El reto del Alcance 3 en farma
Cuando una farmacéutica audita su huella, los Alcances 1 y 2 son resolubles: plantas, calderas, electricidad comprada, generación propia. Existen contadores, facturas y factores de emisión bien establecidos. El Alcance 3, en cambio, abarca todo lo que ocurre fuera de los muros de la compañía, y dentro de ese territorio destaca una categoría: los bienes y servicios comprados, la Categoría 1 del GHG Protocol.
Principios activos, excipientes, solventes, packaging primario, intermedios químicos: cada uno con su origen geográfico, su proveedor real, su ruta logística y su receta de producción. El portfolio de una compañía de tamaño medio supera fácilmente los miles de SKUs, y cada uno requeriría, en rigor, un estudio de huella propio. Se suma la complejidad de la cadena química, multinacionalidad, mezclas sin composición exacta y diferencias regulatorias entre jurisdicciones sobre qué bases de datos se aceptan.
Mientras tanto, el marco aprieta: CSRD y ESRS E1 obligan a divulgar el Alcance 3 con detalle; SBTi exige cubrirlo cuando representa una parte significativa del total, lo que en el sector es casi siempre; la Green Claims Directive endurece la comunicación ambiental, y el ESPR, con su Pasaporte Digital de Producto, hará que parte de esta información viaje pública con cada referencia. No hacer nada deja de ser una opción; hacerlo a mano deja de ser viable.
Por qué entender el dato importa
«Lo que no se mide no se gestiona», se repite en sostenibilidad. Es cierto, pero tiene un corolario incómodo: lo que se mide mal se gestiona peor que lo que no se mide. Una huella de Alcance 3 calculada con datos opacos y rangos de error desconocidos puede llevar a sustituir un proveedor por otro objetivamente peor, a reformular en la dirección equivocada o a vender al cliente una reducción que en realidad no ha ocurrido.
El problema no son las aproximaciones o estimaciones. Donde los datos primarios escasean son inevitables: si un proveedor no publica una huella de producto verificada conforme a marcos como PACT o ISO 14067, alguien tiene que estimar. El problema son los proxies opacos: cifras únicas, sin trazabilidad, sin rango de incertidumbre, presentadas con el mismo aspecto que un dato medido y no auditable.
Un proxy útil cumple tres condiciones: declara su metodología y su frontera de sistema, declara la base de inventario en la que se apoya y declara su confianza. Cuando un valor viaja con su banda mínimo–medio–máximo, el equipo de sostenibilidad sabe dónde mirar primero: las materias con banda ancha merecen el esfuerzo de pedir un dato primario al proveedor; las de banda estrecha pueden mantenerse en su nivel actual sin pérdida material de rigor. La incertidumbre, lejos de ser un problema a esconder, es una herramienta de priorización: gobierna el portfolio de proveedores, justifica inversiones en intercambio de datos y construye una hoja de ruta defendible ante auditores, inversores y reguladores.
Cinco principios para gestionar el Alcance 3 en farmacéutica
Llevarlo a la práctica exige fijar cinco principios que cualquier sistema de cálculo a escala portfolio debería respetar.
1. Jerarquía explícita de fuentes de datos. Cada material merece el mejor dato razonablemente disponible. El orden lógico arranca en el dato primario del proveedor, sigue con datos regionales alineados con la jurisdicción del cliente, luego datos sectoriales verificados —cuando existen—, inventarios de ciclo de vida de propósito general y, en último recurso, modelos de estimación claramente identificados como tales. La jerarquía debe ser facultativa y operar material a material: gana siempre la mejor fuente disponible, no la fuente por defecto del software.
2. Conciencia de jurisdicción. Un revisor estadounidense da por buenas bases nacionales que no son las preferidas por un auditor europeo, y a la inversa. Un sistema serio elige qué referencia aplicar en función del marco regulatorio del usuario final del informe, no del país donde se aloja el servidor.
3. Métricas estandarizadas. Comunicar en kg CO₂ equivalente solo es útil si el método de caracterización es comparable. IPCC 2021 con horizonte GWP100, incluyendo CO₂ biogénico y SLCFs, es la referencia internacional habitual. La frontera del sistema —cradle-to-gate en categoría 1— debe declararse, como la base de inventario de referencia, típicamente Ecoinvent en su versión estable.
4. Producción y transporte sobre la misma base. Ambos deben expresarse en kg CO₂e por kg de material y compartir la misma frontera, de forma que sumen en una cifra coherente. Mezclar fronteras —p. ej., producción cradle-to-gate con transporte «well-to-wheel»— produce cifras de aspecto profesional pero metodológicamente inconsistentes.
5. Bandas de confianza visibles. Cada valor debe ir acompañado de su banda mínimo–medio–máximo. La incertidumbre del transporte se reporta por separado de la del material, para que la calidad de la información logística no distorsione la confianza atribuida al proceso productivo.
El caso: una nueva solución para los materiales del portfolio
Estos principios no son teóricos. Sobre ellos hemos desarrollado en Kemchain, dentro de nuestra plataforma IA-HUB, una solución específicamente orientada a la huella de los materiales del portfolio.
La lógica es directa. Para cada material, el sistema entrega un factor de emisión de producción en kg CO₂e por kilogramo, antes de transporte. A continuación calcula las emisiones de la ruta real triangulada origen de obtención → transformación → proveedor → cliente, con desglose por modo (carretera, ferrocarril, marítimo, aéreo). Ambos valores comparten frontera de ciclo de vida y se suman en una huella material única. Cada cifra viaja con su banda mínimo–medio–máximo, y la incertidumbre del transporte se reporta separada de la del material para no contaminar la lectura.
Internamente, el sistema aplica una jerarquía facultativa de fuentes y recurre a proxies trazables, contrastados frente a referencias internacionales de inventario de ciclo de vida, solo cuando no existen datos primarios. El trabajo metodológico se ha realizado en colaboración con un centro universitario de investigación de referencia, en lo que entendemos como un ejemplo concreto de cooperación academia-industria al servicio de un problema que ningún actor puede resolver en solitario.
Conviene el límite honesto: este tipo de sistemas estiman la huella a escala portfolio con rigor de gestión, pero no sustituyen una evaluación de ciclo de vida formal cuando esta es legalmente exigida, por ejemplo, para etiquetas o certificados ambientales. Su ámbito es otro: gobernar el conocimiento del Alcance 3 a la velocidad y al volumen al que opera una farmacéutica.
La descarbonización del Alcance 3 en el sector no se resuelve con un cálculo único ni con un informe anual. Se gestiona como cualquier otro proceso crítico: con un sistema que entrega datos defendibles a escala portfolio, distingue lo que sabe de lo que estima, prioriza dónde mejorar y permite al equipo de sostenibilidad invertir su tiempo donde tiene impacto. Esa es, en nuestra opinión, la próxima frontera competitiva del sector.
Artículo escrito por:
Germán Castillo
CEO - Fundador
Kemchain