El año 2025 ha marcado un punto de inflexión para el sector eléctrico europeo. La gran pregunta es: ¿en qué dirección avanzamos? Desde AFBEL, la Asociación de Fabricantes de Bienes de Equipo Eléctricos, identificamos tres grandes vectores que han condicionado este año: la creciente incertidumbre regulatoria, la amenaza de las importaciones asiáticas, y el enorme esfuerzo en innovación y adaptación tecnológica que está acometiendo el tejido industrial europeo para cumplir con unas exigencias regulatorias sin precedentes.
A ello se suman los grandes retos energéticos del país: la creciente demanda eléctrica derivada de la electrificación del transporte, la digitalización de la industria, los nuevos centros de datos y los procesos térmicos, todo ello con una red eléctrica que aún no se desarrolla al ritmo que requiere esta transformación. Y, una vez más, nos enfrentamos a los habituales cuellos de botella administrativos que ralentizan su despliegue.
Soberanía industrial, más necesaria que nunca
Las recientes crisis, desde la pandemia hasta la guerra de Ucrania; nos han dejado una lección clara: los proveedores locales son esenciales. Durante la pandemia, el suministro eléctrico en España no se vio afectado gracias al papel clave que desempeñaron los fabricantes nacionales. Nuestro país fue un ejemplo en Europa por su capacidad de mantener toda la cadena de valor operativa, garantizando el suministro de equipos esenciales en un contexto de máxima presión. El reconocimiento a este esfuerzo, sin embargo, no debe quedarse en palabras.
En 2025, la amenaza de deslocalización se ha materializado en forma de un crecimiento exponencial de importaciones desde Asia. Desde AFBEL hemos realizado un seguimiento detallado de las importaciones procedentes de China y Turquía, y los resultados son alarmantes. No solo se confirma el incremento acelerado de estos productos, sino que también se constata una caída preocupante de la fabricación nacional.
El riesgo es claro. Si Europa no defiende el contenido local, especialmente cuando se trata de proyectos financiados con fondos públicos europeos, nos encaminamos hacia un escenario similar al del sector del automóvil, con cierres masivos de fábricas. Pero con una diferencia fundamental, el sector eléctrico es estratégico y esencial para el funcionamiento del país. Perder capacidad industrial en este ámbito supondría una pérdida crítica de soberanía, calidad de servicio y seguridad en el suministro.
Vigilancia de mercado y competencia justa
Una de las grandes preocupaciones del sector es la falta de mecanismos eficaces de vigilancia de mercado. Muchos de los productos que llegan del exterior no cumplen con los estándares ni con la documentación exigida a los fabricantes europeos. Esto genera una situación de clara competencia desleal, además de comprometer la seguridad y fiabilidad de los equipos instalados.
El apagón puso en evidencia lo crítico que es contar con una red eléctrica robusta, pero también la capacidad de respuesta de los operadores y de los profesionales del sector, que lograron restablecer el servicio en menos de 24 horas. Ese nivel de eficiencia es posible gracias a décadas de inversión en talento y tecnología. No podemos permitirnos poner en riesgo ese capital.
En este contexto, la reciente entrada en vigor del Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM) añade un nuevo factor de preocupación. Tal como está diseñado, solo aplica a materias primas, pero no al producto final. Así, un fabricante nacional debe pagar por la huella de carbono del acero que importa, mientras que una torre o transformador ya fabricado en un país extracomunitario puede entrar en Europa con otro código arancelario sin asumir ese coste. Esta incoherencia normativa crea una competencia insostenible que pone en peligro cientos de empresas familiares y fábricas locales.
En paralelo, 2025 ha sido un año de cuenta atrás para muchos fabricantes de aparamenta de media y alta tensión. La inminente entrada en vigor del nuevo Reglamento de Gases Fluorados (enero de 2026 para determinados niveles de tensión) ha obligado a las empresas a acelerar el desarrollo de tecnologías alternativas sin SF6. Este esfuerzo ha supuesto una inversión enorme en innovación, investigación y desarrollo.
Ha sido también un desafío de talento. La escasez de vocaciones técnicas en todos los niveles educativos comienza a pasar factura en un sector que necesita perfiles altamente cualificados. Sin talento no hay futuro, y sin una estrategia educativa y formativa clara, España corre el riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica de reindustrialización vinculada a la transición energética.
Una red robusta, pero insuficiente
El marco regulatorio actual sigue siendo uno de los principales frenos para el desarrollo de infraestructuras eléctricas. El 70% del mercado de los fabricantes de bienes de equipo está vinculado al sector regulado (redes de transporte y distribución), mientras que el 30% restante corresponde al ámbito privado (renovables, autoconsumo, centros de datos, etc.).
El límite legal a la inversión en redes está obsoleto. Para cumplir los objetivos del PNIEC sería necesario triplicar las inversiones actuales. Sin embargo, las señales que llegan desde la CNMC y el Ministerio para la Transición Ecológica de cara al próximo periodo regulatorio (2026) no son alentadoras. Si no se ajustan los marcos retributivos, España no podrá desarrollar la red eléctrica necesaria para alcanzar sus objetivos climáticos y de competitividad.
Urge una regulación más flexible y adaptada a la realidad de los mercados financieros. De lo contrario, pasaremos de ser un país con una red robusta a uno con una red saturada, insuficiente y sin capacidad de adaptación.
El paradigma ha cambiado: necesitamos digitalización
El sistema eléctrico actual es radicalmente distinto al de hace dos décadas. Hemos pasado de un modelo de generación centralizada a otro basado en generación distribuida, con alta penetración de renovables, nuevos agentes en red, almacenamiento (BESS, HESS, etc.) y sistemas de control de tensión y frecuencia. Pretender gestionar esta complejidad con criterios de hace diez o veinte años es insostenible.
La digitalización de la red no es una opción: es una necesidad. No solo para garantizar estabilidad y resiliencia en un sistema cada vez más descentralizado, sino también para mejorar la eficiencia y permitir una gestión avanzada de la demanda. La red eléctrica del futuro debe ser flexible, inteligente y robusta. Y para ello, necesitamos inversión, regulación alineada con la realidad y una visión estratégica a largo plazo.
AFBEL se adhiere al Manifiesto de Bilbao
En esta línea de acción, AFBEL ha reforzado su compromiso europeo sumándose al Manifiesto de Bilbao, presentado en el marco del congreso ENLIT Europe 2025, uno de los encuentros clave del sector energético celebrado en el BEC de Bilbao entre el 18 y el 20 de noviembre.
El Manifiesto, impulsado por 15 organizaciones europeas del ecosistema de tecnologías eléctricas limpias, representa una estrategia común para fortalecer la infraestructura eléctrica europea, impulsar la innovación industrial y consolidar cadenas de suministro resilientes y competitivas. Se trata de una llamada a la acción ante la creciente presión internacional y la necesidad de garantizar la autonomía estratégica de Europa en un sector tan crítico como es el eléctrico.
Entre sus puntos clave destacan:
- Un sentido de urgencia, que reclama ampliar y modernizar el sistema de electricidad limpia europeo para garantizar la integración de renovables y tecnologías digitales.
- Políticas industriales innovadoras, que fomenten el desarrollo tecnológico y la digitalización.
- Cadenas de suministro competitivas y resilientes, como base para una autonomía estratégica europea.
La adhesión de AFBEL al Manifiesto pone de relieve su papel activo en el debate estratégico sobre el futuro del sistema eléctrico europeo. La industria española tiene talento, innovación y capacidad. Pero necesita un entorno regulatorio que acompañe esta transformación y que priorice la soberanía industrial y la competitividad tecnológica frente a terceros países.
Además, el Manifiesto representa una oportunidad para alinear políticas públicas, financiación e industria en torno a una visión común de futuro. La coordinación entre instituciones europeas, Estados miembros, operadores, fabricantes e integradores será fundamental para que la transición energética no solo sea verde, sino también justa, sostenible y basada en una industria sólida. AFBEL seguirá participando activamente en este tipo de iniciativas que refuercen el papel de la industria eléctrica como motor del cambio en Europa.
Artículo escrito por:
Mar Duque
, directora general de la
Asociación de Fabricantes de Bienes de Equipo Eléctricos (AFBEL)