Revista Energética. Mayo 2025

EN EL SECTOR INDUSTRIAL de las tecnologías disponibles son similares a las utilizadas durante el último siglo, la di- gitalización de los servicios energéticos, las instalaciones y la economía están comen- zando a impulsar una gran transformación. Para avanzar en ambos ámbitos, el cono- cimiento especializado es esencial. En los últimos años, los recursos se han focalizado en el desarrollo de energías renovables de- bido a su gran potencial e impacto directo en la reducción de emisiones. Sin embar- go, estudios como “Renovables 2024” de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) o “La geopolítica del desplazamiento de la demanda energética mundial” del Real Ins- tituto Elcano, prevén que un mix 100% reno- vable no podrá cubrir los niveles actuales de consumo, lo que hace necesario reducir la demanda e intensidad energética. Es aquí donde la eficiencia energética co- bra protagonismo para mantener o mejorar resultados reduciendo el consumo energéti- co. El famoso mantra “la energía más limpia es la que no se gasta” invita a enfocarse en cómo utilizar la tecnología disponible para lograr más con menos. Los costes de la energía también son cla- ve: si son demasiado bajos, desincentivan la optimización; pero cuando aumentan por incertidumbre, dependencia de factores externos o alta demanda, pueden compro- meter la viabilidad de procesos y empresas, como ocurrió en Europa tras el estallido de la guerra de Ucrania en 2022, que disparó el precio del gas natural, el cual, al usarse para generar electricidad, encareció también la electricidad y sus futuros. Para mitigar estos riesgos, la eficiencia energética ayuda a reducir la demanda y el consumo final optimizando los procesos para que utilicen la menor cantidad de ener- gía posible manteniendo los niveles de pro- ducción. Las iniciativas son muy diversas y varían según la industria, por ejemplo: cam- bios de formulaciones en la industria quími- ca, utilización de nuevos materiales menos demandantes de energía, recuperación de energía en los puntos de emisión, reducción de pérdidas de transporte de fluidos térmi- cos, implantación de sistemas de gestión de la energía o utilización de IA. Entre la demanda y el consumo se encuen- tran las pérdidas energéticas de producción y de transporte. En producción, las nuevas tecnologías son fundamentales, al sustituir equipos antiguos por otros más eficientes y sistemas de gestión que adapten su opera- ción a la demanda real en cada momento. Dentro del ámbito industrial, estas medidas se aplican habitualmente a la producción de fluidos transportadores de energía como agua o aceite calientes, aire comprimido o vapor. Si consideramos equipos puramente productivos, la participación de especialistas es crucial para transferir el know-how adqui- rido entre instalaciones. Las herramientas que emplea la eficiencia energética son diversas. Muchas ya están ampliamente implantadas, como el cambio de combustibles o la electrificación de pro- cesos. Otras, como las herramientas digita- les (IA, IoT, virtualización, fabricación aditiva, blockchain) están en expansión y permiten optimizar procesos productivos, logísticos y comerciales. Además, para evitar la pro- ducción innecesaria, la eficiencia energética puede fortalecerse con estrategias de econo- mía circular como el ecodiseño, la reutiliza- ción de materiales, la remanufactura y ma- nufactura avanzada, la reparación avanzada, el retrofitting o la reingeniería. Instrumentos de financiación La otra barrera principal para implementar medidas de eficiencia energética y, en para- lelo, de sistemas que contabilicen correcta- mente los consumos para su optimización, es la financiación. Según un informe de Deloitte, serían nece- sarios unos 380.000 millones de euros de in- versión privada en el periodo 2017-2050 para una alta eficiencia energética y otros 340.000 millones de euros para la electrificación de la economía, de los cuales el sector industrial aportaría un 4%. Tradicionalmente, la obtención de fondos se ha basado en recursos propios —amor- tizados con los ahorros generados— y a subvenciones, destacando los fondos Next Generation EU, que incluyen varias líneas de- dicadas a la reconversión industrial como el Recovery and Resilience Facility (RRF), Reac- tEU, InvestEU y el Fondo de Transición Justa. También se mantienen programas de inves- tigación e innovación, como Horizon EU, los Fondos FEDER y el Programa LIFE, con parti- das para mitigación del cambio climático y transición energética. En el ámbito nacional, también existen fondos específicos de ayuda a empresas como el Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas, el Fondo Nacional de Eficiencia Energética, el Programa de ayudas PYME y gran empresa sector industrial o el Fondo de Reindustrialización y Fortaleci- miento de la Competitividad industrial. En algunos países europeos, se han im- plantado sistemas de certificados “blancos” que permiten a las empresas monetizar sus ahorros energéticos a través de agentes de mercado. Las distribuidoras de energía, obligadas por ley a alcanzar ciertos niveles de ahorro, pueden adquirir estos certifica- dos a un coste inferior al de la penalización prevista por la normativa. El último en im- plementar este sistema ha sido España con los Certificados de Ahorro Energético (CAE), que iniciaron su desarrollo en julio de 2023 y que, a cierre de marzo de 2025, ya han gene- rado 2.321,7 GWh de ahorro a través de 1740 actuaciones. En 2024, se produjeron 1.913 GWh, lo cual supuso el 44% de la obligación total de ahorro energético a nivel nacional. Estos datos demuestran el éxito del esque- ma para incentivar iniciativas de ahorro gracias a su simplicidad y rapidez en la ob- tención de liquidez en comparación con las subvenciones ◉ descarbonización 77 ENERGÉTICA XXI · 246 · MAY 25

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