Energética 249. Septiembre 2025

mos regulando con esquemas antiguos un mix que ha cambiado de forma radical. El gran apagón del pasado 28 de abril lo puso en evidencia. De inmediato se intentó culpar a las renovables, concretamente a la fotovoltaica, pero los datos desmienten esa versión. Ese día, la solar estaba generando más de la mitad de la electricidad del país, lo cual ha sido habitual sin que hubiera proble- mas en la red. Y fue la hidráulica, una energía renovable gestionable, la que permitió res- taurar el suministro y devolver la estabilidad al sistema. El problema no es que la fotovol- taica haya crecido demasiado, dado que, a un ritmo de instalación alto, sigue lejos de las metas, sino que el resto de palancas de la transición no han avanzado al mismo ritmo. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima establece que el despliegue renovable debe ir acompañado por almacenamiento, electrificación de la demanda y flexibilidad en el consumo. Sin embargo, en estos ámbi- tos los avances han sido aún muy limitados. España ha instalado en tres años más de 24.000 megavatios de nueva potencia solar fotovoltaica (conectada a red y autoconsu- mo), pero apenas 25 megavatios de baterías. En la práctica, menos del 0,1%de la potencia solar cuenta con respaldo. Mientras tanto, el bombeo hidráulico, la tecnología más ma- dura y eficiente para almacenar electricidad a gran escala, continúa sin una estrategia na- cional definida ni mecanismos que permitan desarrollar su enorme potencial. La consecuencia es un mercado eléctrico que en 2024 registró un 9% de horas con precios cero o incluso negativos. Este fe- nómeno, la forma más grave de la llamada “curva de pato”, no es síntoma de un exceso de renovables y de fotovoltaica, sino de una carencia de demanda, almacenamiento y flexibilidad. Las horas solares concentran una generación tan abundante que el precio se desploma, pero al caer el sol, sin respaldo suficiente, el coste puede multiplicarse por diez. Es un desequilibrio que compromete la rentabilidad de los proyectos, pero sobre todo que resta eficiencia a todo el sistema. Electrificación: la gran asignatura pendiente El otro gran reto es la falta de electrificación de la demanda. En España, la electricidad apenas representa el 25% del consumo energético final. Esto significa que, aunque el sistema eléctrico se acerca al 60% de ge- neración renovable, en el cómputo global de energía, al sumar biocarburantes y renova- bles térmicas, el porcentaje de renovables se queda en torno al 20%. El transporte, la cli- matización y gran parte de la industria con- tinúan anclados en los combustibles fósiles, lo que limita el alcance de la transición. El estudio “El Momento de la Electrifica- ción”, elaborado por NTT Data para APPA Renovables, demuestra con datos que elec- trificar es rentable. Una familia media que sustituya la caldera de gas por una bomba de calor, un coche convencional por un ve- hículo eléctrico y añada autoconsumo en su vivienda puede ahorrar más de 1.400 euros al año en energía. A escala industrial, los pro- cesos electrificados son entre un 51% y un 61% más económicos que sus equivalentes fósiles, con retornos de inversión de apenas cuatro años. La electrificación no es sólo un imperativo ambiental, es también una estra- tegia de competitividad económica. La expansión del vehículo eléctrico lo confirma. España terminó 2024 con unas 600.000 unidades en circulación y, aunque estamos muy lejos del objetivo del PNIEC de alcanzar 5,5 millones en 2030, la tendencia es positiva. Cada coche eléctrico sustituye a uno de combustión y, dado que el 77% de nuestra electricidad ya está descarbonizada si sumamos renovables y nuclear, cada sus- titución equivale a una reducción inmediata de emisiones. Es un cambio con impacto directo tanto en la calidad del aire urbano como en nuestra factura de importaciones fósiles, especialmente alto por una política energética que no ha impulsado los biocar- burantes hasta alcanzar su potencial. Pero este proceso de electrificación no avanza al ritmo necesario. Mientras la gene- ración renovable crece a velocidad récord, la demanda no acompaña. El resultado es un desequilibrio que genera precios extremos y que, en última instancia, limita el aprove- chamiento de unas renovables que podrían ir mucho más allá en su contribución al país. España y Europa: un espejo comparativo El contexto europeo refuerza esta reflexión. España cerró 2024 con un 56,8% de gene- ración eléctrica renovable, una cifra que se eleva hasta el 76,8% si incluimos nuclear. Esto permitió que las emisiones del sector eléctri- co descendieran a 27 millones de toneladas de CO 2 , el nivel más bajo de la historia. Pero en paralelo, las interconexiones con el resto del continente siguen estancadas en niveles muy inferiores al 15% recomendado por Bruselas, lo que nos convierte en una isla energética. Mientras tanto, otros países han tomado la delantera en almacenamiento. Reino Unido e Italia suman gigavatios en baterías a gran escala y España apenas contabiliza decenas de megavatios. Las previsiones de Solar- Power Europe apuntan a que la capacidad de almacenamiento en Europa semultiplica- rá por seis entre 2025 y 2029, hasta alcanzar los 400 gigavatios hora. Si España no acelera, corre el riesgo de quedar rezagada en una de las tecnologías clave para la transición. La lección es clara: la fotovoltaica no es el problema, es la gran oportunidad. El verda- dero riesgo es no acompañarla con regula- ción, almacenamiento y electrificación. Regular la transición con visión de futuro La transición energética española ha demos- trado que puede liderar el despliegue renova- ble. En pocos años hemos pasado de discutir si la fotovoltaica era viable a convertirla en la tecnología con mayor potencia instalada del mix. Hemos reducido los costes hasta niveles que parecían imposibles y hemos demostra- do que las renovables pueden sostener un sistema eléctrico moderno y fiable. Pero todo este esfuerzo puede verse limitado si segui- mos gestionando el siglo XXI con normas del siglo XX. El rechazo al decreto antiapagones debe interpretarse como una llamada de aten- ción. No podemos seguir aplazando una reforma normativa que adapte nuestro siste- ma a la nueva realidad. España necesita un marco regulatorio que incentive el almace- namiento, que promueva la electrificación de los consumos fósiles y que simplifique de una vez la gestión de excedentes en auto- consumo. Necesitamos modernizar la plani- ficación de redes, agilizar los trámites y dotar de estabilidad a las inversiones. El futuro de nuestro sistema energético no está en discusión: será renovable, será dis- tribuido y será participativo. La pregunta es si queremos liderar ese futuro o limitarnos a gestionarlo con reglas obsoletas. La fotovol- taica ha demostrado que puede ser el motor del cambio. Lo que necesitamos ahora es una regulación que esté a la altura del reto. Si lo conseguimos, España no solo cumplirá sus objetivos climáticos, sino que se conver- tirá en un referente mundial de competitivi- dad y sostenibilidad ◉. solar fotovoltaica 39 ENERGÉTICA XXI · 249 · SEP 25

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