa, tan solo existe uno abierto con Argelia: el Medgaz. Además, la cuota de gas argelino que llega a nuestro país podría reducirse, ya que Italia intenta hacerse con una parte muy importante del suministro de este país. La visita oficial de Mario Draghi el pasado mes de abril ha consolidado el inicio de una alianza energética entre ambos países mediterráneos.

Pero el riesgo de que parte del gas que nos llega de Argelia se desvíe a Italia no es la única consecuencia del entendimiento entre estos dos países. Hay también otras cuestiones que podrían afectar al futuro. Un claro ejemplo es el recién actualizado proyecto del gasoducto transahariano que se desarrollaría de manera conjunta entre Argelia, Níger y Nigeria, países que han reafirmado su reanudación firmando la “Declaración de Niamey” el pasado mes de febrero. En este proyecto han mostrado interés varias empresas a lo largo de los años empresas como la nigeriana NNPC y la argelina Sonatrach, Gazprom (Rusia), Total (Francia) o Eni (Italia), todas ellas empresas de titularidad estatal.

A pesar de su dificultad y de algunas dudas sobre su viabilidad, en el caso de construirse podría dejar a España en fuera de juego. El proyecto tendría la capacidad de transportar 30 bcm de gas al año (más del triple de la capacidad que en este momento tiene el Medgaz) y permitiría a Europa diversificar su suministro. La incógnita es cómo afectaría a España tras las tensiones con Argelia y qué país se haría con la entrada de gas a Europa.

 

EE. UU: ¿una nueva relación de dependencia energética?
La nueva relación con EE.UU, si bien supone una oportunidad en varios frentes (garantizar el suministro de GNL, avanzar en materia de seguridad migratoria y presionar a la ONU con el objetivo de que avance en dar una solución a la cuestión del Sahara), también genera ciertos riesgos: nuestro país puede caer en la órbita de la política de EE. UU en el Magreb, perder independencia estratégica y con ello margen de maniobra y, sobre todo, pasar a depender energéticamente de un Estado que siempre antepondrá sus intereses, cosa, por otra parte, muy lícita ¿Alguien duda de que en caso de escasez los EE UU recurrirán a su recursos de gas antes de exportarlo, como ya hicieron en su día con tecnologías como los respiradores en plena pandemia de la COVID-19? Recordemos que durante 40 años las exportaciones de productos energéticos norteamericanos estuvieron prohibidas.

Con la crisis de Ucrania, EE. UU pretende ocupar el lugar que hasta ahora tenía Rusia en el suministro de gas a Europa. El claro ejemplo reside en el acuerdo alcanzado entre EE. UU y Bruselas para importar GNL y reducir el 40% de dependencia del gas ruso. Esta nueva relación de dependencia también tiene implicaciones políticas en el Magreb. Tras su alianza con Marruecos y la reciente visita del secretario de Estado de EEUU a la región y a Oriente Medio, el país norteamericano gana enteros para convertirse en un protagonista clave en una región altamente militarizada – cerca del 70% de la militarización se concentra entre Marruecos y Argelia (IPSI 2022) – con capacidad de condicionar la seguridad de la UE y controlar el suministro energético.

Los binomios EE. UU – Marruecos, Rusia – Argelia, así como el interés de China por el fosfato en la región, dan pistas sobre la consolidación de un nuevo tablero norafricano. En esta línea, España se centra en Marruecos, mientras Italia gira a Argelia con vistas a liderar la exportación de gas a la UE. Este último acercamiento aleja a España de la posibilidad de liderar el suministro hacia Europa, más aún si no se aborda la cuestión del gasoducto Midcat con Francia.

 

Oportunidades: diversificar el suministro y las rutas
Para España, sería interesante trazar una estrategia de diversificación y explotar otras rutas que no hagan depender su suministro energético de un número limitado de proveedores. En este sentido, Oriente Medio puede jugar un papel clave. No deja de ser cuanto menos curioso que, según los datos del CORES, esta zona productora de energía haya perdido peso en nuestro país y tan solo Arabia Saudí e Irak sean a día de hoy suministradores de crudo (14,1% entre ambos) mientras que Qatar sea el principal proveedor de gas (2,3%).

En esta línea, no hay que perder de vista dos países que podrían contribuir a que se produzcan cambios en el comercio energético a largo plazo: Irán y Venezuela. Según el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, el acuerdo nuclear con Irán supondría levantar las sanciones a los persas y, en consecuencia, la posibilidad de que haya más petróleo en el mercado. En el caso de Venezuela, EE. UU ya ha tomado decisiones para acercar posturas sobre el petróleo. Por tanto, levantar las sanciones a ambos países cambiaría el equilibrio de los precios, ya que a mayor oferta menor coste energético.

Cuantas más opciones tengamos para elegir proveedor energético, menos posibilidades existen que nuestra seguridad energética se resienta. El principal condicionante es el tiempo, ya que otros Estados como China ya han cerrado acuerdos a largo plazo con sus principales suministradores de Oriente Medio, como Irán (acuerdo de 25 años), Arabia Saudí (negociación de venta de crudo en yuanes) o Rusia (acuerdo para el suministro de gas durante 30 años) para desviar las rutas a su país.

 

Conclusión: evitar la dependencia y explorar nuevas rutas
España debe estar preparada para afrontar los cambios que se van a producir, sin lugar a dudas, a escala internacional. La energía y la geoestrategia continuarán siendo los dos ejes de la política exterior española. Para España, la seguridad del Magreb es clave, pero también lo es el suministro energético.

Tratar de desvincular la dependencia energética de esta región no garantiza necesariamente una seguridad a largo plazo. Más con la alta militarización existente y el avance del terrorismo en el interior de África, que podrían desestabilizar nuevas rutas, como, por ejemplo, la nigeriana u otras que pretenden consolidarse.

No podemos ser ajenos a los últimos movimientos en el escenario internacional. España debe armar una diplomacia energética que garantice las relaciones con los países exportadores y estar presente en las negociaciones de los grandes proyectos. Es importante trabajar por la diversificación de rutas y no caer en la dependencia de Estados con agendas políticas distintas, para no quedar atrapados en sus intereses y perder independencia energética. Poner todos los huevos en la misma cesta energética supone un riesgo inasumible.

 

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Artículos sobre energía | 05 de mayo de 2022 | 1352

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