La crisis geopolítica provocada por el conflicto con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han devuelto al primer plano un debate que parecía relegado en Europa: el papel estratégico del refino. En este contexto, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, defendió este jueves durante la Junta General de Accionistas de la compañía que España afronta el actual “shock” energético en una posición más sólida que gran parte de Europa gracias a las inversiones realizadas durante años en sus refinerías.
Brufau sostuvo que el sistema de refino español, que calificó como “el mejor de Europa”, ha permitido amortiguar el impacto de las disrupciones en el suministro de combustibles derivados del petróleo, especialmente queroseno y diésel, dos productos especialmente afectados por el cierre parcial del estrecho de Ormuz.
Mientras Europa ha clausurado 35 refinerías en los últimos quince años, España mantiene ocho instalaciones capaces de procesar crudos de orígenes diversos, principalmente procedentes de la cuenca atlántica. Según el presidente de la energética, esa apuesta inversora está siendo ahora determinante para garantizar el suministro y contener la vulnerabilidad energética del continente.
El directivo lanzó además un mensaje crítico hacia Bruselas. Reclamó a la Unión Europea eliminar barreras regulatorias y financieras que dificultan las inversiones en petróleo y gas, al tiempo que pidió un marco “tecnológicamente neutral” que incentive los combustibles renovables en igualdad de condiciones frente a la electrificación.
Brufau advirtió de que Europa sigue dependiendo de las importaciones para cerca del 60% de la energía que consume, una situación que, a su juicio, coloca al bloque en una posición de “vulnerabilidad” frente a potencias como Estados Unidos, que gozan de mayor autosuficiencia energética. En ese sentido, defendió no renunciar a la explotación de recursos propios, incluidos los hidrocarburos.
Más dividendo y recompras de acciones
La Junta de Accionistas también sirvió para reforzar el mensaje financiero de la compañía. El consejero delegado, Josu Jon Imaz, anunció que el dividendo por acción crecerá entre un 6% y un 9% anual hasta 2028, apoyado tanto en mayores pagos en efectivo como en programas de recompra y amortización de acciones.
Para 2026, la retribución total alcanzará los 1,051 euros brutos por acción, un 7,8% más que el ejercicio anterior. Además, los accionistas aprobaron un dividendo adicional de 0,53 euros con cargo a reservas, previsto para enero de 2027.
La petrolera prevé destinar entre el 30% y el 40% del flujo de caja operativo a remunerar a sus accionistas durante el periodo 2026-2028, en una estrategia orientada a consolidar su atractivo bursátil en un contexto de elevada volatilidad energética.
Apuesta industrial y renovable
Pese al énfasis en el petróleo y el refino, Repsol insistió en que mantendrá su diversificación hacia negocios de bajas emisiones. Entre los principales proyectos industriales destacan la nueva planta de combustibles renovables de Puertollano, ya en fase de arranque; la futura planta demostrativa de combustibles sintéticos en Bilbao; la expansión del complejo portugués de Sines; y la Ecoplanta de Tarragona, prevista para entrar en operación en 2029.
En generación baja en carbono, la compañía prevé incorporar un gigavatio anual hasta alcanzar los 9 GW instalados en 2028. Paralelamente, su negocio de electricidad y gas aspira a superar los cuatro millones de clientes en ese mismo horizonte.
Imaz defendió que la prioridad actual de gobiernos y empresas pasa por asegurar energía “fiable y competitiva”, así como materias primas críticas y capacidad industrial propia. Un mensaje que refleja el cambio de tono que vive Europa tras años centrados exclusivamente en la descarbonización y que ahora empieza a equilibrar transición energética y seguridad de suministro.