Revista Energética. Mayo 2026
EN EL SECTOR INDUSTRIAL tecnológica, la optimización de un proceso o una mejora operativa. Pero el CAE no sur- ge de manera automática. Es el resultado de un proceso estructurado que exige cumplir determinadas condiciones técnicas y docu- mentales, preparar un expediente conforme a la ficha ometodología aplicable, someterlo a una verificación independiente y solicitar su reconocimiento ante el organismo com- petente a través de los agentes habilitados para ello. El error frecuente consiste en pensar que el CAE es una consecuencia directa del aho- rro, cuando en realidad es la consecuencia de haber gestionado correctamente todo el proceso que permite acreditar ese ahorro. Esta diferencia es fundamental para enten- der por qué muchos ahorros reales nunca llegan a convertirse en certificados. No basta con que una actuación sea eficiente: debe poder demostrarse de forma robusta, traza- ble y verificable. Las barreras que impiden activar el sistema El análisis de proyectos reales permite iden- tificar una serie de barreras recurrentes que dificultan la activación del sistema CAE. La primera es el desconocimiento del sistema y de su valor económico, que hace que el CAE no se tenga en cuenta en la toma de decisiones inicial. También es habitual en- contrar proyectos no diseñados para cer- tificar, en los que no se han definido ade- cuadamente las líneas base, las variables de ajuste o los puntos de medida. A ello se suman datos incompletos o no auditables, documentación dispersa o inexistente y una expectativa muy extendida: intentar “certificar al final” una actuación que no se ha planteado desde el principio con una vi- sión de certificación. Frente a estas barreras, la solución no pasa por aumentar la complejidad del sistema, sino por cambiar el enfoque con el que se abordan las actuaciones de eficiencia ener- gética. La clave está en incorporar desde fa- ses tempranas aspectos como la medición, la trazabilidad del dato, la coherencia do- cumental y la alineación con los criterios de verificación. No se trata de añadir una carga administrativa innecesaria, sino de ordenar el proceso para evitar reprocesos, rechazos y pérdidas de valor. Cuando el ahorro existe, pero el certificado no llega Un ejemplo representativo puede encon- trarse en una planta industrial que lleva a cabo una sustitución integral de ilumina- ción con resultados energéticos positivos. El ahorro existe, es real y puede ser medible. Sin embargo, si la actuación no se ha plan- teado teniendo en cuenta los requisitos de la ficha estándar aplicable, pueden aparecer dificultades relevantes: falta de documen- tación sobre la instalación inicial, ausencia de determinados parámetros de medición, evidencias incompletas de la ejecución o una trazabilidad insuficiente del proyecto. En esos casos, el problema no es técnico en sentido estricto, sino metodológico. La intervención posterior suele consis- tir en revisar los requisitos aplicables, es- tructurar correctamente el expediente, recopilar evidencias válidas y acompañar el proceso de verificación. Cuando esto se consigue, el ahorro puede llegar finalmen- te a convertirse en un CAE emitido. Pero la lección es clara: el mayor coste no siempre está en la actuación de eficiencia energéti- ca, sino en el tiempo perdido por no haber planteado el proyecto correctamente desde el inicio. Este tipo de situaciones se repite con frecuencia y demuestra la importancia de incorporar el enfoque CAE en la planifi- cación de las actuaciones. Qué necesita el mercado para pasar a la acción El mercado necesita ahora avanzar en esa di- rección. El sistema CAE ya dispone de los ele- mentos necesarios para funcionar a escala; el reto actual no es únicamente regulatorio, sino cultural y operativo. Hace falta mayor conocimiento, acompañamiento técnico y ejemplos claros de cómo estructurar proyec- tos para que los ahorros puedan acreditarse con garantías. También es necesario que las empresas comprendan el papel de cada agente dentro del sistema y que integren esta posibilidad en sus decisiones de inver- sión energética. Pasar del desconocimiento a la acción implica entender que el CAE no es un aña- dido posterior, sino una parte integrante de la estrategia de eficiencia energética. Cuan- do se aborda de este modo, el sistema deja de percibirse como complejo o lejano y se convierte en una oportunidad tangible para empresas y organizaciones. Permite valorar mejor las inversiones, anticipar requisitos documentales y evitar que ahorros reales queden fuera del sistema por falta de traza- bilidad o preparación. Desde la experiencia como Sujeto Dele- gado, la conclusión es que el sistema CAE es técnicamente sólido, pero su aprovecha- miento depende de que el mercado aprenda a utilizarlo correctamente. El siguiente paso es integrarlo en la toma de decisiones y en la planificación de las actuaciones de eficien- cia energética. Solo así se conseguirá que el ahorro energético existente se traduzca en certificados, inversión y valor real para la transición energética ◉ Fuente: MITECO . Fuente: MITECO. descarbonización y cae 91 ENERGÉTICA XXI · 256 · MAY 26
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