Energética 252. Diciembre 2025
BALANCE 2025 Y PERSPECTIVAS 2026 para reducir la percepción de riesgo, facilitar la bancabilidad de los proyectos y permitir que el despliegue del almacenamiento es- cale más allá de las iniciativas estrictamente subvencionadas. En este contexto, 2025 ha estado marca- do por una intensa actividad en materia de ayudas públicas al almacenamiento. Los instrumentos vinculados al PERTE de des- carbonización industrial, al PERTE ERHA y a los fondos FEDER han seguido canalizando recursos hacia proyectos de baterías, alma- cenamiento térmico y bombeo. Al mismo tiempo, la experiencia acumulada ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar los calendarios de ejecución a la complejidad técnica y administrativa de estos proyectos, impulsando propuestas para ampliar plazos y reforzar la seguridad jurídica. Desde el punto de vista regulatorio, 2025 ha sido un año de transición. Los cambios iniciados en 2024 en el diseño del mercado eléctrico han comenzado a desplegarse, con especial relevancia del paso a intervalos de 15 minutos y la progresiva integración en plataformas europeas de servicios de ajuste. Asimismo, la introducción de nuevos servi- cios, como el control de tensión, ha abierto oportunidades claras para el almacenamien- to, que se consolida como un actor clave en la operación del sistema. No obstante, per- sisten asignaturas pendientes relevantes: el acceso flexible a la red, la plena integración de la demanda agregada y, sobre todo, la concreción del mercado de capacidad. Si 2025 ha sido el año del diagnóstico, 2026 debe ser el año de la acción. Las necesidades de flexibilidad del sistema ya no son una hi- pótesis futura, sino una realidad presente. La metodología europea para calcular estas necesidades comenzará a arrojar resultados concretos y España deberá traducirlos en instrumentos efectivos y coherentes con los objetivos de descarbonización. En este contexto, el mercado de capacidad adquiere una relevancia central. El análisis de cobertura nacional del sistema eléctrico peninsular español identifica necesidades claras de capacidad firme para los horizontes de 2028 y 2030, lo que refuerza la urgencia de poner en marcha un mecanismo que re- conozca y remunere adecuadamente los re- cursos que aportan seguridad de suministro. El almacenamiento, especialmente en sus modalidades de mayor duración, está llama- do a desempeñar un papel protagonista en este esquema. Esta visión conecta directamente con el do- cumento estratégico publicado por ASEALEN en julio, que articula en doce puntos el papel del almacenamiento como vector esencial de equilibrio, resiliencia y competitividad del sistema eléctrico. En él se subraya que el al- macenamiento no es solo una herramienta para integrar renovables, sino un elemento clave para reducir costes energéticos, dismi- nuir la dependencia de combustibles fósi- les, optimizar el uso de las redes y convertir la demanda en un actor flexible y activo del sistema. Dentro de este marco, el Plan Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía (PN- HAE) ocupa un lugar destacado. El bombeo hidráulico es, hoy por hoy, la tecnología me- jor posicionada para aportar almacenamien- to estacional a gran escala, imprescindible para un sistema eléctrico con alta penetra- ción de energías renovables variables. Su desarrollo exige avanzar con decisión y coor- dinación entre las políticas de agua, ener- gía, medio ambiente y planificación de red, evitando que los retrasos condicionen tanto los objetivos estratégicos como los proyectos que la iniciativa privada ya está impulsando. Esta necesidad de acelerar el despliegue del almacenamiento es aún más acuciante en los sistemas eléctricos insulares, donde la menor robustez de red, los mayores costes de generación y la elevada dependencia de combustibles fósiles hacen del almacena- miento una condición necesaria para mejo- rar la seguridad de suministro, reducir emi- siones y contener el coste de la electricidad. De cara a 2026, todo apunta a que se abrirán pronto nuevas consultas públicas y líneas de apoyo para dar continuidad al despliegue del almacenamiento. Sin embargo, el verdadero reto va más allá de nuevas convocatorias. Se trata de consolidar un marco estable y prede- cible que reconozca plenamente el valor sis- témico de la flexibilidad no fósil y permita a los proyectos avanzar con independencia del ciclo presupuestario. El año 2025 ha dejado una lección clara: la transición energética no puede apoyarse únicamente en la incorporación acelerada de nueva generación renovable. Sin alma- cenamiento, sin flexibilidad y sin una visión integrada del sistema, la fragilidad aumenta. El apagón lo hizo visible, pero también abrió una oportunidad. Si 2025 fue el año en que el sistema mostró sus límites, 2026 debe ser el año en que sepamos transformarlos en palancas de cambio, haciendo del almace- namiento una infraestructura estratégica al servicio de una descarbonización eléctrica segura, resiliente y duradera ◉ 97 ENERGÉTICA XXI · 252 · DIC 25
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