En este contexto, un estabilizador de tensión es una solución técnica efectiva para garantizar la calidad del servicio eléctrico. Se trata de un equipo diseñado para regular y mantener constante el voltaje de salida, dentro de márgenes predefinidos, independientemente de las variaciones de la tensión de entrada. La función principal de estos dispositivos es compensar las fluctuaciones (sobretensiones y subtensiones) que se producen en la red, asegurando que la carga o los equipos conectados reciban un voltaje estable y adecuado para su correcto funcionamiento.
En condiciones normales, la red eléctrica está diseñada para operar dentro de un rango de voltaje específico ±7% con respecto al valor nominal. Sin embargo, factores como el vertido de energía solar en horas de alta irradiación o el aumento repentino de la demanda en picos de consumo, como por ejemplo la carga de vehículos eléctricos, pueden llevar a desviaciones que superen los rangos establecidos. Estas desviaciones pueden ocasionar daños en equipos sensibles, cortes inesperados, sobrecalentamiento, menor vida útil de los dispositivos o incluso riesgos de seguridad.
Las principales perturbaciones eléctricas derivan del vertido de energía solar y/o la demanda excesiva, generándose sobretensiones y subtensiones, que conviven en la señal suministrada por la distribuidora.
El vertido de energía solar –principalmente en zonas con gran cantidad de instalaciones fotovoltaicas y/o líneas eléctricas débiles– puede provocar sobretensiones cuando la generación local excede la demanda y la energía fluye hacia la red de distribución. Por el contrario, en momentos de gran demanda –por ejemplo, al encenderse simultáneamente numerosos aparatos de aire acondicionado o calefacción eléctrica, cargas de vehículo eléctrico– la tensión puede caer por debajo de los niveles nominales, generando subtensiones. Estas fluctuaciones se producen en la misma línea de suministro, afectando tanto a usuarios residenciales como a instalaciones industriales o comerciales.
Un modo eficaz de mitigar estas perturbaciones es la instalación de un estabilizador de tensión al principio de la línea, inmediatamente después del transformador de distribución. En una red ideal, la empresa distribuidora sería la encargada de integrar estos dispositivos para garantizar la calidad del servicio. Sin embargo, esto no ocurre con frecuencia debido a limitaciones presupuestarias o a la priorización de otras inversiones en la red. Por este motivo, el usuario final puede verse obligado a instalar su propio estabilizador, de mucha menor capacidad, a la entrada de su vivienda o establecimiento, a fin de proteger sus equipos y asegurar un suministro de calidad.
Existen estabilizadores de servomotor y estabilizadores electrónicos. Los primeros emplean un servomotor que acciona un autotransformador variable y ajustan la tensión de salida moviendo un cursor a lo largo de las espiras del devanado, aumentando o disminuyendo el voltaje según se requiera. Tienen un tiempo de respuesta casi inmediato, dependiendo de la calidad del motor y del sistema de control, y son robustos, soportan picos de corriente elevados y son los más adecuados para cargas industriales o comerciales de alta potencia.
Por su parte, los estabilizadores electrónicos (AVR) utilizan un autotransformador con tomas accionadas mediante interruptores electrónicos estáticos de potencia (triacs, tiristores o IGBTs) para regular la tensión de salida de forma más rápida. Reaccionan en tiempos muy cortos, lo que resulta útil para cargas especialmente sensibles, y presentan un diseño más compacto y no requieren piezas mecánicas móviles, lo que reduce el mantenimiento y ruido.
Un estabilizador electrónico de calidad debe ofrecer regulación ultrarrápida (respuesta inferior a 100 ms), control digital programable por fase y estructura completamente estática sin elementos móviles, que aportará gran fiabilidad y robustez (alto MTBF). Además, debe incorporar bypass estático para asegurar que las cargas permanezcan siempre alimentadas y, en el caso de los equipos trifásicos, contar con regulación independiente por fase para ser inmune a desequilibrios. Se recomienda una precisión de salida mejor del ±2% y un rendimiento superior al 97% para garantizar la máxima eficiencia, mientras que la detección de tensión de entrada o salida fuera de márgenes protegerán la instalación ante variaciones de la red.
Artículo escrito por:
Toni Manzano
Chief Engineering Officer
Salicru