La descarbonización se ha establecido como un eje estratégico fundamental para las empresas en la actualidad. No solo por la creciente presión regulatoria y los compromisos climáticos, sino también porque es un factor clave para aumentar la competitividad en un mercado cada vez más globalizado y consciente del impacto ambiental. En este contexto, las organizaciones deben adaptarse rápidamente a las exigencias de sostenibilidad, no solo para cumplir con las normativas, sino también para aprovechar las oportunidades que surgen de la transición hacia una economía baja en carbono.
La descarbonización empresarial implica reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y uno de los sectores clave en este proceso es el energético. La transición hacia fuentes de energía más limpias y sostenibles, como la solar, eólica o biomasa, es esencial para reducir la huella de carbono global. Sin embargo, la descarbonización no solo se limita a cambiar las fuentes de energía, sino que también involucra la optimización del consumo energético dentro de las organizaciones.
El ahorro energético, logrado a través de la mejora en la eficiencia energética, es un componente fundamental de este proceso, ya que permite reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sin que se vea afectada la productividad o el rendimiento de las empresas. En este contexto, el sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE) se presenta como una herramienta innovadora y muy relevante para impulsar la eficiencia energética y contribuir a la descarbonización de las empresas.
El sistema de Certificados de Ahorro Energético: un cambio de paradigma
Los Certificados de Ahorro Energético se introdujeron como parte de las medidas del Real Decreto 36/2023, de 24 de enero, con el objetivo de incentivar la eficiencia energética y facilitar que las empresas logren sus objetivos de reducción de consumo energético. Este sistema ha supuesto una de las iniciativas más importantes en las últimas décadas para promover la eficiencia energética en el ámbito empresarial. Con los CAE, el sector empresarial tiene una nueva oportunidad para financiar medidas de eficiencia energética y, a su vez, contribuir significativamente a la descarbonización de la economía.
Los CAE son una herramienta económica para las empresas que comercializan energía, los llamados ‘sujetos obligados’ dentro del Sistema Nacional de Obligaciones de Eficiencia Energética (SNOEE). Anteriormente, estas empresas solo podían cumplir con sus objetivos de ahorro energético mediante una contribución económica al Fondo Nacional de Eficiencia Energética (FNEE). Sin embargo, con la introducción de los CAE, las empresas ahora tienen la opción de cumplir hasta un 85% de su obligación en 2025 mediante la liquidación de estos certificados, lo que representa un ahorro económico sustancial.
Este sistema permite transformar el ahorro energético en un activo financiero, ya que cada kilovatio hora (kWh) de ahorro energético logrado se convierte en un CAE, que luego puede ser comercializado. A través de este proceso, las empresas pueden obtener ingresos por sus esfuerzos en eficiencia energética, lo que reduce los plazos de amortización de sus inversiones. Esto no solo motiva la implementación de proyectos de eficiencia energética, sino que también mejora la rentabilidad de las empresas y les permite cumplir con las regulaciones más estrictas en términos de sostenibilidad.
El proceso de generación de los Certificados de Ahorro Energético
La clave para la generación de los CAE radica en la implementación efectiva de medidas de eficiencia energética. Cada vez que una empresa logra un ahorro de energía final, este ahorro puede ser transformado en un CAE, siempre y cuando se cumplan ciertos requisitos establecidos por la normativa del sistema. Para garantizar que los ahorros sean reales y no fraudulentos, es necesario que estos ahorros sean verificados por una entidad acreditada e independiente. Esta verificación asegura que el ahorro se haya logrado a través de medidas efectivas y que se ajusten a las especificaciones legales del sistema.
Es importante destacar que los CAE se generan en dos mercados principales: el mercado primario y el mercado secundario. En el mercado primario se comercializa el ahorro energético no verificado, mientras que en el mercado secundario se comercializan los CAE una vez que el ahorro ha sido verificado. La diferencia de precios entre estos dos mercados responde a los costos asociados con el proceso de verificación y certificación del ahorro energético.
Los sujetos delegados, que son agentes acreditados por el sistema CAE, desempeñan un papel fundamental en este proceso. Son ellos quienes gestionan todo el ciclo de vida de los CAE, desde la verificación del ahorro hasta la emisión de los certificados. De este modo, los sujetos delegados facilitan la conversión del ahorro energético en CAE, lo que permite a las empresas monetizar sus esfuerzos en eficiencia energética.
Estos actores clave del sistema trabajan estrechamente con las empresas que implementan medidas de eficiencia energética, garantizando que los ahorros sean legítimos y cumplan con los estándares del sistema. Su papel no solo facilita la certificación del ahorro, sino que también actúa como intermediario entre las empresas que generan el ahorro y aquellas que necesitan cumplir con las obligaciones de eficiencia energética.
Una de las principales ventajas de este sistema es que permite a las empresas que invierten en eficiencia energética monetizar su ahorro, haciendo que estas inversiones sean mucho más atractivas desde el punto de vista financiero. La posibilidad de vender los CAE obtenidos les permite recuperar parte de los costos de implementación de sus proyectos, acelerando así la amortización de las inversiones.
Impacto del sistema CAE: resultados notables en el ahorro energético
A pesar de que el sistema de Certificados de Ahorro Energético es relativamente nuevo, ya ha demostrado resultados notables. En 2024, gracias a los CAE, se logró un ahorro de 2.000 GWh de energía, lo que equivale al consumo eléctrico mensual de toda la Comunidad de Madrid. Este ahorro energético ha permitido evitar la emisión de 500.000 toneladas de CO2, lo que representa aproximadamente el 1% de las emisiones de la industria española. Estos datos subrayan la efectividad del sistema en la reducción de las emisiones y en el fomento de la eficiencia energética a gran escala.
Estos resultados no solo demuestran el potencial del sistema para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también cómo los CAE pueden convertirse en una palanca fundamental para la descarbonización de la economía. Al permitir a las empresas monetizar su ahorro energético, los CAE incentivan la adopción de tecnologías más limpias y eficientes, lo que a su vez reduce el impacto ambiental de las actividades industriales.
Complementariedad con las Garantías de Origen (GdOs)
En el camino hacia la descarbonización, es fundamental combinar diferentes herramientas y estrategias. Los Certificados de Ahorro Energético no solo son efectivos por sí solos, sino que también se complementan con otros mecanismos como las Garantías de Origen (GdOs), que aseguran que la energía consumida provenga de fuentes renovables. Las GdOs son un instrumento crucial para promover la transparencia y trazabilidad de la energía, permitiendo que los consumidores sepan con certeza de dónde proviene su energía.
Las GdOs también desempeñan un papel esencial en la reducción de emisiones. Mientras que los CAE se centran en reducir el consumo energético, las GdOs aseguran que la energía que se consume sea limpia, lo que maximiza los beneficios de la eficiencia energética. En conjunto, ambas herramientas contribuyen de manera significativa a los objetivos de descarbonización de las empresas y permiten avanzar hacia una economía baja en carbono de manera más rápida y rentable.
Aliados clave para la descarbonización empresarial
El sistema de CAE y las GdOs se complementan en la estrategia de descarbonización empresarial. Los CAE permiten monetizar el ahorro energético e impulsar la eficiencia, mientras que las GdOs aseguran el uso de energía renovable, promoviendo mayor sostenibilidad. Adoptar ambos sistemas permite a las empresas cumplir con sus objetivos de descarbonización, mejorar su competitividad en un mercado sostenible y posicionarse como líderes en la transición hacia una economía baja en carbono, contribuyendo a la lucha contra el cambio climático.
Artículo escrito por:
Iria Flavia Peñalva
Partner y Manager
Global Factor