Revista Energética. Marzo 2026

La carga residencial del vehículo eléctrico tras diez años de evolución La incorporación de gestión dinámica de potencia, integración fotovoltaica, conectividad en la nube y futuras capacidades V2H y V2G redefine el punto de recarga como activo energético doméstico ENRIQUE LÓPEZ DIRECTOR DE MOVILIDAD ELÉCTRICA SALTOKI E-SOLAR E n solo diez años, el punto de recarga residencial ha evolu‑ cionado de una toma de co‑ rriente simple a una infraestructura energética avanzada y conectada, y Saltoki e-solar ha acompañado a sus clientes en este proceso. Hace una década instalar un punto de recarga en una vivienda suponía añadir una nueva demanda a la ins‑ talación eléctrica. Los equipos eran funcio‑ nales, pero carecían de inteligencia: el vehí‑ culo comenzaba a cargar a potencia fija, sin tener en cuenta el consumo simultáneo del resto del hogar. Esto obligaba frecuentemente a aumentar la potencia contratada ya que concentraba el consumo en las horas de llegada a la vi‑ vienda, sin considerar el precio de la energía ni la disponibilidad de generación renova‑ ble. La carga del vehículo eléctrico era, sim‑ plemente, un nuevo consumo energético. El primer punto de inflexión llegó con la gestión dinámica de potencia. La medición en tiempo real del consumo de la vivien‑ da permitió adaptar la carga del vehículo a la potencia disponible en cada momento, integrándolo en la instalación sin necesi‑ dad de sobredimensionarla. Se eliminaron los disparos de protecciones y se optimizó la potencia contratada, uno de los facto‑ res que más condicionan el coste fijo de la electrificación. Esta funcionalidad se volvió una gran ven‑ taja competitiva. Aquellos fabricantes que lo integraron de forma temprana y conti‑ nuaron su desarrollo reforzaron su posición, mientras que las soluciones tardías que no evolucionaron tecnológicamente perdieron protagonismo. Lo que comenzó como una característica diferencial acabó convirtién‑ dose en un estándar técnico imprescindible. Integración fotovoltaica y control horario: un nuevo nivel de gestión El siguiente paso fue optimizar el origen y el coste de la energía. La programación en fun‑ ción de los periodos tarifarios permitió des‑ plazar la carga a las horas más económicas y de menor demanda para la red, convirtiendo al vehículo eléctrico en el consumomás flexi‑ ble del hogar. Además, la integración con el autoconsumo fotovoltaico permitió aprove‑ char los excedentes solares o combinar de forma dinámica la energía de la red y de la instalación fotovoltaica. El usuario pasó a disponer de varios modos de funcionamiento: cargar sólo con exce‑ dentes, asegurar un tiempo de carga deter‑ minado o priorizar el coste de la energía. Esta capacidad de integración marcó el posicionamiento de las soluciones de re‑ carga. Aquellas con mayores opciones de conexionado con inversores y con software más desarrollado se situaron a la vanguardia tecnológica. La carga doméstica pasó así de ajustarse únicamente a la potencia disponi‑ ble a hacerlo también al origen y al coste de la energía. La conectividad y la automatización de la carga El siguiente salto ha sido la conectividad. El punto de recarga ha dejado de ser un equi‑ po local para convertirse en un dispositivo gestionado desde la nube, con ca‑ pacidad de monitorización, configu‑ ración y actualización remota. Esto ha exigido una evolución del hard‑ ware hacia soluciones con conexión a internet, superando las primeras propuestas basadas únicamente en Bluetooth. La conexión con plataformas ener‑ géticas permite analizar consumos y adaptar automáticamente la carga a los periodos más económicos, es‑ pecialmente en tarifas indexadas al mercado como el PVPC. Además, los sistemas más avanzados aprenden de los hábitos de uso y prevén la energía necesaria en cada momento. En al‑ gunos casos, la comunicación directa con el vehículo permite, incluso, conocer el estado de carga en tiempo real y ajustar la estrategia energética con mayor precisión. La diferenciación entre soluciones ya no se basa sólo en la potencia, sino en la ar‑ quitectura de comunicaciones, el software y la capacidad de integración con el entorno energético y el propio vehículo. La bidireccionalidad: el siguiente paso La evolución natural apunta hacia la bidi‑ reccionalidad. La posibilidad de utilizar la batería del vehículo para alimentar la vivien‑ da (V2H) o interactuar con la red (V2G) trans‑ formará nuevamente el papel del punto de carga. La implantación de esta tecnología dependerá de la estandarización de los equi‑ pos, la adaptación normativa y la definición de modelos de gestión viables. Así, el vehículo eléctrico dejará de ser úni‑ camente un consumo flexible para conver‑ tirse en un recurso energético distribuido, capaz de aportar respaldo a la vivienda y fle‑ xibilidad al sistema eléctrico. Hacer realidad esta transformación requerirá cada vez más del diseño, la configuración y el servicio de un instalador eléctrico cualificado ◉ Movilidad sostenible 104 ENERGÉTICA XXI · 254 · MAR 26

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