La transición hacia el nuevo modelo energético, en particular, en la combinación de tecnologías para la generación de electricidad, no puede simplemente delegarse en las fuerzas del mercado, cuando el valor intrínseco de las diferentes tecnologías no está remunerado de forma justa. Para valorar una tecnología flexible --como la solar termoeléctrica, STE, también conocida como CSP-- es necesario un enfoque del sistema basado en el valor global que aporta al sistema eléctrico cada nueva central que se incorpora, en lugar de en el simple coste de generación. De lo contrario, es probable que surjan inconvenientes significativos en términos tanto técnicos como económicos.
Recientes estudios desarrollados en California han demostrado que hoy en día es equivalente remunerar 5 centavos de dólar por kWh a una nueva planta fotovoltaica o 10 centavos a una planta STE con almacenamiento. Además, estos estudios apuntan a que esta diferencia será sustancialmente mayor a medida que la penetración de las energías renovables vaya incrementándose. Esta conclusión puede tener ciertas diferencias en función del país del que se trate, ya que la comparación mostrará mayores diferencias en los países con economías en rápido desarrollo, necesitados de un fuerte incremento de la capacidad instalada, que en países industrializados. Sin embargo, en estos últimos la diferencia se volverá también relevante cuando las viejas plantas nucleares y fósiles comiencen a ser cerradas.
En la proyección de una nueva planta de generación eléctrica, el valor que ésta aporta al sistema es lo que importa por encima del coste de generación. Este valor tiene dos componentes: el valor operacional, que representa el coste evitado de generación convencional en sus respectivos periodos de despacho junto con el de los servicios auxiliares correspondientes, tales como, por ejemplo, los requisitos para la reserva rodante de potencia. El valor de capacidad refleja los costes de construcción evitados para nueva generación convencional en respuesta a incrementos en la demanda de energía o del cierre de plantas.
A diferencia del agua o del gas, la electricidad no se puede almacenar en grandes cantidades. Debe ser generada en el instante en que se utiliza, lo que requiere que el suministro se mantenga en equilibrio constante con la demanda. A mayor capacidad instalada en generación intermitente, mayor será la probabilidad de hacer frente a situaciones de desequilibrio. Cuando se necesita más capacidad --ya sea como resultado de un crecimiento económico, como es el caso de las economías emergentes, que duplicaran sus necesidades en una década, o como resultado del desmantelamiento de centrales antiguas en países industrializados-- la penetración de la generación intermitente en este tipo de sistemas necesitaría ser respaldada por nuevas centrales de combustibles fósiles.
Esto tiene tres efectos relacionados entre sí: una doble inversión para añadir capacidad adicional (fuentes renovables junto con capacidad de apoyo); una restricción considerable del tiempo de funcionamiento de las capacidades añadidas de combustible fósil, lo que aumenta considerablemente sus costes de generación, y un obstáculo para el logro de un sistema de generación libre de carbono.
Éste es también el motivo por el que el almacenamiento de electricidad está empezando a ser considerado como una solución global a los problemas de exceso de oferta y reducción de los altos costes inducidos por la generación renovable no flexible en la mayoría de los sistemas de energía. No obstante, la única solución sostenible para el futuro mix de generación debe prevenir las causas del problema en lugar de tener que curar sus efectos.
Las centrales termosolares con almacenamiento parecen ser, hasta la fecha, la mejor opción. Además de su valor añadido al sistema de potencia en términos de operación y capacidad, añaden estabilidad inercial a la red y tienen un impacto macroeconómico altamente positivo. Las plantas híbridas STE con fotovoltaica también aportarían una solución atractiva reduciendo costes de generación y aumentando la flexibilidad de gestión.
Ha llegado el momento de reconocer que no es suficiente con establecer objetivos globales sobre la participación de las energías renovables en 2030 o 2050. Vincular la necesaria alta contribución de las tecnologías de generación gestionables a estos objetivos es ya una necesidad. De lo contrario, un sistema libre de generación de CO2 no será factible y cualquier nueva inversión en renovables intermitentes tendrá muy cuestionada su fiabilidad económica.
Incluso en la situación actual, cuando el despliegue de STE está dos órdenes de magnitud por debajo de la eólica y la fotovoltaica y sus costes de generación son algo más altos, se puede afirmar que:
En cuanto al desarrollo de las renovables, debemos cambiar el actual enfoque miope del ‘coste’ al enfoque completo del ‘valor’ para las futuras inversiones en centrales eléctricas. Esto dará lugar a una proporción más equilibrada entre las energías renovables intermitentes y las flexibles, que es la única vía sostenible para una verdadera transición energética.
¡Ayúdanos a compartir!
Política de privacidad | Cookies | Aviso legal | Información adicional| miembros de CEDRO