Cogeneración industrial: llegó la hora de invertir

ACOGEN

Las subastas de 1.200 MW abren un ciclo de inversión de más de 2.200 millones de euros para transformar la energía de nuestras industrias. El reto: convertir esa oportunidad en proyectos viables y competitivos.

El pasado julio se publicó el marco regulatorio de las subastas de cogeneración, muy esperado por las industrias tras años de retraso. El Real Decreto 530/2026 y la Orden TED/672/2026 abrieron el camino para adjudicar un nuevo régimen retributivo a 1.200 MW en 2026 y 2027. Posteriormente, la propuesta de resolución de la primera convocatoria concretó el reparto de los primeros 600 MW y fijó el 10 de diciembre como fecha prevista para su celebración. Expectantes e impacientes de que el Ministerio publique en el BOE este mes de septiembre la resolución confirmando la fecha de la primera subasta; por fin y tras cinco años de espera, llega la hora de decidir e invertir. 

La oportunidad tiene una dimensión industrial de primer orden: más de 2.200 millones de euros de inversión potencial para modernizar cogeneraciones existentes y desarrollar nuevas plantas con gas natural preparadas para utilizar hidrógeno renovable, así como cogeneraciones con biomasa. En la propuesta de primera subasta, aproximadamente el 71% de la potencia se destina a modernizar instalaciones existentes de gas, el 16% a cogeneraciones con biomasa y el 13% a nuevas plantas de gas preparadas para hidrógeno. Una distribución que reconoce la necesidad de renovar el parque cogenerador y abre espacio a nuevos proyectos.

Detrás de estos megavatios hay cientos de empresas alimentarias, químicas, papeleras, cerámicas, de refino y de otros muchos sectores. Las industrias que cogeneran representan el 20% del PIB industrial español y mantienen más de 200.000 empleos directos. Para ellas, la energía es decisiva: condiciona los costes, los márgenes y las decisiones sobre dónde producir e invertir. Renovar su cogeneración supone reforzar sus posibilidades de seguir fabricando en España y afrontar la descarbonización con competitividad gracias a herramientas adaptadas a sus procesos: la cogeneración y otros activos hibridados.

El marco llega en un momento especialmente complejo. Durante estos cinco años de parálisis regulatoria, la cogeneración ha sufrido un severo declive;  mientras las industrias afrontaban crisis energéticas, volatilidad y una creciente presión competitiva internacional. La espera ha acumulado necesidades de renovación, ha desgastado la capacidad de muchas empresas para acometerlas y ha minado la confianza inversora. Ahora se abre una oportunidad muy necesaria y reclamada, pero convertirla en decisiones firmes de inversión exigirá un esfuerzo considerable.

Nuevo marco tecnológico: neutralidad tecnológica, flexibilidad y adaptación 

Uno de los mayores aciertos del nuevo marco es su amplitud tecnológica. Cada industria podrá diseñar su propio sistema energético, combinando cogeneración con almacenamiento eléctrico y térmico, electrificación del calor, adecuación al hidrógeno, captura de CO₂ y digitalización. Las inversiones elegibles permiten abordar una transformación que va más allá de sustituir un motor o una turbina. Permiten reconsiderar cómo se produce, se consume y se gestiona la energía de sectores industriales clave en función de las singularidades de cada fábrica.

La cogeneración aporta la mejor base de alta eficiencia y gestión sobre la que integrar otras tecnologías y ampliar las opciones de operación de la industria. Es un «traje a medida» que nace de las necesidades de cada proceso industrial, de cada instalación y de su evolución prevista. La continuidad y nivel de temperatura de la demanda térmica, los turnos de producción, las posibilidades de almacenamiento o la disponibilidad de conexión eléctrica, y unos mercados con una enorme variabilidad y volatilidad determinan qué combinación resulta más adecuada. La fórmula infalible será máxima eficiencia, flexibilidad e hibridación, ligadas a una transformación digital profunda de las operaciones energéticas y su gestión en los diferentes mercados y plazos.

La flexibilidad adquiere así un valor central. Habrá momentos en los que resulte más competitivo cogenerar electricidad y calor, otros en los que convenga consumir electricidad de la red, electrificar determinados usos térmicos o aprovechar energía previamente almacenada. Y siempre el objetivo será generar valor para la industria, tanto cuando funcione la cogeneración como cuando esté parada. Lograrlo requerirá activos bien dimensionados, una gestión avanzada y capacidad para responder y generar valor en los mercados sin comprometer las necesidades de la fábrica.

 

El modelo económico: clave para la viabilidad del proyecto 

El modelo económico retributivo que otorgan las subastas de 12 años —y 20 para la biomasa— también debe entenderse con esta misma visión de conjunto. Responde a una lógica TOTEX —Total Expenditure o gasto total— que considera conjuntamente la inversión, el CAPEX, y la operación, el OPEX. Así, el régimen regulado por el que las industrias compiten para ser adjudicatarias combina una retribución a la inversión y otra a la operación. La viabilidad del proyecto dependerá del equilibrio entre todos estos elementos durante su vida útil ya que, ahora, con el nuevo marco, recibir una retribución a la inversión es tan imprescindible como ser flexibles para no producir generando pérdidas operativas en momentos de mercado eléctrico con precios deprimidos o negativos.

Las empresas competirán para ser adjudicatarias ofertando un porcentaje de descuento sobre la inversión de referencia. La adjudicación es marginalista para cada producto: las ofertas aceptadas recibirán el descuento de la última oferta casada para cada producto. Por tanto, la decisión de cuánto ofertar exige conocer bien el proyecto y sus límites económicos. El resultado de la subasta determinará los ingresos regulados con los que deberá sostenerse la inversión y la operación.

Y aquí es donde aparece una de las principales tensiones del nuevo esquema. Las retribuciones a la operación se han reducido significativamente respecto a las de las instalaciones actuales. En consecuencia, la retribución a la inversión adquiere un peso imprescindible para el equilibrio económico de las plantas. Aplicar descuentos elevados en las subastas puede comprometer ese equilibrio, aunque permita obtener una adjudicación en un contexto de alta demanda por las industrias. Cada empresa deberá evaluar con rigor qué descuento puede asumir y qué ingresos necesita preservar para que el proyecto sea viable.

Estamos ante un cambio estructural: más inversión y flexibilidad, pero menor retribución a la operación. La rentabilidad dependerá cada vez más de combinar adecuadamente los activos ampliando opciones, y de gestionar cuándo y cómo utilizarlos. Habrá que valorar escenarios de electricidad, gas y CO₂, así como la evolución de la producción industrial y estrategias de operación combinada. Estas decisiones condicionarán la competitividad energética de las fábricas durante muchos años, por eso la capacidad de adaptarse a cada situación, de flexibilizar la producción energética, es vital.

 

El tiempo corre en contra 

La industria lleva años esperando este marco inversor, las necesidades acumuladas para renovar instalaciones son altas; cabría esperar una demanda de inversión muy superior a la potencia convocada. De hecho, la norma exige que la demanda de las industrias sea al menos un 20% superior a la potencia ofertada por el Ministerio. 

Sin embargo, tener una planta que requiere actualizarse, querer invertir y disponer de un proyecto aprobado para concurrir en la subasta, son situaciones diferentes. La secuencia regulatoria de los últimos meses ha introducido incertidumbres y retrasos inesperados que pueden condicionar la participación efectiva de las empresas. El retraso de cinco años no ha permitido diseñar las inversiones porque no se conocía el marco y los requisitos del mismo en eficiencia, ambientales y operativos han sido ignotos hasta julio 2026.

Las condiciones definitivas del marco se conocieron el 30 de julio y la convocatoria sigue su tramitación: urge se haga firme. Sin la publicación en el BOE no hay seguridad jurídica y los Consejos de Administración no pueden tomar decisiones. Con la información que se publique, las industrias deberán estudiar alternativas, solicitar ofertas, definir proyectos, evaluar riesgos y obtener las autorizaciones internas de inversión… y todo ello en un plazo “exprés” de dos meses. En los grupos multinacionales, los proyectos españoles compiten por recursos con otras fábricas y países. Completar ese recorrido, en un contexto industrial tan exigente, supone un reto que esperemos que nuestras industrias culminen con éxito.

A ello se añade un factor industrial determinante: la disponibilidad de bienes de equipo ante la creciente demanda. Los suministradores están trasladando plazos que pueden alcanzar cuatro o cinco años, ligados a importantes incrementos de precios. La demanda mundial de generación, impulsada por los centros de datos y las industrias de aviación y defensa -emplean los mismos equipos que la cogeneración- ha tensionado las cadenas de suministro a una situación sin precedentes, lo que complica, aún más si cabe, la ya compleja planificación para participar en las subastas, y la convierte en una variable decisiva para diseñar y ejecutar los proyectos en el plazo permitido de cuatro o cinco años. Sin olvidar la disponibilidad de accesos a la red, que puede ser motivo de reversión justificada de proyectos.

Que la industria atraviesa momentos de profunda incertidumbre es conocido por todos; y que debe invertir para competir, también, siendo esta su mejor garantía de supervivencia ante una transición energética -europea- que la está llevando a la “UCI”. La cogeneración ofrece una herramienta contrastada de alta eficiencia y una plataforma para incorporar nuevas soluciones energéticas. Bien diseñada y gestionada, afronta con éxito la volatilidad, aprovecha las oportunidades de los mercados y avanza hacia la descarbonización desde las necesidades reales de cada fábrica. Su renovación forma parte de las decisiones que determinarán el futuro de buena parte de nuestra industria intensiva en energía.

Desde ACOGEN confiamos en que el Ministerio promulgue cuanto antes la resolución de la primera subasta, condición sine qua non para que las empresas evalúen las condiciones y encuentren la confianza necesaria para acudir a las subastas. Su éxito deberá medirse en inversiones ejecutadas, plantas operativas y mejoras de competitividad para las industrias. La industria precisa resultados que permitan una rentabilidad razonable y sostengan los proyectos a largo plazo. 

En España ser cogenerador industrial en esta década ha requerido ser un héroe, sin políticas energéticas o industriales a favor. Tampoco ahora el entorno es menos exigente. Pero tras cinco años de espera, la oportunidad merece todo el esfuerzo. Es la hora de invertir en cogeneración y de afianzar el futuro industrial de España.

Artículo escrito por:
Javier Rodríguez director general ACOGEN (Asociación Española de Cogeneración)