Lo que podemos aprender de los “lunáticos”

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Inspirados en la Sociedad Lunar del siglo XVIII, jóvenes del sector energético en España crean una red para compartir conocimientos, impulsar la innovación y afrontar juntos los retos del futuro sostenible.

Quienes me conocen saben que me gusta leer y que entre mis lecturas suele colarse algún libro de historia. Me interesa especialmente descubrir cómo vivieron otras personas sus épocas de cambio: qué hicieron y cómo, qué entendieron a tiempo y en qué se equivocaron. 

En la Inglaterra del siglo XVIII, un grupo de científicos, inventores e industriales se reunía en Birmingham para compartir ideas y ponerlas a prueba. Se llamaban a sí mismos “lunáticos”, jugando con el nombre de su Sociedad Lunar. La explicación era práctica: celebraban sus encuentros cerca de la luna llena para aprovechar su luz al regresar a casa.

Entre sus miembros estaban James Watt, cuyas mejoras hicieron mucho más eficiente la máquina de vapor; Joseph Priestley, uno de los descubridores del oxígeno; y Josiah Wedgwood, que experimentó con materiales y técnicas hasta desarrollar nuevas cerámicas. También Matthew Boulton, empresario y socio de Watt, que contribuyó a llevar sus avances a la industria. Priestley analizaba muestras de arcilla para Wedgwood y asesoraba a Watt sobre gases; sus compañeros, a su vez, apoyaban sus investigaciones. Compartir conocimientos entonces tenía consecuencias muy concretas.

Aquel círculo ayudó a impulsar la Revolución Industrial al conectar ciencia y empresa. La asociación entre Boulton y Watt permite entenderlo muy bien: convertir una mejora técnica en una máquina que otros pudieran utilizar exigía también capacidad de fabricación, financiación y clientes dispuestos a adoptarla. Lo que ocurría entre el descubrimiento y su aplicación era tan decisivo como el propio hallazgo. Es una parte de la historia que resulta muy familiar a quienes trabajamos en energía.

Generación tras generación llegan jóvenes con curiosidad, cierta inexperiencia y ganas de comerse el mundo. Lo que cambia es el mundo que encuentran al llegar. A quienes hoy desarrollamos nuestra carrera en el sector energético nos corresponde transformar un sistema del que depende casi todo lo demás, mientras ese mismo sistema sigue funcionando.

Tenemos que acompañar el desarrollo económico, reducir emisiones y garantizar un suministro seguro y asequible. Eso exige decidir sobre proyectos cuya viabilidad económica todavía encierra incógnitas, aprender de tecnologías que evolucionan y comprender las necesidades de los territorios donde se implantan. Una solución puede ser brillante para quien la diseña y suscitar dudas razonables en quien debe financiarla o convivir con ella. Escuchar esas dudas y saber responderlas también forma parte de nuestro trabajo.

Por eso necesitamos jóvenes capaces de entender qué ocurre más allá de su especialidad. Que aporten nuevas herramientas y preguntas, sepan revisitar sus propias ideas y aprendan de quienes llevan décadas tomando decisiones. Las empresas necesitan esa combinación de conocimiento, inconformismo y prudencia para transformar sus negocios sin perder capacidad de crear valor. A nuestra generación le corresponde prepararse y participar desde ahora en esa tarea.

Con esa convicción hemos relanzado la Red de Jóvenes del Club Español de la Energía. Queremos construir la comunidad de referencia para el talento joven del sector en España. Un lugar donde conocer a otros profesionales permita ampliar la mirada, abrir oportunidades y encontrar interlocutores con quienes pensar los retos del día a día.

Impulsamos encuentros temáticos y conversaciones con referentes del sector, formación y becas. Preparamos también eventos para que los jóvenes presenten los artículos que publiquen en Cuadernos de la Energía: escribir obliga a ordenar las ideas; exponerlas ante otros permite contrastarlas, defenderlas y seguir aprendiendo. El respaldo del Club y su capacidad para reunir al sector nos ofrecen un entorno privilegiado para hacerlo.

Queremos que esa comunidad tenga vida entre un encuentro y el siguiente. Que una conversación continúe, que alguien comparta una oportunidad o que una duda encuentre a la persona que puede ayudar a resolverla. Ahí es donde una red empieza a formar parte de nuestra trayectoria profesional.

En una edición como 40 Under Forty, que reconoce el talento individual, merece la pena pensar también en las comunidades que contribuyen a desarrollarlo. Aquellos “lunáticos” encontraron valor en reunir a personas que sabían cosas distintas y estaban dispuestas a aprender unas de otras. Desde la Red queremos ofrecer ese espacio a nuestra generación, para que encuentre su voz, forme su criterio y contribuya a las decisiones que darán forma al futuro energético de España.

Artículo escrito por:
Cristina Diezma Coordinadora Red de Jóvenes Club Español de la Energía