Revista Energética. Abril 2026

cos, y por su capacidad para sustituir más de 400 calderas fósiles. Que España siga por detrás de otros países europeos no responde a una limitación téc- nica de la biomasa, sino a obstáculos bien conocidos por el sector: un conocimiento todavía limitado de estas infraestructuras por parte de muchos usuarios, la falta de un marco legal específico que aporte seguridad jurídica, incentivos fiscales insuficientes y un respaldo institucional aún escaso para ace- lerar su despliegue. Sin embargo, la experiencia acumulada en España demuestra que la tecnología fun- ciona y ofrece resultados sólidos. Cerca del 80% de nuestras redes de calor y frío utilizan biomasa como fuente de energía y más de la mitad se ubican en municipios de menos de 5.000 habitantes. En esos entornos, las microrredes están demostrando que es po- sible reducir costes frente al gasóleo, movi- lizar recursos forestales locales y reforzar la economía rural. La biomasa no solo aporta calor renovable; también genera actividad y empleo en territorios donde la transición energética puede convertirse en una verda- dera palanca de desarrollo. En calefacción doméstica ocurre algo pa- recido. La biomasa cuenta ya con una base afianzada, aunque todavía claramente por debajo de su potencial. Solo referido a pe- llet, se estima que en España hay alrededor de 650.000 equipos de calefacción instala- dos (entre estufas y calderas) y que el consu- mo doméstico ronda las 850.000 toneladas anuales de este biocombustible sólido, cada vez más conocido. Precisamente para acercar esta realidad al consumidor final, hemos puesto en marcha Biomasa en tu Casa, exposición itinerante que recorrerá 250 municipios hasta 2030 para acercar esta solución a los hogares y ayudar a que más ciudadanos conozcan de forma directa sus ventajas reales. Tras la corrección de producción de años anteriores, marcados por dos inviernos suaves y por el exceso de stock acumulado desde la crisis energética de 2022, el sector ha recuperado pulso en 2025 y la produc- ción nacional vuelve a situarse en torno a las 700.000 toneladas, más cerca del nivel habi- tual de consumo. En condiciones normales, España produce prácticamente lo que con- sume y mantiene flujos comerciales equili- brados con países próximos, especialmente Francia y Portugal. Además, el país dispone de una estruc- tura productiva amplia y descentralizada, con más de 60 fábricas de pellet y decenas de centros productores de astilla y hueso de aceituna. Esa red industrial reduce cos- tes logísticos, aporta resiliencia frente a perturbaciones externas y se apoya en cer- tificaciones como ENplus®, BIOmasud® y SURE, que garantizan calidad, trazabilidad y sostenibilidad. En precio, los biocombustibles sólidos siguen mostrando una ventaja competiti- va clara. La astilla, el hueso de aceituna y el pellet mantienen costes más estables e inferiores a los del gas natural, el gasóleo o la electricidad para calefacción (incluso bombas de calor). Esa estabilidad tiene una importancia creciente en hogares, edi- ficios públicos e industrias que necesitan previsibilidad para invertir y operar en un entorno todavía expuesto a sobresaltos internacionales. La biomasa eléctrica merece también una atención más atenta. Su peso en el mix no compite en volumen con la eólica o la fo- tovoltaica, pero aporta algo especialmente valioso en un sistema con cada vez más generación variable: gestionabilidad. En cogeneración industrial, además, la bioma- sa presenta una lógica especialmente efi- ciente porque prioriza el aprovechamiento térmico y deja la electricidad como un sub- producto útil para autoconsumo o venta. Su aportación como generación síncrona, capaz de reforzar la estabilidad del sistema, resulta cada vez más relevante. Ese papel podría reforzarse si el marco re- gulatorio acompaña. AVEBIOM ha plantea- do mejoras concretas en la regulación de la cogeneración de alta eficiencia para facilitar la modernización de instalaciones, ajustar mejor la retribución asociada al calor útil y evitar rigideces que penalizan proyectos renovables con biomasa agrícola, forestal e industrial. A esto se suma el avance del biometano, que amplía el alcance de la bioenergía en sectores donde la electrificación no siempre es la respuesta más eficiente. España cuenta ya con 24 plantas en operación y alrededor de 270 proyectos en construcción o tramita- ción. La inyección a red se ha duplicado en el último año y el sector se encuentra en una fase de crecimiento real, no solo de expecta- tiva. Buena parte de ese impulso podrá verse también en septiembre, durante el 6º Salón del Gas Renovable y el 19º Congreso Inter- nacional de Bioenergía, que organizamos en Feria de Valladolid. Por otra parte, el marco normativo euro- peo y nacional está incorporando cambios que afectarán de forma directa a la actividad del sector. RED III ha reforzado en la UE los requisitos de sostenibilidad, trazabilidad y eficiencia aplicables a la bioenergía, lo que da aún más importancia a esquemas como SURE para acreditar su cumplimiento. En este sentido, el reconocimiento oficial del bajo riesgo de los montes españoles en la producción de biomasa forestal simplifica auditorías, reduce cargas administrativas y facilita el acceso a materia prima local. A ello se suma el Reglamento europeo con- tra la deforestación (EUDR), cuyo calendario de aplicación arrancará a finales de 2026 y exigirá una mayor trazabilidad y control do- cumental en cadenas como la de la madera y los pellets. Desde 2027, además, la entrada en funcio- namiento del ETS2 para edificios, transporte por carretera y pequeños sectores industria- les tenderá a penalizar más el uso térmico de combustibles fósiles, mejorando la competi- tividad de las soluciones renovables. A me- dio plazo, la bioenergía podría dar incluso un paso más, no solo sustituyendo emisiones fósiles, sino aportando remociones certifica- bles de carbono en el marco europeo recien- temente aprobado para tecnologías como BECCS y el biochar. En España, por su parte, el Real Decreto-ley 7/2026 abre la puerta a objetivos anuales de penetración de biometano fuera del trans- porte y a un sello de excelencia social, te- rritorial y ambiental para ordenar mejor su despliegue. En definitiva, como venimos defendiendo y demostrando desde hace años, España tie- ne recurso, industria, conocimiento técnico y experiencia para dar a la biomasa un papel más ambicioso en calor renovable, electrici- dad gestionable y gases renovables. Lo que hace falta es un marco estable y una política energética que entienda que la transición no consiste en apostar todo a una sola vía, sino en integrar con inteligencia las tecnologías que ya están disponibles. Después de años de tensiones geopolíticas y sobresaltos energéticos, España haría bien en aprovechar mejor sus recursos bioener- géticos; no es solo una apuesta renovable, sino una decisión estratégica ◉ Bioenergía 83 ENERGÉTICA XXI · 255 · ABR 26

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