Más allá del impacto puntual del apagón, el debate se inscribe en un escenario más amplio: el de una Europa que busca consolidar una base industrial propia en una tecnología que gana relevancia tanto para la estabilidad de la red eléctrica como para el avance de la transición energética.
Ese contexto se apoya en un mercado en expansión. Según SolarPower Europe, la Unión Europea instaló 27,1 GWh de nueva capacidad de almacenamiento en baterías en 2025, un 45% más que el año anterior, hasta alcanzar un total acumulado de 77,3 GWh. El crecimiento estuvo liderado por los proyectos de gran escala, que concentraron más de la mitad de las nuevas instalaciones, reflejando el peso creciente del almacenamiento en redes, renovables e infraestructuras energéticas.
A medida que crece ese mercado, aumenta también la atención sobre la autonomía industrial. En este caso, la cuestión no es solo instalar más baterías, sino decidir en qué medida Europa quiere fabricar dentro de su territorio una parte relevante de las tecnologías, materiales y equipos que necesitará durante la próxima década. En otras palabras, el almacenamiento se ha convertido también en una cuestión de capacidad productiva, seguridad de suministro y posición industrial.
Política industrial y tecnología
Europa ya cuenta con una base manufacturera significativa. En 2025 sumaba 252 GWh de capacidad nominal de fabricación de celdas, aunque la mayor parte de esa capacidad estaba orientada al vehículo eléctrico y no al almacenamiento estacionario. Al mismo tiempo, el sector sigue dependiendo en buena medida del exterior para distintos materiales, componentes y etapas de la cadena de suministro, lo que ha llevado a la Unión Europea a reforzar su estrategia en este ámbito.
Ese es precisamente el objetivo de normas como la Net-Zero Industry Act y el Critical Raw Materials Act. La primera busca impulsar la fabricación europea de tecnologías limpias estratégicas, entre ellas las baterías y el almacenamiento. La segunda fija metas para 2030 en extracción, procesamiento y reciclaje de materias primas estratégicas dentro de la UE, con la intención de reducir dependencias excesivas de terceros países y reforzar la seguridad del suministro.
La financiación pública también forma parte de ese movimiento. En 2024, la Comisión Europea lanzó una convocatoria específica de 1.000 millones de euros dentro del Innovation Fund para apoyar la fabricación de celdas de baterías en Europa. Aunque esta línea se dirige principalmente al ámbito de la batería, forma parte de un esfuerzo más amplio por consolidar una cadena de valor europea que abarque producción, innovación, reciclaje y escalado industrial.
El mercado europeo de baterías convencionales, principalmente enfocadas al ámbito de la movilidad, está hoy muy condicionado por la escala asiática, que concentra buena parte de la producción y de la cadena de suministro, mientras que en Europa el margen de crecimiento industrial es mayor en otras tecnologías y aplicaciones que todavía están en una fase más incipiente.
En ese escenario ganan visibilidad soluciones como el almacenamiento térmico, las baterías de flujo y otras alternativas orientadas a usos estacionarios, industriales o de larga duración, donde el mercado sigue menos maduro y ofrece más espacio para nuevos desarrollos. Este panorama muestra que la evolución industrial del almacenamiento en Europa no depende únicamente de la fabricación de baterías convencionales, sino también de la capacidad de posicionarse en segmentos tecnológicos que están todavía en expansión.
En este sentido, el almacenamiento se sitúa cada vez más en la intersección entre política energética y política industrial. El crecimiento del mercado europeo avanza junto a un esfuerzo por ampliar capacidad productiva, reforzar el acceso a materiales y reducir vulnerabilidades en la cadena de suministro. La autonomía no significa prescindir del comercio internacional, sino aumentar la capacidad europea de participar con más peso en una industria que será central en la próxima fase de la transición energética.
Este marco será también uno de los asuntos presentes en Battery & Energy Storage Tech Europe, que se celebrará en Barcelona en septiembre de 2026 y reunirá a empresas, centros tecnológicos e investigadores del sector. La cita llega en una etapa marcada por el crecimiento del mercado europeo del almacenamiento y por el desarrollo de nuevas herramientas para reforzar su dimensión industrial. Un contexto que, con todo, combina una expansión sostenida de la demanda, un avance significativo de los proyectos de gran escala y un esfuerzo político e industrial por reforzar la cadena de valor europea.