El verano de 2025 deja una advertencia clara: la red eléctrica europea afronta un nuevo escenario donde los picos de consumo de energía y las amenazas físicas asociadas al cambio climático ya no son excepcionales, sino recurrentes.
En España, la demanda de electricidad en términos brutos superó los 23.000 GWh este mes de julio, según datos de Red Eléctrica de España (REE), mientras los incendios forestales arrasaban más de 380.000 hectáreas, casi cuatro veces la media anual de las dos últimas décadas. Ante este panorama, la resiliencia energética se perfila como una necesidad indispensable para garantizar, no solo la continuidad de infraestructuras críticas como hospitales, centros de datos o sistemas de transporte, sino para garantizar la competitividad de las industrias del país.
Los fenómenos extremos, muchos de ellos vinculados al cambio climático, están transformando los patrones de consumo y comprometiendo la estabilidad de la red. Lo que antes era característico del invierno, como los picos de consumo de energía asociados a la calefacción, ahora se repite en verano, impulsado por la climatización intensiva. Este cambio estructural plantea un desafío creciente no solo para los operadores del sistema, sino también para instaladores, ingenierías y responsables de infraestructuras críticas.
Según un informe de World Weather Attribution (WWA), consorcio internacional de científicos que estudia el vínculo entre fenómenos extremos y cambio climático, las condiciones registradas este verano son hoy 40 veces más probables debido al calentamiento global y se prevén cada 15 años. En este contexto, la resiliencia energética deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una condición operativa imprescindible.
Continuidad operativa en tiempos de incertidumbre
Desde la perspectiva de Schneider Electric, los eventos extremos obligan a pasar de un enfoque basado únicamente en aumentar la capacidad de la red a un modelo de gestión inteligente de la energía, actuando como un orquestador digital en tiempo real. En la práctica, esto significa dotar a las infraestructuras críticas de visibilidad continua y de automatismos capaces de decidir qué cargas se priorizan, cuáles se desplazan o se desconectan, y cómo se combinan la red de distribución, la generación distribuida y el almacenamiento para mantener la calidad y continuidad del suministro eléctrico.
Todo ello debe apoyarse en una infraestructura eléctrica preparada para la descarbonización, como los equipos de media tensión diseñados sin gases contaminantes como el SF₆, cuya prohibición en nuevos equipos entrará en vigor en la UE a partir de enero de 2026 para sistemas de hasta 24 kV. A esto se suman los sistemas de monitorización remota en el borde de la red (edge/DCIM), que permiten supervisar y actuar sobre activos críticos, como centros de datos u hospitales, con visibilidad en tiempo real y capacidad de respuesta inmediata, incluso a distancia. Con este esquema, la continuidad deja de depender de un único punto y se apoya en decisiones automatizadasy fuentes diversificadas de energía.
Aplicado a casos reales, un hospital puede mantener quirófanos y UCI priorizando cargas críticas y entrando en modo isla con respaldo de baterías y apoyo fotovoltaico (FV) ante una caída de red; un centro de datos puede estabilizar su operación automatizando secuencias de arranque/parada y evitando microcortes mediante almacenamiento; y el sistema de distribución puede reforzar la continuidad modernizando su media tensión y monitorizando subestaciones y centros de transformación en tiempo real.
Para instaladores e ingenierías, esto se traduce en oportunidades tangibles: diseñar cuadros y lógicas de priorización, integrar sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) con autoconsumo fotovoltaico (FV) y cargadores, programar la coordinación de protecciones, y validar protocolos de reconexión. El resultado es continuidad operativa bajo condiciones extremas, seguridad, cumplimiento normativo y mejor eficiencia en el consumo de energía del conjunto.
Con todo ello, la resiliencia energética deja de ser una aspiración futura para convertirse en un criterio inmediato de diseño, operación y mantenimiento de la red. Su incorporación es clave no solo para resistir las consecuencias del cambio climático, sino también para impulsar eficiencia, sostenibilidad y competitividad de la industria del país. El desafío está en integrar estas tecnologías de forma coordinada para garantizar la continuidad del suministro en un entorno marcado por la variabilidad climática.
Artículo escrito por:
Raúl Escamilla
, Business Development Manager PS en
Schneider Electric