Diseño y construcción
El contexto actual está marcado por una carrera por llegar primero, donde los primeros data center en implantarse suelen resultar aventajados en su comercialización gracias a desarrollos hiperescala, con potencias que superan fácilmente los 120 MW IT. Esta presión por reducir el time-to-market favorece la adopción de arquitecturas modulares que permitan iniciar la construcción y la operación cuanto antes.
El desarrollo por fases introduce un reto crítico: conseguir que cada etapa mantenga los mismos estándares de disponibilidad, redundancia y eficiencia que el conjunto final. Esto exige coordinar el crecimiento de edificios, sistemas eléctricos y generación energética para que cada fase opere de forma autónoma, pero integrada en una visión global.
A esta complejidad se suman los largos plazos de suministro de equipos críticos, derivados de la alta demanda global. Para garantizar el calendario de puesta en marcha y la coherencia del desarrollo modular, resulta clave tomar decisiones de ingeniería desde fases tempranas, asegurar ventanas de fabricación con proveedores estratégicos y, en ocasiones, prever soluciones provisionales para las primeras fases operativas.
Alcanzar los niveles de disponibilidad propios del sector (99,999%) de forma costo-eficiente exige seleccionar combinaciones óptimas de vectores energéticos -gas, electricidad, hidrógeno- y tecnologías de generación y almacenamiento -turbinas, motores, pilas de combustible, renovables y baterías- sin sobredimensionar, así como planificar los mantenimientos de los equipos sin impacto en la operación.
En este contexto, la ingeniería avanzada de modelización y simulación permite definir arquitecturas modulares robustas, dimensionar adecuadamente los activos energéticos y establecer estrategias de operación óptimas. Combinada con el uso de estándares y certificaciones reconocidas, como TIER, LEED, BREEAM o CEEDA, esta aproximación facilita el desarrollo de infraestructuras críticas altamente disponibles, eficientes y preparadas para evolucionar de forma ordenada a lo largo de su ciclo de vida.
Acceso a red
Los data center hiperescala requieren una operación continua 24/7 con potencias muy elevadas, mientras que el desarrollo de las infraestructuras de red avanza a un ritmo sensiblemente inferior al crecimiento de esta demanda. La limitada capacidad disponible y los prolongados plazos administrativos se han convertido en uno de los principales cuellos de botella para nuevos proyectos, condicionando el diseño desde fases tempranas.
En escenarios off‑grid, donde no existe acceso a la red, es necesario diseñar sistemas energéticos propios capaces de cubrir la totalidad de la demanda, combinando generación térmica, renovables, almacenamiento y soluciones de estabilización para garantizar seguridad de suministro y disponibilidad.
En otros casos, la conexión está condicionada por infraestructuras débiles o limitadas, donde el acceso solo es posible bajo restricciones de potencia interrumpible o gestionable por el operador de red, o a cambio de poner a disposición del sistema recursos de generación propios. En estos escenarios, el data center adopta un papel activo en el sistema eléctrico, apoyándose en generación propia, almacenamiento o estrategias de gestión de carga para adaptarse a las limitaciones sin comprometer la continuidad operativa.
Algunos data center permiten modular la carga IT mediante staggering operativo o desplazamiento de cargas a otras ubicaciones geográficas. Estas estrategias reducen las necesidades de potencia y aportan flexibilidad al operador del data center y al sistema eléctrico en su conjunto. A nivel de red, la aplicación de tecnologías como el Dynamic Line Rating (DLR) permite ajustar en tiempo real la capacidad admisible en función de condiciones ambientales y meteorológicas, desbloqueando capacidad adicional sin necesidad de nuevas infraestructuras.
Finalmente, en escenarios de acceso a red a medio plazo, cobra relevancia la evaluación de soluciones temporales -como sistemas móviles- que permitan iniciar la actividad sin incurrir en inversiones elevadas y permanentes.
Más allá de la capacidad eléctrica, el acceso a red puede verse condicionado por factores ambientales y sociales ligados a la ubicación del proyecto, como emisiones, ruido, requisitos de sostenibilidad, ocupación de suelo o aceptación por parte de la comunidad local. Todo ello debe abordarse desde un enfoque integral que combine ingeniería, regulación y entorno.
Oscilaciones dinámicas
Los data center dedicados a Inteligencia Artificial (IA) presentan perfiles de carga altamente fluctuantes, con rampas pronunciadas y ciclos cortos difíciles de anticipar. La demanda instantánea depende de múltiples factores, como el tipo de servidores, el grado de concurrencia, el algoritmo en ejecución o la fase de entrenamiento, lo que dificulta definir un perfil de carga estable y predecible. Esta imprevisibilidad genera perturbaciones en tensión y frecuencia que pueden comprometer la estabilidad del suministro si no se gestionan adecuadamente.
Curva de demanda de un data center de 50 MW dedicado al entrenamiento de IA (EdgeTunePower)
Cuando la infraestructura eléctrica (de red o propia) no es capaz de absorber estas oscilaciones dinámicas, se hace necesario incorporar sistemas específicos de estabilización entre la generación y las cargas IT. Tecnologías como baterías de alto C rate, supercondensadores o volantes de inercia permiten amortiguar variaciones bruscas de potencia, desacoplando el comportamiento de los servidores de la red eléctrica.
En entornos on grid, estos sistemas facilitan el cumplimiento de los requisitos de estabilidad exigidos por los operadores y permiten prestar servicios auxiliares como control de tensión, soporte de frecuencia o load shifting. En escenarios off grid, la planta debe garantizar por sí sola la estabilidad de la microrred, un reto que se intensifica con alta penetración renovable, donde la menor inercia del sistema hace imprescindible contar con soluciones de estabilización rápidas y bien coordinadas que compensen tanto las fluctuaciones de carga como las variaciones de generación.
En este contexto, la simulación dinámica permite anticipar el comportamiento eléctrico del data center, dimensionar adecuadamente los sistemas de estabilización y reducir riesgos operativos, reforzando la resiliencia de la instalación y su integración en el sistema eléctrico.
Eficiencia
El crecimiento sostenido de la potencia instalada y de la densidad por rack en los data center está incrementando de forma significativa y, con ello, las exigencias térmicas y eléctricas. Este contexto obliga a replantear el diseño desde fases tempranas, adoptando un enfoque integral de uso eficiente de los recursos que condiciona indicadores clave, como el PUE (eficiencia energética), el WUE (eficiencia en el uso del agua) y el FRE (grado de suministro renovable). La optimización de los flujos térmicos, la adopción de tecnologías avanzadas como la refrigeración líquida directa, junto con estrategias de recuperación de calor mediante ciclos ORC, configuraciones CCGT o chillers de absorción y la integración de generación renovable, deben abordarse de forma coordinada para garantizar disponibilidad sin incrementos desproporcionados de CAPEX y OPEX.
La eficiencia alcanzable está además fuertemente condicionada por el emplazamiento, donde factores como el clima, la disponibilidad de agua o el espacio influyen en la viabilidad de estrategias como el free cooling o determinadas soluciones de recuperación térmica e integración renovable. Adaptar el diseño a estas condiciones locales mediante soluciones híbridas, un dimensionamiento preciso de los activos y estrategias de operación ajustadas al perfil real de carga permite reducir consumos, controlar costes y maximizar el rendimiento global de la instalación, garantizando soluciones sostenibles y económicamente viables a largo plazo.
El desarrollo de centros de datos a gran escala exige un enfoque integral que conecte diseño, acceso a red, comportamiento dinámico y eficiencia desde las primeras fases del proyecto. La creciente complejidad técnica, las restricciones de infraestructura eléctrica y las exigencias de sostenibilidad hacen imprescindible combinar arquitecturas flexibles, soluciones energéticas adaptadas, sistemas de estabilización avanzados y un uso eficiente de los recursos. La ingeniería, apoyada en herramientas de modelización y simulación, se convierte así en un habilitador clave para transformar estos retos en oportunidades, garantizando infraestructuras resilientes, eficientes y preparadas para evolucionar en un entorno energético cada vez más exigente.
Artículo escrito por:
Irene Donoso Martín
, ingeniera de proyectos de gestionabilidad energética,
Sener