Revista Energética. Marzo 2026

Un ejemplo relevante es el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), mediante el cual los consumidores pueden comprometerse a reducir temporalmente su demanda eléctrica cuando el operador del sistema lo solicita para mantener el equilibrio del sistema eléctrico. En los últimos meses este servicio ha incorporado cambios orien‑ tados a ampliar la participación. Entre ellos destaca la apertura a consumidores demenor tamaño mediante agregación, permitiendo que instalaciones a partir de 100 kW puedan participar conjuntamente hasta alcanzar la potencia mínima de 1 MW exigida para ofertar el servicio. Además, se han introducido otros ajustes operativos relevantes, como la dismi‑ nución de la duración máxima de activación de tres a dos horas, lo que facilita su integra‑ ción en la operativa de muchas instalaciones comerciales e industriales. La subasta celebrada a finales de 2025 para el primer semestre de 2026 adjudicó 1.725 MW de capacidad, con una retribución de disponibilidad que se sitúa en torno a 150.000 €/MW para el semestre. Para muchas insta‑ laciones C&I, el almacenamiento energético detrás del contador permite aprovechar esta oportunidad combinando distintas fuentes de valor: optimización del autoconsumo, gestión de la demanda y participación en ser‑ vicios del sistema. Y, al tratarse ahora de con‑ vocatorias semestrales, cada nueva subasta abre una nueva oportunidad para que más recursos energéticos distribuidos participen en estos mecanismos. Si quieres participar en la próxima subasta y no sabes cómo, desde ASEALEN pueden indicarte qué socios pue‑ den ayudarte. La evolución del sistema eléctrico también plantea nuevos requisitos técnicos para las instalaciones de almacenamiento. A medida que la penetración de energías renovables aumenta, los equipos deberán ser capaces de ofrecer más funcionalidades y contribuir acti‑ vamente a la estabilidad de la red. Entre estas capacidades destacan funciones avanzadas de control de potencia, soporte de red o res‑ puesta rápida ante variaciones de frecuencia y tensión. En un futuro próximo, tecnologías como el grid forming permitirán que deter‑ minadas instalaciones contribuyan de forma aún más activa a la estabilidad del sistema eléctrico. Preparar las instalaciones para estas funcionalidades desde el diseño inicial permi‑ tirámaximizar su valor a lo largo de su vida útil y facilitar su integración en los sistemas ener‑ géticos del futuro. Incluso las instalaciones más pequeñas deberán avanzar en esta direc‑ ción, tal y como apuntan los últimos cambios regulatorios en marcha. Finalmente, en lo que se refiere a almacena‑ miento C&I con baterías detrás del contador, hay una fortaleza que rara vez se destaca y que resulta crucial para el momento en el que se encuentra nuestro sistema eléctrico: su rapi‑ dez de despliegue. A diferencia de los equipos conectados delante del contador, las baterías BTMpueden instalarse en plazos relativamen‑ te cortos y con una elevadamodularidad. Esto permite adaptar las soluciones a las necesida‑ des específicas de cada instalación y ampliar su capacidad a medida que evolucionan los requerimientos energéticos y los servicios del sistema. No en balde, hoy en día hay más ba‑ terías instaladas detrás del contador que de‑ lante del contador en España. Además, el almacenamiento aporta un valor adicional en términos de resiliencia energé‑ tica. Las instalaciones equipadas con siste‑ mas de almacenamiento adecuadamente diseñados pueden mantener operaciones críticas ante interrupciones del suministro eléctrico o gestionar mejor situaciones de emergencia. Esta capacidad de respaldo se está convirtiendo en un factor cada vez más relevante para numerosos sectores econó‑ micos, especialmente en aquellos donde el acceso a capacidad de conexión a la red con‑ diciona el desarrollo económico e industrial. El almacenamiento contribuye a optimizar el uso de la infraestructura eléctrica existente, gestionando de forma más eficiente los flujos de energía y reduciendo picos de demanda o de generación. En este contexto, las iniciativas regulatorias que exploran modelos de acceso flexible, ac‑ tualmente en consulta, abren nuevas posibi‑ lidades para mejorar la utilización de la red eléctrica. En este marco, las baterías y otros sistemas de almacenamiento energético fa‑ cilitan y maximizan la gestión dinámica de la conexión, permitiendo aprovechar mejor la capacidad disponible de la red. Para los con‑ sumidores C&I, estas herramientas represen‑ tan una oportunidad para integrar nuevas soluciones energéticas y optimizar el uso de sus conexiones existentes. Entre esos otros sistemas de almacena‑ miento indicados, destacan las soluciones de almacenamiento térmico incorporadas en la electrificación de procesos térmicos. Así, se aprovecha mejor la energía renova‑ ble disponible y se reduce el uso de com‑ bustibles fósiles en aplicaciones térmicas. Además, el almacenamiento térmico puede facilitar el desarrollo de nuevas instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo al permitir trasladar parte de la energía eléctrica gene‑ rada hacia aplicaciones térmicas. Las iniciativas europeas orientadas a im‑ pulsar el calor renovable, como la convoca‑ toria FEDER o la IF25 Heat Auction —primera subasta europea para descarbonización del calor industrial— reflejan el creciente interés por este tipo de soluciones. Esta convocato‑ ria, cerrada recientemente, cuenta con un presupuesto de 1.000 M€ para sustitución de calor fósil por soluciones electrificadas o renovables en las que se premia contar con flexibilidad y sistemas de almacenamiento. Además, el mecanismo se ha visto comple‑ mentado por España, que aporta 50 M€ adi‑ cionales destinados a apoyar proyectos ubi‑ cados en el país, con 30 M€ para proyectos de calor de temperatura media (100-400 °C) de 3 a 5 MW térmicos y 20 M€ para proyectos de más de 5 MW térmicos. Y lo más importante: el valor del almacena‑ miento energético no depende únicamente del equipo instalado. Su rendimiento y uti‑ lidad dependen en gran medida de cómo se opera y se integra dentro de la estrategia energética de cada instalación. La gestión in‑ teligente de las baterías, la toma de decisio‑ nes operativas y la integración con sistemas de gestión energética permiten optimizar su funcionamiento y maximizar los beneficios obtenidos. Asimismo, el servicio posventa, el mantenimiento y la actualización de softwa‑ re desempeñan un papel importante para garantizar el rendimiento de las instalacio‑ nes a lo largo del tiempo. Si todo lo anterior demuestra la importan‑ cia creciente del almacenamiento energéti‑ co en el sistema eléctrico, hay lugares donde su valor resulta aún más evidente y nece‑ sario: los sistemas insulares y los territorios aislados. Para consumidores comerciales e industriales ubicados en estos territorios, las soluciones de almacenamiento pueden ofre‑ cer un respaldo adicional ante incidencias en el suministro eléctrico. Por todo ello, si el almacenamiento energético es ya una pieza clave en la transición energética en cualquier lugar, en los sistemas insulares se convierte, aún más claramente, en una herramienta esencial para garantizar seguridad energéti‑ ca, resiliencia y desarrollo económico ◉ autoconsumo con almacenamiento C&I 37 ENERGÉTICA XXI · 254 · MAR 26

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