La cuestión ya no es demostrar su potencial. Ese debate está superado. El verdadero reto consiste en crear las condiciones que permitan transformar ese potencial en proyectos operativos, inversión productiva y energía renovable disponible, asequible y competitiva para los consumidores y las industrias de nuestro país.
Esta reflexión adquiere una relevancia especial en un momento en el que Europa trata de responder simultáneamente a varios desafíos estratégicos: acelerar la descarbonización, reforzar su autonomía energética, preservar la competitividad industrial y reducir vulnerabilidades geopolíticas. Iniciativas como REPowerEU, la Directiva RED III o el Clean Industrial Deal responden precisamente a esa necesidad de combinar política climática y política industrial. En ese contexto, el biometano emerge como una de las tecnologías con mayor capacidad para aportar resultados tangibles a corto y medio plazo.
La experiencia de los últimos años ha puesto de manifiesto que la transición energética no puede construirse únicamente sobre objetivos de descarbonización. La resiliencia del sistema, la seguridad de suministro y la asequibilidad de la energía continúan siendo factores determinantes. El pasado año volvió a demostrar la importancia de contar con infraestructuras energéticas robustas y diversificadas, capaces de responder ante situaciones de elevada complejidad operativa y de adaptarse a un entorno energético cada vez más exigente.
El sistema gasista español constituye un buen ejemplo de ello. Con plena disponibilidad operativa durante todo el ejercicio, una elevada diversificación de aprovisionamientos y la mayor capacidad de regasificación de la Unión Europea, ha seguido desempeñando una función esencial tanto para el suministro nacional como para la seguridad energética del conjunto del continente. Esta realidad es fruto de décadas de planificación e inversión que han dotado a España de una posición diferencial en Europa y que hoy ofrecen una ventaja competitiva adicional: disponer de una red preparada para integrar cantidades crecientes de gases renovables.
Precisamente una de las principales fortalezas del biometano radica en su capacidad para aprovechar infraestructuras ya existentes. Frente a otros procesos de transformación energética que requieren el despliegue de nuevas redes o tecnologías todavía incipientes, el biometano puede integrarse de forma inmediata en el sistema gasista actual, facilitando una transición eficiente desde el punto de vista económico y acelerando la obtención de resultados. Al mismo tiempo, estas infraestructuras constituyen una base estratégica para acompañar, mediante las adaptaciones necesarias, el desarrollo futuro de otros vectores energéticos renovables como el hidrógeno.
Los avances registrados por el sector durante los últimos años son indudables. El número de instalaciones operativas continúa creciendo, la cartera de proyectos mantiene una evolución positiva y el interés inversor se ha consolidado de forma significativa. Sin embargo, el dato verdaderamente relevante es que España dispone de un potencial estimado de producción de biometano de alrededor de 163 TWh anuales, uno de los mayores de Europa. Hablamos de un volumen capaz de cubrir alrededor de la mitad de la demanda actual de gas natural mediante recursos renovables de origen nacional procedentes, fundamentalmente, de residuos agrícolas, ganaderos, urbanos e industriales.
Pero disponer de recurso, tecnología y proyectos no garantiza por sí mismo el éxito. El despliegue efectivo del biometano depende, en gran medida, de la existencia de un entorno regulatorio estable, predecible y coherente. Y es precisamente aquí donde se concentra hoy buena parte del debate.
La presentación del proyecto de Real Decreto de impulso al biometano supone, sin duda, una de las iniciativas regulatorias más relevantes de los últimos años para el sector. La introducción de una senda obligatoria de penetración de biometano constituye una señal positiva porque aporta visibilidad sobre la evolución futura de la demanda y contribuye a reducir parte de la incertidumbre que tradicionalmente ha condicionado las decisiones de inversión. La financiación de proyectos intensivos en capital requiere horizontes temporales amplios y un marco suficientemente estable para garantizar su viabilidad económica. Desde esta perspectiva, la propuesta representa un paso en la dirección correcta.
Sin embargo, sería un error considerar que el establecimiento de cuotas, por sí solo, resolverá los desafíos pendientes. La experiencia de los países europeos que han liderado el desarrollo del biometano demuestra que el éxito depende de la combinación de múltiples factores que deben actuar de forma coordinada.
En primer lugar, resulta imprescindible acelerar los procedimientos administrativos. Europa ha reconocido expresamente el carácter estratégico de las energías renovables mediante figuras como el interés público superior. España debe avanzar con la misma ambición si quiere aprovechar plenamente la oportunidad que representa el biometano. La duración de los procesos de autorización continúa siendo uno de los principales obstáculos para numerosos proyectos.
En segundo lugar, es necesario proporcionar seguridad jurídica y certidumbre regulatoria a lo largo de toda la cadena de valor. Aspectos como los procedimientos de conexión, el reconocimiento de determinadas infraestructuras asociadas a la inyección en red o la adecuada coordinación entre los distintos procesos administrativos deben ofrecer reglas claras y previsibles que permitan reducir riesgos y facilitar la toma de decisiones empresariales.
Asimismo, el desarrollo del mercado requiere preservar la coherencia con el marco regulatorio europeo. La construcción de un mercado interior eficiente de gases renovables exige reconocer plenamente los mecanismos de acreditación de sostenibilidad previstos por la normativa comunitaria, evitando duplicidades regulatorias innecesarias y favoreciendo la integración efectiva de los distintos mercados nacionales.
Igualmente, importante es garantizar que la transición energética avance de forma compatible con la competitividad industrial. Europa afronta actualmente un intenso debate sobre el coste de la energía y su impacto sobre los sectores expuestos a la competencia internacional. La descarbonización constituye una oportunidad para fortalecer la industria, no para debilitarla. Por ello, los instrumentos de promoción deben diseñarse con criterios de proporcionalidad y equilibrio, prestando especial atención a aquellas actividades para las que la energía constituye un factor crítico de competitividad.
Existe además un elemento adicional que merece relevante atención. El desarrollo del biometano requiere también consolidar la confianza social en los territorios donde se implantan los proyectos. La aceptación social no puede abordarse como un trámite administrativo más. Constituye una condición necesaria para garantizar un despliegue ordenado, sostenible y duradero. La transparencia, el diálogo temprano y la generación de valor compartido deben formar parte de cualquier estrategia de desarrollo sectorial.
Junto a todo ello, las infraestructuras seguirán desempeñando un papel determinante. La integración creciente de gases renovables exigirá redes seguras, digitalizadas y preparadas para operar en un entorno energético cada vez más complejo. Por tanto, el marco retributivo debe reconocer adecuadamente esta realidad, proporcionando la estabilidad necesaria para acometer las inversiones que demanda la transición energética.
El Salón del Gas Renovable de Valladolid vuelve a constituir un excelente espacio para debatir sobre todos estos desafíos. Nuestro país cuenta con recursos, conocimiento técnico, infraestructuras y capacidad empresarial para situarse entre los líderes europeos del biometano.
España reúne hoy condiciones difíciles de encontrar simultáneamente en otros países europeos: recursos disponibles, infraestructuras consolidadas, conocimiento técnico, capacidad empresarial y un creciente interés inversor. El desafío ya no consiste en demostrar las posibilidades del biometano, sino en crear las condiciones que permitan traducirlas en proyectos operativos, producción renovable y actividad económica sobre el territorio. La diferencia entre los países que lideran las grandes transformaciones industriales y aquellos que simplemente las observan rara vez reside en la disponibilidad de recursos. Radica, sobre todo, en la capacidad de reconocer una oportunidad estratégica y actuar en consecuencia. La pregunta ya no es si España puede desempeñar un papel de liderazgo en esta transformación, sino si está dispuesta a aprovechar plenamente una ventaja que pocos países tienen a su alcance. Porque el futuro energético no pertenece a quienes identifican las oportunidades, sino a quienes tienen la visión y la determinación necesarias para convertirlas en realidad.
Artículo escrito por:
Joan Batalla
Presidente
Sedigas