Bombas de calor en las cabinas de pintura: la nueva vía de descarbonización de la automoción

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La industria automotriz impulsa la eficiencia energética reemplazando quemadores de gas por bombas de calor en cabinas de pintura, financiado gracias a certificados de ahorro energético que aceleran la inversión.

La descarbonización de los procesos productivos de las industrias ha dejado de ser una cuestión medioambiental para pasar a ser una cuestión central en la competitividad empresarial, especialmente para la industria europea, sujeta a estrictos objetivos de reducción de emisiones y oscilantes precios de la energía, con su consecuente impacto en el precio de los derechos de emisión.

La eficiencia energética se convierte en el elemento central de la competitividad, ya que cumple un doble objetivo: descarbonizar (no hay energía más limpia que la que no se consume) y mitigar los riesgos vinculados al precio de la energía.

En este contexto, mecanismos como el Sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAEs) en España se constituyen como un instrumento fundamental para incentivar la inversión en eficiencia energética y dotar al tejido empresarial de herramientas para ser cada vez más competitivos mientras avanzan hacia el net zero en 2050.

Este sistema, regulado por el Real Decreto 36/2023, obliga a las empresas comercializadoras de energía a alcanzar objetivos anuales de ahorro energético, ya sea mediante actuaciones propias o adquiriendo certificados generados por terceros que hayan ejecutado proyectos de eficiencia. Para la industria, esto se traduce en una vía de financiación adicional: cada proyecto que reduzca el consumo energético de una planta puede generar CAEs que se venden en el mercado, mejorando el retorno de la inversión y acelerando la amortización de tecnologías que tardarían más años en resultar rentables.

Un ejemplo de ello es el esfuerzo que está haciendo la industria de la automoción para electrificar la demanda térmica de sus procesos. Uno de los frentes donde esta industria está avanzando en su hoja de ruta de descarbonización es la climatización de sus procesos productivos, y en particular la de las cabinas de pintura. En estas instalaciones, el aire debe mantenerse a una temperatura y humedad precisas durante las fases de imprimación, pintura y secado de las carrocerías, un requisito indispensable para garantizar la calidad del acabado. Tradicionalmente, ese acondicionamiento térmico se ha resuelto mediante quemadores de gas natural integrados en las unidades de climatización de las naves.

No se trata de un reto menor. Las cabinas de pintura figuran entre los puntos de mayor consumo energético de una planta de fabricación de vehículos, ya que el proceso de climatización debe funcionar de forma continua durante toda la producción, y cualquier variación de temperatura fuera de márgenes estrechos puede comprometer la calidad del acabado y generar reprocesos costosos. Esto ha hecho que el gas natural fuera la opción por defecto: ofrecía una respuesta térmica rápida y un coste bajo, en un contexto donde el precio de la energía eléctrica y el del gas no reflejaban de forma directa el coste de las emisiones asociadas.

Cada vez más fabricantes están sustituyendo estos quemadores de gas por bombas de calor. Esta tecnología, basada en aerotermia industrial, permite generar el calor necesario para el proceso sin recurrir a la combustión de gas, con rendimientos energéticos superiores: mientras una caldera de gas convencional ronda el 90% de eficiencia, una bomba de calor puede alcanzar rendimientos estacionales superiores, lo que se traduce en menor consumo energético y una reducción de las emisiones asociadas a la planta.

La transición no está exenta de dificultades. La sustitución de quemadores de gas por bombas de calor exige reforzar la infraestructura eléctrica de la planta para asumir una demanda de potencia mayor, además de una inversión inicial más elevada que la de mantener los equipos de gas existentes. Sin embargo, el retorno de esa inversión se ve acelerado por mecanismos como los CAEs y por la evolución al alza del precio de los derechos de emisión.

Se trata de un movimiento que resume hacia dónde apunta la descarbonización industrial en el sector de la fabricación de vehículos: electrificar procesos que hasta ahora dependían de combustibles fósiles, apoyándose en tecnologías maduras y con recorrido de eficiencia demostrado en otros ámbitos, como la edificación.

Artículo escrito por:
Jorge García Martín Division Manager en Global Factor