Después de varios años marcados por la definición de estrategias, el anuncio de grandes proyectos y la movilización de recursos públicos y privados, el reto ya no consiste únicamente en fijar objetivos ambiciosos, sino en consolidar proyectos viables, acelerar su puesta en marcha y generar actividad industrial en torno a esta nueva cadena de valor.
Como sucede con cualquier tecnología emergente, el sector ha evolucionado desde una primera fase de expectativas muy elevadas hacia un escenario más realista, donde el éxito comienza a medirse por la capacidad de ejecutar proyectos, atraer inversión privada y responder a necesidades concretas de descarbonización. Lejos de ser una señal de debilidad, esta evolución refleja que el hidrógeno renovable está alcanzando un mayor grado de madurez.
España afronta esta nueva etapa desde una posición especialmente favorable. Nuestro país dispone de uno de los mayores potenciales renovables de Europa, una industria energética consolidada, empresas con experiencia internacional, capacidades relevantes de ingeniería, centros tecnológicos de referencia y una ubicación estratégica dentro del sistema energético europeo. Todo ello sitúa a España en una posición privilegiada para desempeñar un papel relevante en el desarrollo industrial del hidrógeno renovable.
Los datos reflejan esa evolución. El último Censo de Proyectos de la Asociación Española del Hidrógeno identificó 399 iniciativas vinculadas al hidrógeno, de las cuales 167 corresponden ya a proyectos comerciales, con una inversión estimada superior a los 33.000 millones de euros. Más allá de estas cifras, en los próximos meses la Asociación publicará la actualización correspondiente a 2026, que ofrecerá una fotografía del estado actual del sector y permitirá analizar con mayor precisión el grado de madurez alcanzado por los proyectos y la evolución experimentada por la industria española del hidrógeno.
Sin embargo, esta posición de partida debe traducirse ahora en proyectos ejecutados, actividad económica, empleo cualificado, innovación tecnológica y demanda industrial real. El hidrógeno renovable ya no debe evaluarse únicamente por el número de proyectos anunciados, sino por la capacidad de convertir esas iniciativas en inversiones, instalaciones en funcionamiento y actividad industrial.
Europa sigue necesitando esta tecnología. La descarbonización de la industria, la seguridad energética y la competitividad económica continúan siendo prioridades estratégicas para la Unión Europea. En ese contexto, el hidrógeno renovable desempeña un papel esencial allí donde la electrificación directa resulta técnica o económicamente más compleja, como la siderurgia, la industria química, la producción de fertilizantes, el refino, el transporte marítimo, la aviación o determinados procesos industriales de alta temperatura.
Al mismo tiempo, el desarrollo del sector requiere instrumentos capaces de acompañar esta nueva fase de crecimiento. La regulación, las infraestructuras, la financiación y los mecanismos de apoyo a la demanda continúan siendo elementos fundamentales para facilitar la puesta en marcha de los primeros proyectos comerciales y acelerar la creación de un mercado europeo del hidrógeno.
En este contexto, el Banco Europeo del Hidrógeno se ha consolidado como una herramienta relevante para favorecer el despliegue industrial del sector. Su objetivo es reducir la diferencia de costes que todavía existe entre el hidrógeno renovable y las alternativas convencionales, generando la confianza necesaria para movilizar inversión privada y facilitar las primeras decisiones de inversión.
La experiencia acumulada durante las primeras convocatorias ofrece enseñanzas valiosas. El elevado interés despertado por las subastas demuestra la confianza del sector en este mecanismo. Sin embargo, las renuncias producidas por algunos proyectos seleccionados y la dificultad para comprometer la totalidad de los fondos disponibles ponen de manifiesto que todavía existe margen para seguir perfeccionando su funcionamiento.
Precisamente ese ha sido uno de los mensajes que las asociaciones nacionales del hidrógeno de toda Europa, entre ellas la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), hemos trasladado recientemente a la Comisión Europea en una iniciativa impulsada por Hydrogen Europe. En esa carta reconocemos el importante trabajo realizado para poner en marcha el Banco Europeo del Hidrógeno y reforzar los criterios de credibilidad incorporados en las últimas convocatorias. Al mismo tiempo, proponemos seguir avanzando para que los recursos disponibles puedan destinarse íntegramente a proyectos técnicamente solventes, económicamente viables y con capacidad real para materializarse.
La continuidad y la previsibilidad de estos mecanismos son fundamentales. Las inversiones industriales asociadas al hidrógeno renovable requieren horizontes de planificación de largo plazo y un marco estable que permita a empresas e inversores tomar decisiones con mayor seguridad. Consolidar el Banco Europeo del Hidrógeno como un instrumento permanente contribuirá a fortalecer la confianza del mercado y a acelerar el desarrollo de esta nueva industria estratégica.
Naturalmente, todavía persisten retos importantes. En España, será necesario seguir avanzando en el desarrollo de infraestructuras, la simplificación administrativa, la creación de demanda, la transposición de la normativa europea y la reducción progresiva de costes mediante el aprendizaje tecnológico y las economías de escala. Son desafíos propios de cualquier industria en construcción.
El sector ha entrado en una nueva fase. España y Europa disponen de una estrategia, de un tejido industrial preparado y de instrumentos que continúan evolucionando para responder a las necesidades del mercado. Ahora corresponde mantener esa ambición, reforzar la colaboración entre las instituciones y la industria y seguir creando las condiciones necesarias para que el hidrógeno renovable contribuya a la descarbonización, impulse la reindustrialización y fortalezca la competitividad. Porque el liderazgo en hidrógeno no se declara: se construye proyecto a proyecto, con regulación estable, inversión, demanda real y colaboración público-privada.
Artículo escrito por:
Javier Brey
presidente
Asociación Española del Hidrógeno (AeH2)