La evolución del marco regulatorio de la energía solar fotovoltaica en España

paneles solares

España lidera la energía solar gracias a un marco regulatorio innovador que, junto con avances tecnológicos y económicos, impulsa la transición energética y la seguridad del suministro frente a retos internacionales.

En España el sol es fuente de riqueza y lo podemos afirmar con toda la firmeza que reflejan las cuentas del País. El recurso solar históricamente ha sido la base de desarrollo del sector turístico, uno de los pilares de nuestra economía y hoy se ha convertido en uno de los principales activos que debe impulsar la competitividad energética e industrial del país. El liderazgo español del sector fotovoltaico que se ha ido desarrollando durante las dos últimas décadas, no se explica únicamente por el aprovechamiento de las condiciones de irradiación solar. Al recurso natural se le han unido una evolución tecnológica extraordinaria y un desarrollo normativo y regulatorio que ha ido respondiendo a las necesidades del sector.

El desarrollo tecnológico se ha traducido en una rápida reducción de los costes de paneles, inversores y otros equipos necesarios, y esto ha transformado completamente una tecnología que nació dependiendo de incentivos y ayudas, en una de las formas de generación eléctrica más competitivas del mundo. Pero la evolución tecnológica por sí sola no habría sido suficiente para impulsar el despliegue alcanzado en la actualidad. El diseño y desarrollo de un marco regulatorio adecuado y favorable ha jugado un papel clave, dando seguridad jurídica a los inversores, regulando y facilitando el acceso a las redes, impulsando el desarrollo de nuevos modelos como el autoconsumo y adaptando progresivamente las reglas del mercado eléctrico para integrar cada vez una mayor proporción de energía procedente de fuentes renovables. Así pues, la combinación de innovación tecnológica, reducción de costes y desarrollo regulatorio ha permitido que España se convierta en uno de los principales mercados fotovoltaicos europeos, atrayendo grandes inversiones y transformándolo en la base del desarrollo competitivo de su economía en las próximas décadas.

 

Desarrollo regulatorio base del liderazgo fotovoltaico y eje de la transición energética

Hagamos un poco de memoria sobre los principales hitos regulatorios que han sido clave para el desarrollo de la generación solar fotovoltaica. En 2021, tras un periodo de elevada incertidumbre regulatoria, la aprobación de la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética consolidó jurídicamente los objetivos de descarbonización y proporcionó una señal de largo plazo a los inversores. En paralelo, las subastas para la instalación de plantas renovables celebradas desde 2020, permitieron incorporar nueva capacidad combinando mecanismos competitivos con la reduciendo riesgos dando certidumbre sobre los ingresos a los Promotores de los proyectos.

El papel del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030 ha sido también muy importante. Aunque no tiene rango de ley, es la principal hoja de ruta de la política energética española y sitúa a la energía solar fotovoltaica en el centro de la transición energética. El Plan contempla una potencia fotovoltaica instalada superior a los 76 GW en 2030, consolidando a esta tecnología como la principal fuente renovable del sistema eléctrico español.

 

Acceso y conexión: la regulación que ha ordenado el crecimiento renovable

Uno de los elementos regulatorios que mayor impacto ha tenido sobre el desarrollo de la fotovoltaica ha sido la reforma de los procedimientos de acceso y conexión a las redes eléctricas.

La aprobación del Real Decreto 1183/2020, complementado posteriormente por la Circular 1/2021 de la CNMC, redefinió las reglas para la obtención y mantenimiento de permisos de acceso y conexión, introduciendo hitos administrativos obligatorios y mecanismos orientados a evitar la especulación. En un contexto de fuerte competencia por la capacidad disponible en los nudos de transporte y distribución, el acceso a la red se ha convertido en uno de los factores más determinantes para el desarrollo de nuevos proyectos renovables. La reforma permitió ordenar el crecimiento del sector, garantizar un uso más eficiente de las redes eléctricas y favorecer que la capacidad disponible la ocupen proyectos técnicamente viables y financieramente solventes.

Además, este marco regulatorio ha puesto las bases para habilitar una de las soluciones más relevantes de los próximos años: la hibridación de instalaciones renovables con sistemas de almacenamiento de energía, permitiendo optimizar infraestructuras existentes y maximizar el valor de los puntos de conexión disponibles.

 

La aceleración regulatoria tras la crisis energética europea

La crisis energética creada en Europa por la invasión de Ucrania en 2022 impulsa una nueva fase regulatoria tanto en Bruselas como en Madrid. La transición energética deja de ser puramente una cuestión climática para ser también en una cuestión de seguridad de suministro y autonomía estratégica.

En este contexto se aprueba el Real Decreto-ley 14/2022 y el Real Decreto-ley 18/2022, que incorporan medidas destinadas a agilizar la tramitación de proyectos renovables, simplificar procedimientos administrativos, impulsar el almacenamiento energético y acelerar el desarrollo de infraestructuras consideradas estratégicas para reducir la dependencia energética exterior. Estas medidas responden a una necesidad urgente de incrementar la contribución de la energía renovable a la cobertura de la demanda energética y con ello reducir la dependencia de los hidrocarburos, especialmente del gas natural, tan crítico para la demanda europea y al mismo tiempo avanzar en la transición energética.

 

España lidera a la sombra de la Política Europa

Buena parte de la evolución regulatoria española responde a iniciativas impulsadas desde Bruselas. La Directiva 2018/2001 (RED II) estableció el marco europeo para el impulso de las energías renovables e introdujo figuras como el “autoconsumidor” renovable, conceptos como el autoconsumo colectivo y las comunidades energéticas.

Posteriormente, la Directiva 2023/2413 (RED III) reforzó los objetivos de penetración renovable y exigió una simplificación adicional de los procedimientos de autorización, promoviendo las denominadas áreas de aceleración renovable y estableciendo plazos máximos de tramitación.

A ello se suma la reforma del diseño del mercado eléctrico europeo, orientada a proporcionar una mayor estabilidad a las inversiones mediante contratos por diferencias (CfD), el fortalecimiento de los acuerdos de compra de energía a largo plazo (PPAs) y una mayor valorización de los recursos que aporten flexibilidad a los sistemas eléctricos. Asimismo, iniciativas como el Net Zero Industry Act tratan de reforzar la cadena de valor industrial europea en tecnologías estratégicas para la transición energética, incluyendo paneles solares, inversores y sistemas de almacenamiento.

 

El desarrollo del autoconsumo clave también para el desarrollo del sector 

Aunque la expansión de la fotovoltaica utility scale ha sido el principal motor del crecimiento de la energía solar en España, la regulación también ha ayudado al desarrollo de la generación distribuida desplegada para el autoconsumo. El punto de inflexión se produjo con el Real Decreto-ley 15/2018, que modificó la Ley 24/2013 del Sector Eléctrico, eliminando los cargos asociados al autoconsumo y reconociendo nuevas modalidades. Esta medida ha permitido eliminar barreras y facilitar el desarrollo del sector. Posteriormente el Real Decreto 244/2019 estableció las condiciones administrativas, técnicas y económicas del autoconsumo, regulando aspectos tan relevantes como la compensación de excedentes, el autoconsumo colectivo y las modalidades de instalaciones próximas asociadas a consumidores. De nuevo un marco regulatorio propicio ha permitido que el sector supere ya los 10 GW instalados y encare la próxima década como un actor clave para la electrificación doméstica e industrial.

 

El almacenamiento energético no puede ser la nueva frontera regulatoria

El éxito de la fotovoltaica utility scale está generando nuevos desafíos regulatorios. Es de sobra conocido que la incorporación masiva de generación solar ha multiplicado los episodios de precios reducidos, cero e incluso negativos durante las horas centrales del día. También es notorio las necesidades crecientes de flexibilidad del sistema eléctrico para llevar a cabo la cobertura de la demanda asegurando la seguridad del suministro.

En este contexto, las tecnologías de almacenamiento de energía, bombeos y baterías, han dejado de ser tecnologías complementarias para convertirse elementos esenciales de la planificación energética. La Estrategia de Almacenamiento Energético y el PNIEC 2023-2030 reconocen esta necesidad y fijan un objetivo de 22,5 GW de capacidad de almacenamiento para 2030, combinando bombeo hidráulico, baterías y otras soluciones de flexibilidad.

Desde el punto de vista regulatorio, el almacenamiento está evolucionando desde una actividad auxiliar hacia una infraestructura fundamental para el funcionamiento del sistema eléctrico. En el caso del bombeo hidráulico, se requieren mecanismos específicos para promover su desarrollo dadas las necesidades de inversión y los plazos para su recuperación. Algunas medidas regulatorias que se deberían reforzar deben ir dirigidas a mejorar la estabilidad de ingresos y al mismo tiempo establecer concesiones compatibles con la vida útil real de estas infraestructuras. Adicionalmente, es clave fijar mecanismos que permitan la reserva de capacidad de acceso y conexión en los emplazamientos ya existentes. En el caso de las baterías, la normativa de acceso y conexión ha facilitado la hibridación de estas instalaciones con generación renovable, permitiendo que las plantas fotovoltaicas optimicen sus puntos de conexión y mejoren el aprovechamiento de la energía generada.

 

El desarrollo de los mercados de capacidad: la reforma más esperada

La aprobación de la Orden TED/966/2026, el pasado 15 de septiembre, marca uno de los hitos regulatorios más relevantes de los últimos años para el sector eléctrico español. La norma crea formalmente el mercado de capacidad como un mecanismo diseñado para garantizar la seguridad de suministro en un sistema que apuesta por la integración creciente de tecnologías renovables.

El nuevo mercado permitirá la participación de instalaciones de generación, almacenamiento, recursos de demanda y agregadores mediante subastas competitivas de potencia firme. A diferencia de los mercados energéticos tradicionales, el mecanismo retribuye la disponibilidad de recursos capaces de aportar potencia cuando el sistema lo requiere, introduciendo una nueva fuente de ingresos para tecnologías que contribuyen a la flexibilidad y resiliencia del sistema eléctrico.

Particularmente relevante es la posibilidad de que nuevas inversiones en generación y almacenamiento puedan acceder a compromisos de hasta 15 años de duración, proporcionando una señal de inversión de largo plazo que puede resultar determinante para el despliegue de proyectos de almacenamiento y proyectos híbridos.

 

Una regulación orientada a la flexibilidad

La siguiente etapa de la transición energética ya no estará centrada exclusivamente en añadir más capacidad renovable. El foco regulatorio se desplazará progresivamente hacia la integración eficiente de esa capacidad mediante almacenamiento, flexibilidad, digitalización y gestión inteligente de la demanda. Si la regulación de la última década estuvo orientada a promover la generación renovable, la de la próxima estará enfocada en gestionar y remunerar la flexibilidad de la demanda, la generación y las redes. En este nuevo paradigma, las soluciones de almacenamiento, los sistemas de gestión activa de la demanda pasarán de ser un complemento tecnológico a convertirse en una infraestructura esencial para el funcionamiento del sistema eléctrico.

España dispone del recurso solar, de una industria renovable madura y de un marco regulatorio totalmente alineado con los objetivos europeos. El desafío ya no consiste únicamente en generar más electricidad renovable, sino en garantizar que pueda gestionarse, almacenarse y utilizarse de forma eficiente para reforzar la competitividad industrial, la seguridad energética y el crecimiento sostenible del país. energética y el crecimiento sostenible del país.

Artículo escrito por:
Marta Sánchez Álvarez Socia responsable del sector Energía de EY España