La electrificación liderará la próxima fase de la transición energética

informe de IRENA

La transición hacia la eliminación de los combustibles fósiles se acelerará con la electrificación, según el informe de IRENA. La demanda de energía, proveniente de fuentes renovables, está en aumento.

Las crecientes tensiones geopolíticas, el aumento de la demanda de energía y la creciente volatilidad de los mercados de combustibles fósiles están reconfigurando el panorama energético mundial, abriendo una nueva fase de la transición energética global centrada en la electrificación, la energía renovable y la transición acelerada hacia el abandono de los combustibles fósiles.

En su nuevo informe, Transición para abandonar los combustibles fósiles: Una hoja de ruta basada en las renovables, la electrificación y la mejora de la red, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) advierte de que, más allá de las preocupaciones actuales por la seguridad energética, los sistemas energéticos actuales siguen sin estar estructuralmente preparados para alcanzar el objetivo climático de 1,5 °C.

El informe, publicado en colaboración con la Presidencia brasileña de la COP30 antes de la Conferencia Ministerial sobre el Clima de Copenhague, concluye que, aunque los objetivos mundiales de triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar las mejoras de la eficiencia energética para 2030 siguen siendo esenciales, no bastan por sí solos para lograr la transición energética mundial.

A medida que la demanda aumenta rápidamente en el transporte, la industria, los edificios y la digitalización, la transición debe centrarse ahora en electrificar estos sectores de uso final, al tiempo que se abandonan los combustibles fósiles.

El escenario revisado 1,5˚C de IRENA, presentado en la próxima edición del World Energy Transition Outlook, prevé que la participación de la electricidad en el consumo mundial aumente del 23% actual al 35% en 2035 y a más del 50% en 2050, con una demanda creciente cubierta en su mayor parte por energías renovables. El escenario también prevé que la participación de los combustibles fósiles disminuya en todos los sectores del 80% actual al 50% en 2035 y a menos del 20% en 2050.

"El mundo debe adaptarse a una nueva realidad energética", declaró el Director General de IRENA, Francesco La Camera. "Más allá de los objetivos de triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética está el reto más amplio de transformar sistemas energéticos enteros y reducir el uso de combustibles fósiles en toda la oferta y la demanda. La electrificación y la eliminación de los combustibles fósiles son inseparables y deben avanzar juntas".

Añadió La Camera: "La hoja de ruta revisada de IRENA muestra claramente que la electrificación con energías renovables sirve a múltiples objetivos políticos. Contribuye a la mitigación del cambio climático, mejora la seguridad energética al impulsar la independencia de los combustibles fósiles importados y refuerza la competitividad económica mediante la creación de nuevas cadenas de valor industrial y la innovación. Además, las energías renovables competitivas en costes apoyan precios de electricidad asequibles para los hogares y la industria".

El informe destaca que la electrificación se está convirtiendo en el principal motor estructural del declive de los combustibles fósiles en todos los grandes sectores de uso final. La transición hacia el abandono de los combustibles fósiles implicaría una reestructuración completa de las infraestructuras energéticas y de la asignación de las inversiones.

Los países deben invertir simultáneamente en redes, almacenamiento y flexibilidad del sistema para garantizar sistemas eléctricos fiables, seguros y asequibles, capaces de soportar la creciente demanda.

Sin embargo, la infraestructura se ha convertido en un cuello de botella crítico, con alrededor de 2 500 gigavatios de energía eólica y solar a la espera de conectarse a las redes. Las mejoras para 2035 y 2050 no se lograrán sin una agilización de los permisos y un aumento sustancial de la inversión. IRENA calcula que las necesidades de inversión en la red eléctrica ascienden, en promedio, a 1,2 billones de dólares anuales,  más del doble de los 0,5 billones de dólares invertidos en 2025.

También serán necesarias inversiones significativas en las cadenas de suministro de hidrógeno y combustibles alternativos, así como en la electrificación de las tecnologías de uso final y su infraestructura de apoyo, desde la recarga de vehículos eléctricos y la modernización de edificios hasta la construcción de sistemas eléctricos de calefacción y refrigeración y la electrificación industrial.

Concluyó La Camera: "La velocidad del abandono progresivo de los combustibles fósiles dependerá, en última instancia, de la rapidez con que se electrifiquen las economías. Para mantener el objetivo de 1,5 ºC a nuestro alcance, el mundo necesita una dirección global clara. Los datos de IRENA apoyan el establecimiento de un objetivo global de electrificación para 2035, complementado con objetivos para las redes y la flexibilidad del sistema".

El informe de hoy también subraya la importancia de supervisar los avances en electrificación, mejora de la red y disminución de los combustibles fósiles para apoyar la aplicación y orientar la cooperación internacional.

En la COP28, el Consenso de los EAU y la Primera Evaluación Global del Acuerdo de París abogaron por triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética para 2030. También sentó una base importante para la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles (TAFF). La hoja de ruta del TAFF, lanzada por la Presidencia brasileña de la COP30 y apoyada por IRENA, ofrece una importante vía para avanzar en paralelo en los objetivos climáticos, de seguridad energética y de desarrollo.

IRENA está preparada para informar el discurso global en el camino hacia la COP31 en Antalya y para apoyar a los países a través del análisis, las asociaciones y el compromiso nacional.