Revista Energética - abril 2020

TRANSMISIÓN Y DISTRIBUCIÓN Llega el momento de empezar a recons- truir. Para ello, será fundamental incen- tivar la inversión en aquellos segmentos que sean capaces de desencadenar nue- vos modelos económicos sin renunciar a los objetivos climáticos ni energéticos. La transición a una economía climáticamen- te neutra debe basarse en la utilización de los recursos renovables, que comportan indefectiblemente un traspaso decidido de toda la economía hacia el único vector energético susceptible de sustentarse úni- camente en fuentes ecológicamente neu- tras: el vector eléctrico. Es en ese punto donde el tejido eléctrico español, operadores de transporte y dis- tribución, proveedores de tecnología de red y toda su cadena de valor y proveedo- res de soluciones y sistemas inteligentes, posee el potencial de generar empleo de calidad y sustentar el crecimiento econó- mico mejorando el mix energético hacia la descarbonización. La buena noticia es que ya tenemos las herramientas básicas necesarias para po- ner manos a la obra: una red eléctrica re- siliente y un sector tecnológico potente. En los últimos 10 años, se han logrado enormes avances en la mayoría de los sec- tores de la transición energética que han desarrollado nuevas tecnologías digitales y cadenas de valor potentes; reduciendo además drásticamente el coste de la tran- sición. Hace 10 años, los vehículos de cero emisiones eran solo un prototipo. Hace 10 años, la energía eólica era tres veces más cara de lo que es hoy, y la energía solar siete veces más. Hace 10 años nuestra red eléctrica de distribución, en su mayor par- te, era pasiva y no inteligente. La voluntad política está aquí. Ya tene- mos los planes y la estrategia. Proyectos como el European Green Deal y los planes nacionales de desarrollo con cero carbono tienen un enorme potencial para recons- truir nuestra economía y contribuir a crear un nuevo modelo de prosperidad. Ahora es el momento de convertir estos planes en acciones e inversiones. Las razones por las que la red de distri- bución debe incrementar su grado de in- teligencia (la red de transporte va varios pasos por delante) son básicamente tres. La primera es que un sistema eléctrico limpio debe estar basado en fuentes de generación renovable; y, queramos o no, las fuentes renovables son intermitentes e imposibles de controlar en cuanto a su intensidad, simultaneidad y disponibilidad. La segunda es que, fruto de esa impre- decibilidad de la fuente renovable, la única forma de balancear y estabilizar el sistema es utilizar sistemas de almacenamiento de cualquier tipo, pero fundamentalmente en forma de baterías embebidas en todos los niveles de tensión de la red. Por últi- mo, la tercera es que los nuevos usos de la electricidad tal y como son el vehículo eléctrico, la climatización inteligente, la domótica o el autoconsumo conectado y reversible, entre otros, son más exigentes que muchos de los consumos convencio- nales porque suponen un estrés extra a la red en lo que se refiere a sus parámetros principales, exigen señales de precio ins- tantáneas e incluso desafían el paradigma del flujo unidireccional convencional de la energía eléctrica. Sabemos cómo hacerlo; de hecho, lleva- mos dos décadas haciéndolo en la red de transporte. Para hacer la red de distribu- ción más inteligente es necesario digitali- zarla. Y tal digitalización debe cubrir toda la cadena, desde la estación transformado- ra de distribución (ETD) hasta el punto de consumo. Las ETDs y los centros de transformación (CT) están siendo progresivamente auto- matizados y dotados de las infraestruc- turas de comunicación, control, monito- rización y autorregulación. Los puntos de consumo ya han sido dotados casi en su totalidad de los contadores electrónicos inteligentes. No podemos decir, ni mucho menos, que nos hayamos quedado atrás en comparación con nuestros vecinos eu- ropeos, no obstante, aún queda mucho por hacer para que la digitalización de la red sea completa y ésta pueda soportar un mix renovable, por un lado y nuevas solici- taciones del consumo por otro. Imaginemos un sistema eléctrico que so- porta la recarga, en minutos o en horas, de millones de vehículos eléctricos a cualquier hora del día que además son susceptibles de revertir a la red la energía almacena- da; recibe y entrega electricidad a diario a centenares de miles de instalaciones de generadores-consumidores de todo rango de potencia; permite que se ofrezcan servi- cios de agregación de esos pequeños miles de generadores; permite la generalización de servicios de gestión de la demanda que atiende a señales instantáneas de precios, tanto para grandes o medianas instala- ciones industriales como para el sector de servicios (grandes superficies, centros comerciales, edificios de oficinas o locales e instalaciones de las administraciones pú- blicas) o incluso para usuarios domésticos con casas ‘domotizadas’. Y todo esto con un mix de generación renovable en su práctica totalidad (fun- damentalmente eólico y fotovoltaico) con soporte de sistemas de almacenamiento (primordialmente de baterías). Sin olvidar en este ejercicio de imaginación que la ca- lidad y continuidad del servicio son sagra- das, el sistema no debe tener interrupcio- nes no programadas y los parámetros de estabilidad de la tensión y la frecuencia no solamente deben ser observados sino, más aún, mejorados. Es difícil de imaginar, pero va a ser una realidad. Y solo podrá ser una realidad si se dispone de una red eléctrica inteligente y digital. Se han llevado a cabo múltiples proyectos piloto en toda Europa, muchos de ellos exitosos, que han demostrado que el estado del arte de la tecnología se encuentra a la altura de la necesidad. Y muchos de los tecnólogos y fabricantes de componentes y sistemas inteligentes que lo han hecho posible son españoles. Es por ello que, si pasamos decididamen- te de los pilotos a los despliegues masivos de la tecnología de red, podemos poner en valor a un sector generador de alto valor añadido y empleo cualificado que puede contribuir significativamente a la indispen- sable recuperación de nuestra economía y tejido productivo. Porque, además, es un sector netamente exportador que compar- te liderazgo internacional con sus homólo- gos de los países tractores de Europa. El futuro ya lo estábamos construyendo. El presente es un escollo importante. Pero seguir construyendo el futuro es parte de la solución 63 energética XXI · 195 · ABR 20

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