En el actual contexto de transición energética, caracterizado por la necesidad urgente de reducir emisiones de gases de efecto invernadero, disminuir la dependencia de combustibles fósiles y optimizar el uso de los recursos naturales, la bioenergía adquiere un papel cada vez más relevante. Dentro de este ámbito, la biomasa emerge como una de las soluciones más versátiles y estratégicas, especialmente en territorios con una elevada disponibilidad de recursos forestales, como es el caso de Cataluña.
La biomasa no solo representa una fuente de energía renovable, sino que también constituye un nexo entre la gestión del territorio, la actividad económica y la sostenibilidad. Su desarrollo permite abordar de manera simultánea retos energéticos, forestales y socioeconómicos, posicionándola como un vector imprescindible en las políticas de transición energética.
Cataluña: un territorio forestal con retos estructurales
Cataluña presenta una elevada superficie forestal, que cubre aproximadamente el 64,7% del territorio, con más del 40% correspondiente a bosque arbolado.
La estructuración de la propiedad forestal en Cataluña, con aproximadamente el 75% en manos privadas, con fincas de poca superficie, han contribuido, entre otros factores, al abandono de las masas forestales. Actualmente, la tasa de aprovechamiento del crecimiento anual de los bosques se sitúa en torno al 28%, resultando de este modo una gran acumulación de biomasa en todo el territorio.
En los últimos años, el crecimiento del consumo de biomasa de forma local, ha hecho que aproximadamente el 60% de la producción de los bosques catalanes se destine a usos energéticos, lo que pone de manifiesto su gran valor estratégico, además de reflejar los grandes beneficios ambientales y de prevención de incendios que esto representa para el país y para la propiedad.
Bioeconomía forestal y crecimiento de infraestructuras
La bioeconomía forestal se plantea como un enfoque estratégico para transformar los recursos forestales en productos de valor añadido, promoviendo al mismo tiempo la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico. En este contexto, la biomasa adquiere un papel central como recurso energético.
El desarrollo de la cadena de valor de la biomasa, desde la gestión forestal sostenible hasta su uso energético, permite integrar múltiples actores y fomentar un modelo más resiliente y competitivo. Además, su papel en la prevención de incendios, mediante la gestión activa de los bosques, refuerza su valor ambiental y social.
El crecimiento del sector de la biomasa en Cataluña es ya una realidad consolidada. El consumo ha aumentado en torno a un 10% en el último año, impulsado principalmente por la astilla industrial.
Uno de los desarrollos más relevantes es la expansión de redes de calor con biomasa. En 2024 se pusieron en marcha 33 nuevas redes de calor en Cataluña, lo que la sitúa como una de las regiones líderes en este tipo de infraestructuras a nivel estatal. Estas instalaciones permiten suministrar energía térmica a edificios y distritos completos, mejorando la eficiencia energética y reduciendo emisiones. Se estima que contribuyen a evitar cerca de 248.000 toneladas de CO₂ anuales, reforzando su papel en las estrategias de descarbonización.
El crecimiento se está concentrando, especialmente, en el sector industrial; como lo demuestran ejemplos de empresas como Alier o Nestlé, grandes consumidoras de energía térmica. La papelera Alier ha puesto en marcha una caldera de biomasa de 36 MW térmicos —capaz de generar unas 50 toneladas de vapor por hora— que consume alrededor de 80.000 toneladas anuales de astilla forestal y permite reducir hasta un 95% sus emisiones de CO₂ y prácticamente eliminar el uso de gas natural. Por su parte, Nestlé ha integrado la biomasa en varias de sus fábricas. En sus instalaciones de Girona, sus dos calderas cubren cerca del 80% de la demanda energética de la planta.
Ambos casos evidencian cómo la biomasa no solo contribuye a la reducción de emisiones, sino que también impulsa el desarrollo de cadenas de suministro locales, consolidándose como una alternativa sólida y madura para la transición energética del sector industrial y empresarial.
Impacto económico y generación de empleo
Más allá de su contribución energética y ambiental, la biomasa tiene un impacto directo en la economía del territorio. Su desarrollo impulsa la creación de empleo estable y actividad económica, contribuyendo a fijar población y a dinamizar economías locales.
Las previsiones apuntan a la creación de hasta 1.000 puestos de trabajo (crecimiento progresivo hasta el año 2027) y al aprovechamiento de más de 730.000 toneladas anuales de biomasa forestal.
Retos y factores clave para la consolidación del sector
A pesar de su potencial, el desarrollo de la biomasa en Cataluña enfrenta distintos retos. Entre los principales destacan la necesidad de reforzar la gestión forestal activa, tanto por parte de las administraciones públicas como de la propiedad privada. Aumentar la inversión pública, facilitar el acceso al recurso mediante, entre otros, la simplificación de los procesos administrativos y hacer más atractivo el sector para la incorporación de nuevos profesionales.
Asimismo, resulta imprescindible reforzar la concienciación social sobre los beneficios de la biomasa y la bioenergía como fuentes energéticas renovables, fiables y sostenibles. Su aceptación no debe entenderse únicamente desde una perspectiva energética, sino también como una herramienta directamente vinculada a la mejora del territorio. Una gestión forestal activa y sostenible, apoyada en la valorización de la biomasa, contribuye de forma decisiva a la reducción del riesgo de incendios, a la conservación de los ecosistemas y a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, generando un impacto positivo tanto ambiental como socioeconómico.
En este contexto, la coordinación entre los distintos agentes del sector —empresas, administraciones públicas, centros de investigación y actores territoriales— se convierte en un factor clave para la consolidación y el crecimiento del modelo. Solo a través de la colaboración y la alineación de objetivos será posible desarrollar una cadena de valor sólida, eficiente y sostenible, capaz de maximizar el aprovechamiento del recurso, impulsar la innovación y garantizar el papel estratégico de la biomasa en la transición energética y en el desarrollo equilibrado del territorio.
Beneficios en múltiples ámbitos: energía, territorio y economía
El uso de la bioenergía genera beneficios tangibles en múltiples ámbitos. Desde el punto de vista energético, contribuye a diversificar el mix energético y a reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, reforzando la seguridad de suministro y la resiliencia del sistema energético. En el ámbito ambiental, desempeña un papel clave en la mitigación del cambio climático, al tiempo que favorece una gestión más activa y sostenible de los ecosistemas forestales.
Desde una perspectiva territorial, la bioenergía se consolida como una herramienta fundamental para la dinamización del medio rural. Su cadena de valor —que abarca desde la extracción y el aprovechamiento de los recursos forestales, hasta su transformación, logística y uso final— genera actividad económica y empleo local. De este modo, contribuye a fijar población en zonas rurales, a fortalecer el tejido productivo y a combatir los procesos de despoblación, integrando sostenibilidad ambiental y desarrollo socioeconómico.
Artículo escrito por:
Cluster de Bioenergía de Cataluña