Revista Energética. Abril 2026
Biogás más seguro y eficiente con la utilización de química seleccionada en el digestor El sulfuro de hidrógeno (H₂S) es uno de los desafíos más críticos en la digestión anaerobia. Se forma de manera natural cuando se degradan compuestos que contienen azufre en un entorno anaerobio e, incluso a concentraciones relativamente bajas, puede tener graves impactos en el rendimiento de la planta de producción de biogás. Los niveles altos de H₂S son tóxicos para los microorganismos metanogénicos, lo que reduce la producción de gas. Para los operadores, el H₂S representa un serio riesgo para la salud y la seguridad debido a su olor y toxicidad en caso de fugas y provoca, además, una rápida corrosión de motores, compresores, tanques de almacenamiento de gas y tuberías. SÍLVIA SALVADOR TENA SR SALES REPRESENTATIVE KEMIRA IBÉRICA M uchas plantas gestionan el H₂S en etapas posteriores, en el gas bruto, mediante la utilización de biofiltros, carbón activado, depuradores (scrubbers) u otras tecnologías. Si bien esto puede proteger los motores y la cali- dad del gas, no evita los impactos negati- vos que causan los niveles elevados de H₂S en etapas anteriores del proceso. Esperar a tratar el gas en sus últimas fa- ses, puede incidir en la actividad micro- biana inhibiendo parte de su acción, por lo que la producción de biogás puede ser inferior a la esperada, aumentando de este modo los costes operativos de la planta. Por tanto, eliminar el H₂S solo después de la digestión significa “tratar los síntomas, pero no la causa”. Una estrategia más eficaz es controlar el H₂S directamente en el digestor. Este con- trol se puede realizar mediante la dosifi- cación de aditivos a base de hierro en el proceso de fermentación, de este modo, el H₂S precipita como sulfuro de hierro esta- ble antes de entrar en la fase gas. Este con- trol en el digestor aporta varios beneficios: • Operación más segura: eliminación de picos elevados de H 2 S, lo cual provoca una estabilidad en el proceso y evita problemas relacionados con su toxici- dad y su olor. Una reducción sostenida del H₂S desde el origen se traduce en menor corrosión y, por tanto, en me- nos paradas no planificadas, menor consumo de consumibles de depura- ción y una operación más predecible de motores y sistemas de upgrading. • Mejor entorno para el desarrollo bio- lógico: los microorganismos metano- génicos prosperan en un entorno más estable y menos tóxico, lo que permite mayores tasas de carga y mayores ren- dimientos de gas que se traduce en una mejora de los costes operativos. • Menores costes: la dosificación quími- ca en el digestor es significativamente más rentable que los tratamientos pos- teriores del gas bruto. • Protección de la planta: al prevenir la corrosión en su origen se prolonga la vida útil de los equipos. • Mayor disponibilidad de micronutrien- tes: al reducir los sulfuros en el reactor se incrementa de manera sustancial la biodisponibilidad de los micronutrien- tes ya que dejan de estar “secuestra- dos” por los sulfuros mediante la for- mación de complejos. En la práctica, la dosificación de sales férricas (con la incorporación de micro- nutrientes seleccionados) no solo reduce el H₂S en la fase gas, sino que también amortigua variaciones repentinas de carga de azufre, ayudando a mantener la estabi- lidad del proceso. El hierro reacciona con los sulfuros disueltos formando precipita- dos poco solubles (FeS/FeS₂), lo que dis- minuye la fracción de sulfuro disponible para convertirse en H₂S y reduce el riesgo de liberaciones puntuales. Como efecto adicional, la disminución del sulfuro libre puede mejorar la biodisponibilidad de ciertos oligoelementos al minimizarse la formación de complejos como sulfuros metálicos, favoreciendo una actividad en- zimática más constante, ya que muchas plantas también tienen dificultades, pre- cisamente, por la falta de elementos traza esenciales. Los micronutrientes como el níquel, el cobalto y el selenio son componentes fun- damentales de las enzimas que impulsan la vía metanogénica. Cuando faltan estos elementos traza, como ocurre a menudo en sustratos como los residuos domés- ticos o algunos residuos de la industria alimentaria, la comunidad microbiana se estresa: se acumulan los ácidos grasos vo- látiles (AGV), baja el pH y disminuye el ren- dimiento en la producción de metano. La suplementación externa del digestor con el equilibrio adecuado de elementos traza restablece la actividad microbiana, mejo- ra el rendimiento, mejora la estabilidad y permite a los operadores aumentar con se- guridad las tasas de carga orgánica (TCO). Para maximizar estos beneficios, es reco- mendable implementar un control rutina- rio que combine mediciones en el digestor y en el biogás: H₂S (en gas y/o en fase líqui- da), AGV, alcalinidad, pH, amonio y caudal de biogás. Con esta base, la estrategia de dosifica- ción puede ajustarse a objetivos claros (por ejemplo, mantener el H₂S por debajo de un umbral operativo y evitar incremen- tos de AGV), evitando tanto la infradosifica- ción, que puede comprometer la actividad microbiana, como la sobredosificación que incrementa costes y puede alterar el balance iónico. Una puesta en marcha gra- dual, con incrementos escalonados y ve- rificación analítica, suele ofrecer el mejor compromiso entre seguridad, rendimiento y coste total. BIOENERGÍA 86 ENERGÉTICA XXI · 255 · ABR 26
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