La presión energética de la IA redefine la estrategia de los centros de datos

La presión energética de la IA redefine la estrategia de los centros de datos.

Según Vertiv, el sector afronta picos de carga de alta densidad y mayor exigencia de fiabilidad.

El crecimiento de la inteligencia artificial (IA) está modificando los requisitos energéticos de los centros de datos, con un incremento de la presión sobre redes eléctricas e infraestructura asociada. La operación de plataformas de computación acelerada introduce perfiles de consumo más variables y de alta densidad, lo que obliga a priorizar diseños flexibles, escalables y con capacidades avanzadas de gestión energética, junto con objetivos de reducción de impacto ambiental.

En México, la Asociación Mexicana de Data Centers proyecta una inversión de 18.000 millones de dólares en los próximos cinco años, con la necesidad de incorporar 1,5 GW adicionales de capacidad para 2030. Este crecimiento sitúa a los centros de datos como cargas críticas dentro de la planificación del sistema eléctrico y de la expansión de redes locales.

A diferencia de cargas TI tradicionales, las aplicaciones de IA pueden generar picos impredecibles y concentrados que tensan los sistemas eléctricos existentes, elevando los requisitos de continuidad de servicio y resiliencia. Gustavo Pérez, director de Desarrollo de Mercado en Vertiv América Latina, señala que “los diseños de infraestructura flexibles y escalables son cruciales para permitir la innovación en IA, siempre y cuando las implementaciones y el uso no sean a expensas de la confiabilidad y la eficiencia”.

En mercados latinoamericanos donde los campus hiperescala se concentran geográficamente, la interacción entre centros de datos y red adquiere mayor relevancia. En este contexto, se plantea que los operadores avancen desde la eficiencia interna hacia un rol más activo en la estabilidad regional. Pérez añade que “esta evolución posiciona a la industria como un motor clave para acelerar inversiones, modernizar infraestructura y promover un ecosistema energético más robusto y sostenible”.

Entre las medidas técnicas para reducir la presión sobre la red destaca la adopción de soluciones interactivas con la red, como la integración de Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS) junto a Sistemas de Alimentación Ininterrumpida (UPS). Esta arquitectura permite almacenar energía en periodos de menor demanda y liberarla en picos, mitigando la carga sobre la red y habilitando el uso de controles de gestión energética para contribuir al equilibrio dinámico entre oferta y demanda.

En paralelo, el incremento del consumo sitúa la sostenibilidad como requisito operativo. Una transición mencionada es el reemplazo de baterías VRLA (plomo-ácido reguladas por válvula) por iones de litio (Li-ion), por su mayor vida útil, recarga más rápida y menor huella física, lo que reduce reemplazos y facilita la instalación. Además, se plantea su utilidad como elemento de integración con fuentes renovables variables, al aportar almacenamiento para respaldo.

Otras líneas de actuación incluyen:

  1. Diseñar para la flexibilidad: sistemas eléctricos modulares y escalables que acompañen el crecimiento de cargas de alto rendimiento.
  2. Integrar gestión energética avanzada: sistemas EPMS con datos en tiempo real para optimizar decisiones operativas y eficiencia.
  3. Colaboración tecnológica: soluciones y socios con experiencia para configuraciones personalizadas y expansión sin interrupciones.

Según Panfil, “estas innovaciones no solo reducen los costos operativos, sino que también se alinean con objetivos ambientales más amplios. El consumo de energía de los centros de datos ha puesto a la sustentabilidad en el centro de atención. Las buenas prácticas ambientalmente hoy ya no son opcionales”.

Pérez concluye que la cadena de energía del centro de datos se está convirtiendo en un eje de gestión y desarrollo tecnológico, y que la adaptación a cargas impulsadas por IA, la tensión de red y las exigencias de responsabilidad ambiental requerirá revisar cada etapa del suministro, “desde la red hasta el chip”.