El lavado del terreno bajo una nave industrial es una de las patologías más complejas, persistentes y dañinas, no solo por la gravedad de sus consecuencias sino, sobre todo, por su carácter oculto y progresivo, ya que la fuga se produce bajo la solera o la cimentación fuera del alcance visual, permitiendo que el agua se infiltre de forma continua en el terreno durante largos periodos de tiempo sin ser detectada.
Este aporte constante de agua provoca que el suelo se sature y reduzca su resistencia, modificando su comportamiento y favoreciendo el arrastre de partículas finas. Esto genera un lavado del terreno que da lugar a vacíos y pérdida de apoyo, provocando asentamientos diferenciales que la nave industrial (debido a su magnitud y a la presencia de cargas importantes y poco repartidas) no está en condiciones de absorber sin manifestar daños visibles.
Unos daños que suelen materializarse en forma de grietas de distinto tipo y gravedad en soleras, muros, cerramientos, pilares e incluso en elementos estructurales principales, afectando a la estabilidad del edificio, a su funcionalidad, a la seguridad de los usuarios y a la continuidad de la actividad industrial.
GeoNovatek resolvió con éxito un caso similar en una nave industrial de Redován (Alicante) que sufría grietas importantes en muros y pavimentos, tanto en el interior como en el exterior de la edificación. Todo esto tenía su origen en la rotura del servicio de abastecimiento de agua bajo la nave, ya que había propiciado un lavado del terreno continuado, focalizándose mayor daño en la esquina suroeste. Cabe destacar que la cimentación estaba compuesta por zapatas aisladas de hormigón armado, mientras que el terreno estaba formado por arcillas.
Solución GeoNovatek: Consolidación del terreno y recalce de la cimentación
Ante esta situación, GeoNovatek decidió intervenir combinando la capacidad consolidante de las resinas expansivas HDR300 junto con la facultad portante de los micropilotes de acero hincados. En total se realizaron 13 inyecciones de resinas expansivas simples y se hincaron 26 micropilotes para consolidar el terreno y recalzar la cimentación.
En primer lugar, se procedió a la instalación de micropilotes, cuyo objetivo es lograr la transferencia de parte de la carga de la estructura hasta estratos de mayor resistencia y profundidad. Esta complicada intervención se pone en marcha efectuando varias perforaciones de 65 mm de diámetro, que atraviesan verticalmente la zapata.
A continuación, en estas perforaciones se introducen los micropilotes MP/60 por presión continua, evitando las excavaciones, empleando como contrapeso, la propia estructura, mediante punto de enganche para el pistón hidráulico con los adecuados pernos de anclaje. Los elementos que configuran el micropilote se introducen uno tras otro, uniéndolos entre sí con un manguito roscado macizo. Cuando el micropilote encuentra una formación que le permita resistir la fuerza de hincado previamente especificada, el pistón se desengancha y el micropilote se ancla a la cimentación a través de un mortero especial de anclaje.
Tras la hinca de los micropilotes, el siguiente paso fue consolidar el terreno. Esta técnica se inicia llevando a cabo varias perforaciones de entre 10 y 26 mm de diámetro, que atraviesan la losa. A continuación, se insertan varias cánulas metálicas en cada una de las perforaciones, en las que a su vez se realizan las inyecciones de resina HDR300 justo debajo del plano de apoyo de la losa, expandiéndose hasta llegar a un estado sólido debido a una reacción química. Una vez que se solidifica, la resina rellena todas las oquedades y crea un estrato entre el terreno y la cimentación de elevada resistencia a la compresión.
Firmado por Andrés López
Director Técnico en Geonovatek