Revista Energética. Marzo 2026
foto no es una película, que los cambios son bruscos y repentinos como tristemente nos enseñaron las últimas crisis. El precio eléctri‑ co europeo sigue siendo altamente sensible al gas y, por extensión, a la geopolítica. Los conflictos que se encadenan (Ucrania, Oriente Próximo, Venezuela y, ahora, nuevas escaladas en la región con la guerra en Irán) afectan a zonas críticas para el petróleo y el gas, y no por casualidad. Y cuando el gas sube, el mercado eléctrico termina notándo‑ lo, especialmente en los periodos sin viento o sin agua. Estos días lo estamos viendo con tensiones que empujan al alza el gas y el petróleo, con impacto directo en las tarifas eléctricas y, lo que es peor, en la competiti‑ vidad asociada a los costes eléctricos de las industrias electrointensivas. España, además, es especialmente vul‑ nerable por una razón simple: no tenemos combustibles fósiles. Cuando el mundo se encarece, nuestra factura exterior se resien‑ te, para las empresas, pero también para nuestra balanza de pagos como país. Por eso, para una industria, la pregunta clave no es “¿cuánto marca el pool hoy?”, sino “¿cómo garantizo mi coste energético mañana?”. Es‑ pecialmente cuando el coste energético sue‑ le ser uno de los costes más importantes de nuestras industrias. La red: un cuello de botella estructural Las peticiones de nueva demanda han cre‑ cido con fuerza, pero la capacidad de red no acompaña. En las redes de distribución, AELEC lo ha expresado con crudeza en públi‑ co: sólo el 12% de las solicitudes de acceso y conexión a la red de distribución llegaron a concederse en el periodo que analizan, advirtiendo de que la falta de red frena pro‑ yectos industriales y de vivienda. Las cuentas son sencillas, si el 12% se conceden, el 88% se deniegan. No estamos, por tanto, ante un “trámite lento”. Estamos ante una limitación física y operativa que amenaza el objetivo europeo de reindustrialización según los cálculos ac‑ tuales indicados en las especificaciones de detalle. Y ese tren, si lo perdemos, no vuelve con facilidad. El autoconsumo industrial, la solución a la necesidad de potencia Aquí es donde el autoconsumo industrial de‑ muestra su valor real. Y conviene decirlo con claridad: el autoconsumo comercial e indus‑ trial no se está desarrollando como debiera, a pesar de su peso. El propio sector encade‑ na contracción. En 2025 se instalaron 1.214 MW de autoconsumo (-15%), tercer año con‑ secutivo de caída, y el segmento comercial e industrial aportó 846 MW (70%), como puede verse en el Informe Anual de Autoconsumo Fotovoltaico y Almacenamiento que elabo‑ ramos, desde hace ya cuatro años, desde APPA Renovables. Además, incluso cuando se instala, no siempre se aprovecha plenamente por res‑ tricciones: el informe cuantifica 2.183 GWh no aprovechados en 2025 por limitaciones de red y restricciones operativas (valor eco‑ nómico estimado: 82 millones de euros), y alertamos en él de pérdidas de producción en las instalaciones grandes. Es decir: tene‑ mos energía distribuida lista para competir… y la estamos desaprovechando, dado que en generación seguimos teniendo numerosos cuellos de botella para obtener también puntos de acceso y conexión. La buena noticia es que la solución tecno‑ lógica ya llega: el almacenamiento detrás del contador se está acelerando. En 2025 se insta‑ laron 339 MWh, un +119%, precisamente por la necesidad de flexibilidad y resiliencia. Y esto conecta con la necesidad industrial: una ba‑ tería permite recortar picos de potencia, sua‑ vizar consumos, maximizar el autoconsumo y, sobre todo, aumentar la seguridad de su‑ ministro ante incidencias y microcortes que, dependiendo de la industria, puede suponer importantes pérdidas económicas. Competitividad industrial con energía predecible Si Europa quiere reindustrializar, necesita algo tan básico como decisivo: electricidad segura, disponible y a coste estable y pre‑ decible. La red debe reforzarse, sí, pero eso llevará tiempo. Mientras tanto, el autoconsu‑ mo industrial, especialmente con baterías, ofrece una respuesta inmediata y compe‑ titiva: crea capacidad útil donde la red está saturada, reduce exposición a la volatilidad geopolítica y convierte el tejado de una fábri‑ ca o ese solar cercano que no está utilizado en un activo estratégico. Porque, en un mundo donde el gas puede dispararse por el bloqueo de una ruta co‑ mercial, una guerra o una sanción, la mejor póliza para la industria es producir parte de su energía en casa y gestionarla bien. El au‑ toconsumo es la respuesta ante la inestabili‑ dad geopolítica y ante unos precios que, hoy por hoy, sólo podemos controlar si tomamos parte activa en la generación eléctrica con nuestros propios medios ◉ Si Europa quiere reindustrializar, necesita algo tan básico como decisivo: electricidad segura, disponible y a coste estable y predecible autoconsumo con almacenamiento C&I 33 ENERGÉTICA XXI · 254 · MAR 26
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTAxNDYw