Revista Energética. Abril 2026
Y COMUNIDADES ENERGÉTICAS y ampliaron posibilidades de conexión; y el Real Decreto-ley 20/2022 elevó de 500 me- tros a 2 kilómetros la distancia máxima entre generación y consumo en determinados su- puestos. A ello se suma ahora el Real Decre- to-ley 7/2026, del 20 de marzo de 2026, que amplía esa distancia máxima hasta 5 kilóme- tros en el autoconsumo colectivo, habilita la compatibilidad entre distintas modalidades de autoconsumo y refuerza el impulso a las comunidades energéticas y a su gestión compartida. Este cambio amplía de forma notable el radio de viabilidad de muchos proyectos y abre nuevas posibilidades para barrios, municipios y polígonos industriales. Sin embargo, el desarrollo real del sector sigue enfrentando retos. Persisten barreras administrativas, tiempos de tramitación heterogéneos, limitada estandarización de ciertos procesos y una financiación todavía poco adaptada a la naturaleza híbrida de es- tos proyectos, situados a medio camino en- tre la infraestructura energética, la iniciativa local y la innovación organizativa. A esto se añaden retos operativos concretos: gestión de coeficientes de reparto, interlocución entre múltiples agentes, necesidad de moni- torización continua y capacidad de adaptar el sistema cuando cambian los patrones de consumo o se incorporan nuevos miembros. El cuello de botella ya no está en demostrar que el modelo es posible; está en profesio- nalizar su despliegue y su operación. Ese último punto merece especial aten- ción. Una comunidad energética no termina con la puesta en marcha de la instalación. Empieza realmente ahí. La fase de operación exige gestión técnica y operativa, gestión económica y administrativa, gobernanza y participación, y comunicación continua con los miembros. Esta dimensión es decisiva porque, sin una operación mínimamente profesionalizada, incluso una instalación bien dimensionada puede perder rendi- miento, generar problemas internos o no aprovechar sus capacidades de flexibilidad, ahorro o crecimiento. El futuro del sector pasa, por tanto, por incorporar capas más avanzadas de inteligencia operativa: digitali- zación, seguimiento de datos, mantenimien- to predictivo, adaptación dinámica y mayor capacidad de gestión de la demanda. Es precisamente en ese terreno donde el papel de los ecosistemas empresariales y tecnológicos cobra especial valor. Desde Secartys Group, a través de SOLARTYS, tra- bajamos este ámbito desde una perspectiva que combina representación sectorial, inno- vación colaborativa, conexión entre capa- cidades empresariales y acompañamiento técnico. No se trata únicamente de difundir el modelo, sino de ayudar a traducirlo en proyectos viables y técnicamente sólidos. Esa función se apoya en un conocimiento acumulado de los socios que conecta cade- na de valor solar, almacenamiento, digitali- zación, operación energética, calidad de red, financiación y tramitación. En esa línea, los proyectos de I+D+i impul- sados por SOLARTYS y sus miembros en los últimos años ofrecen una base relevante para entender hacia dónde evoluciona el sector. Proyectos colaborativos como ECE- NOVA-Ecosistema de Comunidades Ener- géticas Innovadoras, LEADING- Evolución tecnológica de comunIdades energéticas, CEUIS-Comunidades Energéticas Urbano Industriales o BLOCKBATCE, co-financiados por convocatorias públicas de ayudas del CDTI y del Ministerio de Industria a través del Programa de Agrupaciones Empresaria- les Innovadoras del cual forma parte Solar- tys, abordan, desde distintas perspectivas, retos clave para el desarrollo de las comu- nidades energéticas: su aplicación en en- tornos industriales y urbanos, la integración de tecnologías como el almacenamiento o la movilidad eléctrica, la gestión inteligente de la energía, la interoperabilidad y la adap- tación al marco regulatorio. En conjunto, reflejan una evolución del modelo hacia comunidades energéticas más digitaliza- das, conectadas y orientadas a una gestión avanzada de la energía. Junto a esta actividad de innovación, resul- ta igualmente relevante el trabajo de acom- pañamiento y divulgación que se desarrolla desde la Oficina de Transición Energética de SOLARTYS, impulsada con el apoyo del ICAEN. Su valor está en centrarse en las nece- sidades concretas de empresas, entidades y territorio: desde información y capacitación, la identificación de oportunidades en reno- vables y eficiencia hasta la orientación téc- nica inicial para estructurar proyectos y co- nectar esas necesidades con conocimiento especializado y capacidades empresariales. Desde una óptica sectorial, la conclusión es clara. Las comunidades energéticas no representan una derivada coyuntural del autoconsumo fotovoltaico, sino una de sus evoluciones más relevantes. Permiten am- pliar el alcance de la generación distribuida, mejorar la resiliencia local, activar inversión en el territorio, abrir nuevas oportunidades para el tejido industrial y crear una base más flexible para gestionar producción, consumo y ahorro energético. El reto de los próximos años ya no será demostrar el potencial del modelo, sino elevar su madurez. De ello dependerá que las comunidades energéticas se consoliden como una herramienta clave de la transición energética, con capacidad para reducir emi- siones, generar impacto económico local, reforzar la participación de los actores del territorio y construir un sistema energético más resiliente, inclusivo y sostenible ◉ autoconsumo 59 ENERGÉTICA XXI · 255 · ABR 26
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