La descarbonización del sector farmacéutico plantea una serie de retos tecnológicos, como la reducción de emisiones GEI y el desarrollo de modelos circulares, sin comprometer la calidad del producto, la seguridad del paciente, la validación de procesos ni la continuidad del suministro. Además, el foco no puede limitarse a las operaciones internas. Según EFPIA, en las compañías farmacéuticas europeas más del 80% de las emisiones se concentra en el Scope 3, es decir, fuera de las emisiones directas de planta y de la energía comprada, principalmente en proveedores, materias primas, fabricación externalizada, logística, uso y fin de vida de los productos. Por ello, cualquier cambio en procesos, materiales, equipos, envases, logística o tratamiento de residuos debe convivir con requisitos estrictos de calidad, trazabilidad, integridad de datos y cumplimiento regulatorio. La pregunta relevante ya no es si la farmacia puede ser más circular, sino en qué puntos de la cadena de valor pueden introducirse estrategias de circularidad sin comprometer su modelo de negocio.
La oportunidad se presenta en convertir la descarbonización farmacéutica en un proyecto técnico de innovación industrial, no en una declaración ambiental. Una estrategia madura debe actuar sobre materias primas, principios activos, excipientes, disolventes, agua, envases primarios y secundarios, residuos peligrosos, equipos de laboratorio, cadena de frío, logística, inventarios, devoluciones, compras y proveedores. La economía circular aplicada a farma no consiste únicamente en reciclar más, sino en reducir pérdidas, extender la vida útil de activos, recuperar valor, sustituir materiales críticos, digitalizar flujos y diseñar procesos más eficientes desde el origen.
El punto de partida técnico es la cadena farmacéutica circular. El sector trabaja con materiales y procesos de alto valor y elevada sensibilidad regulatoria, como materias primas, medicamentos caducados o no utilizados, lotes rechazados, consumibles de un solo uso, envases multicapa, residuos citotóxicos, disolventes, efluentes con trazas de ingredientes farmacéuticos activos y equipos sometidos a ciclos intensivos de uso. Aunque muchos de estos elementos no pueden reincorporarse directamente al proceso por razones sanitarias, sí pueden gestionarse con mayor eficiencia mediante prevención de residuos, planificación avanzada de inventarios, segregación inteligente, recuperación de compuestos y materiales, valorización controlada, ecodiseño de envases y tratamiento específico de corrientes líquidas. Algunas líneas de actuación con potencial técnico claro son la recirculación de disolventes, el uso de sistemas predictivos para reducir caducidades, la optimización del tamaño de lote para minimizar rechazos, el rediseño de envases secundarios y la depuración avanzada de efluentes con APIs.
La digitalización es el habilitador crítico. Sin datos fiables, la circularidad no puede validarse. Una planta o cadena farmacéutica que quiera reducir su huella ambiental necesita conocer con precisión qué materiales entran, dónde se consumen, qué pérdidas se producen, qué equipos están infrautilizados, qué residuos se generan, qué proveedores concentran mayor impacto y qué alternativas cumplen los requisitos técnicos. Tecnologías como IoT, RFID, analítica avanzada, blockchain, gemelos digitales, sistemas de gestión ambiental conectados y pasaportes digitales de producto pueden ayudar a vincular trazabilidad industrial con trazabilidad ambiental.
Este enfoque tiene especial relevancia en compras y proveedores. Una parte importante del impacto ambiental de una compañía farmacéutica se decide antes de que empiece la fabricación (selección de materias primas, diseño de envases, condiciones logísticas, consumibles, equipos, embalajes, contratos de mantenimiento y servicios auxiliares). La compra verde en farma debe evolucionar desde criterios genéricos de sostenibilidad hacia especificaciones técnicas verificables, como la huella de carbono, análisis de ciclo de vida, contenido reciclado o bio-basado, reciclabilidad, reparabilidad, reducción de embalaje, menor peligrosidad, eficiencia de equipos, capacidad de devolución, disponibilidad de repuestos y modelos de fin de vida.
También existe margen en la servitización y extensión de vida útil del equipamiento. Laboratorios, salas de control de calidad, plantas piloto y áreas de producción utilizan instrumentación compleja, equipos analíticos, sistemas auxiliares y activos técnicos que pueden beneficiarse de modelos de mantenimiento predictivo, reacondicionamiento, actualización, leasing, pago por disponibilidad o reutilización de componentes. Esto permite reducir residuos, evitar compras prematuras, mejorar la utilización de activos y desplazar el modelo de negocio desde la venta de producto hacia la prestación de función técnica validada.
La financiación pública puede acelerar esta transición si se estructura correctamente. Las empresas farmacéuticas no deberían presentar la circularidad como una actuación aislada de responsabilidad corporativa, sino como un proyecto de I+D+i, demostración o inversión industrial con hipótesis técnica, indicadores de impacto y ruta de escalado. Un buen proyecto debe definir el problema industrial, la solución tecnológica, el grado de madurez, las barreras regulatorias, el plan de validación, el análisis de ciclo de vida, la contribución a reducción de emisiones, los impactos en residuos, agua o materiales, y la replicabilidad en otras plantas o cadenas de suministro.
A nivel europeo, las oportunidades más sólidas se concentran en aquellos programas capaces de financiar demostración ambiental, innovación industrial y validación tecnológica. LIFE puede encajar en soluciones cercanas a mercado en economía circular, residuos, agua, eficiencia de recursos y reducción de contaminación. Horizon Europe Cluster 4, especialmente a través de la asociación Processes4Planet, ofrece un marco más técnico para proyectos de digitalización industrial, fabricación avanzada, trazabilidad, circularidad de materiales, procesos limpios y descarbonización de industrias de proceso. CBE JU puede ser relevante cuando la propuesta se vincule a biomateriales, envases bio-basados, valorización de subproductos o sustitución de materias primas fósiles. La Innovative Health Initiative debe considerarse solo cuando la circularidad farmacéutica se conecte con productos médicos, digital health, datos sanitarios, seguridad del paciente o colaboración público-privada en salud. Para soluciones maduras de descarbonización térmica, el Innovation Fund y esquemas como la Heat Auction pueden actuar como instrumentos de despliegue industrial, más que como financiación de I+D.
En España, el enfoque debe ser selectivo. CDTI es la vía más estable para proyectos empresariales de I+D orientados a nuevos procesos, productos o servicios, incluyendo tecnologías de trazabilidad, optimización de procesos, circularidad de materiales o digitalización industrial. Las ayudas a Proyectos de Cadena de Valor Industrial ofrecen un encaje especialmente interesante para empresas manufactureras que planteen inversiones vinculadas a innovación, sostenibilidad, eficiencia energética, descarbonización y digitalización. PROFARMA 2025-2026 puede reforzar el posicionamiento de compañías farmacéuticas con actividad de I+D, fabricación avanzada y sostenibilidad, aunque no debe presentarse como una ayuda de inversión directa, sino como un instrumento de competitividad sectorial. El PERTE de Descarbonización Industrial puede ser relevante si se confirman nuevas convocatorias y proyectos de planta con suficiente escala. IDAE y el Fondo Nacional de Eficiencia Energética pueden complementar actuaciones de mejora tecnológica en equipos, procesos y sistemas de gestión energética, especialmente cuando el proyecto esté más cerca de la inversión que de la I+D.
La novedad no está en afirmar que la industria farmacéutica debe ser más sostenible. Ese diagnóstico ya forma parte del consenso regulatorio, financiero e industrial. La verdadera novedad está en tratar la circularidad como una disciplina técnica financiable, con balances de masa, análisis de ciclo de vida, métricas ambientales, trazabilidad digital, validación industrial, gestión del riesgo, criterios de compra verde y modelos de negocio verificables. En este enfoque, la circularidad deja de ser una línea accesoria de sostenibilidad para convertirse en una herramienta de innovación aplicada a procesos, materiales, equipos, envases, logística y gestión de residuos.
La farmacia circular será competitiva si consigue reducir residuos sin comprometer la seguridad, reducir emisiones sin debilitar la calidad, introducir materiales alternativos sin afectar la estabilidad del producto, digitalizar datos ambientales sin poner en riesgo la integridad de los sistemas y rediseñar compras sin tensionar el suministro. Esta combinación exige inversión, colaboración y proyectos bien formulados.
En última instancia, la farmacia circular no debe entenderse únicamente como una vía para reducir emisiones, residuos o costes. Su valor estratégico reside también en su contribución a la calidad de vida del paciente. Las medidas circulares adquieren especial relevancia cuando inciden directa o indirectamente en la prevención, el diagnóstico, el tratamiento o el seguimiento sanitario, sin deteriorar la seguridad, la eficacia ni la accesibilidad del servicio. Una industria farmacéutica más circular puede contribuir a sistemas de salud más resilientes, con cadenas de suministro menos vulnerables, menor exposición a contaminantes, mejor gestión de residuos peligrosos, uso más eficiente de recursos críticos y mayor capacidad para sostener la innovación terapéutica en el tiempo.
El reto, por tanto, no es contraponer sostenibilidad y calidad asistencial, sino integrarlas en una misma lógica industrial. La circularidad bien diseñada permite reducir el impacto ambiental del medicamento y de su cadena de valor, pero también preservar la razón de ser del sector farmacéutico, que es mejorar la salud y el bienestar de las personas. La descarbonización farmacéutica solo será plenamente transformadora si producir de forma más limpia, trazable y eficiente se traduce también en una atención sanitaria más segura, accesible y sostenible para los pacientes.
Artículo escrito por:
Fernando Gómez
Technical Manager
Euro-Funding