Data Centers: cómo diseñar sistemas HVAC preparados para operar 24/7

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El crecimiento de la inteligencia artificial, la computación de alto rendimiento y los servicios cloud está elevando las exigencias térmicas de los centros de datos. Garantizar su disponibilidad requiere sistemas HVAC capaces de combinar redundancia, eficiencia energética, escalabilidad, monitorización y capacidad de respuesta ante condiciones de funcionamiento cada vez más exigentes.

Una operación bancaria, una consulta médica, una compra online o el funcionamiento de una red de telecomunicaciones dependen de infraestructuras digitales que deben permanecer disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año.

Esta exigencia cambia por completo la función de la climatización en un centro de datos. El objetivo del sistema HVAC no es proporcionar confort a los ocupantes, sino mantener unas condiciones térmicas estables y predecibles para que los equipos tecnológicos puedan trabajar dentro de sus rangos de operación y la instalación conserve su disponibilidad.

Prácticamente toda la energía eléctrica consumida por los equipos informáticos termina transformándose en calor. Cuanto mayor es la capacidad de procesamiento, mayor es, por tanto, la carga térmica que debe gestionar el sistema de refrigeración.

El crecimiento de la inteligencia artificial (IA), la computación de alto rendimiento (HPC) y los servicios cloud está llevando esta relación a un nuevo nivel. Los servidores equipados con GPU de altas prestaciones concentran una elevada capacidad de cálculo en espacios reducidos y generan cargas térmicas que obligan a replantear las arquitecturas tradicionales de refrigeración.

Operar 24/7 implica mantener las condiciones necesarias para el funcionamiento de la infraestructura incluso cuando cambia la carga térmica, se produce una incidencia, aumentan las temperaturas exteriores o es necesario realizar una intervención de mantenimiento.

Por ello, la disponibilidad comienza en la fase de diseño. La arquitectura HVAC debe estar concebida para reducir los puntos únicos de fallo y mantener capacidad suficiente ante posibles incidencias.

La redundancia constituye uno de los principales recursos para conseguirlo. Configuraciones N+1 o 2N permiten disponer de capacidad adicional cuando uno de los elementos queda fuera de servicio. Dependiendo del nivel de disponibilidad requerido, esta filosofía puede trasladarse a enfriadoras, bombas, ventiladores, circuitos hidráulicos, alimentación eléctrica y otros componentes críticos.

La elección de los equipos debe responder así a una cuestión esencial: ¿qué sucede con la instalación si uno de ellos deja de funcionar? La respuesta condicionará buena parte de su resiliencia.

El aumento de la densidad de potencia introduce otro reto. El aire continúa desempeñando un papel relevante en numerosas instalaciones, pero a medida que aumentan las cargas térmicas adquieren mayor protagonismo las arquitecturas híbridas y, en aplicaciones de muy alta densidad, las soluciones de refrigeración líquida.

El sistema HVAC debe plantearse, por tanto, pensando tanto en las necesidades presentes como en la evolución futura del centro de datos.

La escalabilidad resulta especialmente importante. Una infraestructura correctamente diseñada debe permitir aumentar capacidad, incorporar nuevas tecnologías de procesamiento y responder a cambios en la configuración de la instalación sin comprometer su disponibilidad.

Eficiencia energética: aprovechar cada kilovatio disponible

La continuidad operativa debe convivir con otra prioridad: controlar el consumo energético. Un centro de datos necesita grandes cantidades de electricidad para alimentar los sistemas informáticos y sus infraestructuras auxiliares, entre ellas la refrigeración.

Indicadores como el PUE (Power Usage Effectiveness) permiten analizar el rendimiento energético global de la instalación y valorar cuánto consumo corresponde a la infraestructura auxiliar frente al destinado directamente a los equipos informáticos.

Pero la eficiencia del HVAC no afecta únicamente al coste de explotación. Reducir su consumo puede liberar potencia eléctrica para destinarla a carga informática, aumentando la capacidad efectiva del centro de datos sin necesidad de ampliar inmediatamente su infraestructura energética.

Esta cuestión cobra especial relevancia cuando la disponibilidad de potencia eléctrica constituye uno de los condicionantes para el desarrollo de nuevas instalaciones. El reto consiste en aprovechar al máximo cada megavatio disponible manteniendo los niveles de disponibilidad requeridos.

El comportamiento del sistema HVAC debe mantenerse ante un amplio rango de condiciones exteriores. Las temperaturas elevadas pueden incrementar las exigencias sobre la refrigeración precisamente cuando la instalación necesita mantener su capacidad.

Por ello, además de la eficiencia nominal, deben valorarse aspectos como el rango operativo y la capacidad de recuperación tras una incidencia.

En la enfriadora AquaForce 30XF, por ejemplo, el mapa operativo alcanza los 55 °C de temperatura exterior y la recuperación de capacidad se sitúa entre 60 y 120 segundos. Su tecnología FreeBoost permite optimizar la eficiencia tanto en condiciones de free cooling como durante el funcionamiento con refrigeración mecánica y, según la documentación de Carrier, puede mejorar hasta un 25% la eficiencia estacional en aplicaciones de centros de datos.

Más allá del equipo concreto, estas prestaciones muestran la importancia de evaluar cómo responderá la refrigeración ante escenarios alejados de las condiciones nominales de diseño.

La resiliencia tampoco depende exclusivamente de los componentes físicos. En una infraestructura crítica, conocer qué está ocurriendo en cada momento permite detectar desviaciones antes de que afecten a la operación.

La sensorización y las plataformas de supervisión permiten controlar temperaturas, presiones, consumos, vibraciones o rendimiento de los compresores. El análisis de estos datos facilita la identificación de comportamientos anómalos y permite planificar las intervenciones con mayor precisión.

Es la evolución desde un mantenimiento fundamentalmente reactivo o preventivo hacia estrategias predictivas, capaces de anticipar posibles incidencias y reducir el riesgo de paradas imprevistas.

La digitalización permite, además, pasar de la supervisión individual de los equipos a una visión global de la instalación. Los sistemas DCIM y las plataformas de automatización pueden integrar información procedente de diferentes elementos para analizar el comportamiento conjunto y optimizar su funcionamiento.

 

El mantenimiento también forma parte de la disponibilidad

En un centro de datos, el mantenimiento debe responder al mismo nivel de criticidad que el diseño de la instalación. Además de las revisiones preventivas y la monitorización continua, resulta necesario disponer de técnicos especializados, procedimientos definidos y disponibilidad de repuestos.

La propia planificación de las intervenciones debe contemplar la continuidad operativa. El mantenimiento de un equipo o circuito debería poder realizarse conservando la capacidad necesaria para que la infraestructura continúe funcionando. De nuevo, la redundancia permite intervenir sobre un elemento mientras otros mantienen las condiciones requeridas.

Diseño, tecnología, supervisión y mantenimiento forman así parte de una misma estrategia de continuidad.

 

Una visión de ciclo de vida

La evolución de los centros de datos está llevando también a analizar el HVAC desde una perspectiva más amplia. El consumo energético influye en los costes de explotación; la fiabilidad, en el riesgo de interrupción; la facilidad de mantenimiento, en los tiempos de intervención; y la escalabilidad, en la capacidad futura de crecimiento.

Por ello, el criterio de selección debe considerar el Coste Total de Propiedad (TCO) y el comportamiento de la instalación durante todo su ciclo de vida.

Esta perspectiva resulta igualmente relevante en proyectos de modernización. A medida que los centros existentes necesitan responder a nuevas cargas térmicas, las soluciones que facilitan el retrofit permiten actualizar la capacidad de refrigeración aprovechando parte de la infraestructura disponible.

La inteligencia artificial seguirá elevando la capacidad de procesamiento y la densidad térmica de los centros de datos. Las arquitecturas híbridas y la refrigeración líquida tendrán un peso creciente en determinadas aplicaciones, mientras que la digitalización permitirá conocer con mayor precisión el comportamiento de las instalaciones y anticipar posibles incidencias.

En este escenario, el HVAC debe entenderse como una infraestructura crítica dentro de otra infraestructura crítica.

Garantizar la operación 24/7 requiere mucho más que capacidad frigorífica: exige una arquitectura robusta, redundante y escalable; equipos eficientes capaces de responder ante diferentes escenarios; sistemas de supervisión que permitan anticipar desviaciones; y una estrategia de mantenimiento especializada.

Porque, en un centro de datos, mantener la temperatura bajo control significa también proteger la continuidad de los servicios digitales que dependen de esa infraestructura. 

Artículo escrito por:
Carrier