Revista Energética - abril 2020
TRANSMISIÓN Y DISTRIBUCIÓN Digitalización de las redes de distribución en el escenario post-COVID Para hacer la red de distribución más inteligente es necesario digitalizarla. Y tal digitalización debe cubrir toda la cadena, desde la estación transformadora de distribución (ETD) hasta el punto de consumo. Sabemos cómo hacerlo; de hecho, llevamos dos décadas haciéndolo en la red de transporte. GUILLERMO AMANN PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE FABRICANTES DE BIENES DE EQUIPO ELÉCTRICOS DE ALTA Y MEDIA TENSIÓN (AFBEL) H ace tan solo tres meses, cuando pensábamos que la COVID-19 era un problema puntual en una región concreta de la lejana China, el sector eléctri- co español estaba inmerso en la transforma- ción digital que una excelente infraestructura eléctrica, como lo es nuestra red de distribu- ción, debía implementar para adaptarse al reto de la progresiva instalación de fuentes de generación renovables y otras nuevas solicitaciones exigentes derivadas de nuevas formas de consumo de electricidad que exi- gen flexibilidad inmediata del sistema. Los cambios regulatorios, la implemen- tación del Plan Nacional Integrado de Energia y Clima (PNIEC), los objetivos de penetración de fuentes renovables (espe- cialmente eólica y fotovoltaica) y la ‘de- mocratización’ del sistema eléctrico con la facilitación del autoconsumo y el empode- ramiento del consumidor se alzaban como los retos a afrontar por parte de la cada vez más inteligente red de distribución. No es necesario indicar el cambio de es- cenario que ha supuesto la COVID 19; lo estamos viendo y sufriendo todos de cerca. Predecir a ciencia cierta, y ni siquiera con un margen de error cercano al 100%, el impacto económico de esta crisis ni su repercusión sobre el empleo es una tarea imposible. Sin embargo, es necesario tra- bajar sobre los escenarios que permitan re- sintonizar las políticas energéticas tanto a nivel nacional como de la Unión Europea. Porque es un deber levantar el descalabro económico y social que se está producien- do sin renunciar, ni mucho menos, a la lu- cha contra el cambio climático. Desde la Comisión y el Parlamento Eu- ropeo se lanzan diariamente mensajes de que el Pacto Verde (Green Deal) y su objeti- vo último de “energía verde para todos los europeos” sigue en vigor. Y desde nuestro gobierno, hace unas pocas semanas, se ha remitido a Bruselas una nueva versión del PNIEC decididamente ambiciosa. Las seña- les son positivas, Europa, y España con ella, entienden que una estrategia de electrifi- cación de la economía sustentada en un mix de generación claramente renovable es el único camino hacia la solución. ¿Qué tal vez el escenario económico nos lleve a revisar los plazos? Sí; pero el objetivo no ha cambiado: para 2050 podemos y debe- mos tener una economía netamente des- carbonizada; y eso significa electrificada. Como ante cualquier crisis, tenemos ex- periencia cercana en la que basarnos, la recuperación económica sólo puede ve- nir con inversiones masivas para proteger y crear empleos cualificados y de calidad; apoyando a todas las regiones de Europa sin excepción, a sus empresas y sectores después de haber sufrido esta inesperada y repentina paralización de la economía. 62 energética XXI · 195 · ABR 20
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