Las comunidades energéticas representan un cambio transformador en el paradigma energético actual, ayudando a ciudadanos, PYMES y entidades locales en la transición hacia una matriz más sostenible. Al facilitar la participación colectiva en la generación y gestión de energía renovable, no solo se promueve la justicia energética y se reducen las emisiones, sino que también se fomenta la creación de empleo verde y se fortalece la resiliencia comunitaria.
Las comunidades energéticas facilitan acciones energéticas colectivas, y aumentan la inversión pública y privada en la transición energética, con la participación activa de los ciudadanos, PYMES y entidades locales. Son un medio eficaz que involucra a los ciudadanos y les hace partícipes de un nuevo modelo energético, más distribuido y con un gran número de instalaciones renovables. Además, generan beneficios directos mediante una mejor gestión energética, con facturas menos variables y más justas, lo que reduce la pobreza energética y crea oportunidades locales de empleo verde.
El autoconsumo colectivo de energía solar fotovoltaica
La factura eléctrica supone un gasto elevado para cualquier usuario, pero impacta de forma especial en las familias, comercios, pequeñas empresas y municipios, con poca o nula capacidad de reacción ante las variaciones de precios en el mercado. Es un hecho que todos los días se necesita este suministro de energía y, consecuentemente, cada mes hay que afrontar el pago de la factura. Existen numerosos sistemas consumidores, desde un simple frigorífico o lavadora en los hogares, pasando por los sistemas de iluminación, informáticos, bombas de calor, calderas (sí, también consumen electricidad) y un amplio catálogo de equipos enchufados a la red eléctrica.
Sin duda, una de las energías renovables más viables para producir electricidad a nivel local es la energía solar fotovoltaica. Entre los motivos principales están el hecho de que es una tecnología archiconocida en España, se puede instalar en cubiertas o suelos (y otros lugares, como los recientes proyectos agrovoltaicos), la relativa mayor facilidad de conexión a la red frente a otras energías, la bajada del precio de los paneles durante los últimos años y el escaso mantenimiento necesario. Conviene recordar, que producir local o regionalmente la energía ayuda a reducir la dependencia exterior, en un país donde los puntos de generación y de consumo están a cientos de kilómetros en numerosas ocasiones. Y no hace falta mencionar los problemas energéticos causados por las guerras y conflictos, provocando grandes subidas de precios y una crisis energética a nivel nacional.
En el año 2019 se aprobó la normativa de autoconsumo colectivo, que permite compartir la energía producida en una cubierta, suelo u otro tipo de localización, con otros consumidores (familias, PYMES, comercios y entidades locales principalmente) situados a una distancia cercana. Esto ha supuesto un gran avance para democratizar la generación y consumo de energía ya que, por ejemplo, un edificio de viviendas o una PYME puede instalar una fotovoltaica en su cubierta y compartir la producción entre los vecinos o empresas cercanas. Según el RD-Ley 20/2022, las instalaciones de autoconsumo en proximidad podrán estar a una distancia de hasta 2.000 m entre sí, siempre y cuando la instalación fotovoltaica esté en su totalidad sobre cubierta, suelo industrial o estructuras artificiales cuya finalidad no sea exclusivamente la generación de electricidad.
Y la normativa permite que, si un tercio de los vecinos de un bloque de viviendas están interesados en instalar la fotovoltaica, puede hacerse, dejando la posibilidad de que otros vecinos realicen su instalación posteriormente o se unan al autoconsumo.
Mejorar las ciudades y pueblos con las comunidades energéticas
Para facilitar la ejecución de las instalaciones renovables – también proyectos de eficiencia energética, puntos de recarga, etc.- y gestionar la energía de forma más eficiente, se ha creado la figura de la comunidad energética. Mediante estas comunidades, que se constituyen normalmente como asociación o cooperativa, se facilita y unifica el dimensionamiento de los proyectos, la compra e instalación de los equipos y la financiación de las plantas renovables. Además, su propia naturaleza incorpora la mejora del medioambiente y un carácter social, como por ejemplo asegurando que las familias vulnerables reciben parte de la energía que se genera.
Las comunidades energéticas centralizan todas las gestiones y permite que los vecinos, comercios, PYMES o entidades locales participen en mayor o menor medida según su interés y posibilidades, pero siempre beneficiándose de las instalaciones y mejoras realizadas. Las propias corporaciones locales y regionales son, en numerosas ocasiones, promotores de estas iniciativas, apoyando pública y económicamente su desarrollo. En la práctica, esta ayuda resulta en deducciones en tasas o impuestos, o la cesión de cubiertas para desarrollar instalaciones fotovoltaicas.
Expongamos un caso concreto donde tiene sentido iniciar una comunidad energética. Los vecinos de 20 bloques de viviendas de un barrio quieren realizar un proyecto comunitario consistente en consumir energía eléctrica fotovoltaica generada en las propias cubiertas de sus viviendas. Para lograrlo, se ha establecido una asociación denominada “Comunidad Energética Solar del Barrio”, donde se han asociado los vecinos interesados. Esta comunidad tiene como objetivo aprovechar la energía solar local para ahorrar en la factura eléctrica, reducir las emisiones y realizar una labor social, ayudar a vecinos vulnerables.
En este caso, la fórmula de comunidad energética es la más adecuada, ya que centraliza las gestiones y permite optimizar la producción y consumo fotovoltaico de todo el barrio. Así, se reduce el coste de inversión al realizar una compra colectiva, se puede contar con expertos técnicos o legales para el conjunto de actuaciones y, estratégicamente, se realiza un proyecto colectivo donde las personas del barrio se sitúan en el centro del modelo energético.
El beneficio de utilizar solar fotovoltaico
En 2023 se batieron todos los récords en España en cuanto a la potencia instalada en energía solar fotovoltaica, sumando más de 1.700.000 kW las instalaciones de autoconsumo. ¿Por qué se instala este número tan elevado de kilovatios en autoconsumo? ¿Qué beneficios aportan?
En primer lugar, el descenso del coste de los propios paneles durante la última década ha provocado que el retorno de las inversiones se reduzca de forma muy sensible. Las instalaciones de autoconsumo medianas o grandes pueden tener periodos de retorno incluso por debajo de los 5 años, sin considerar las ayudas públicas. Actualmente, una instalación de 100 kWp que no suponga una instalación compleja puede desarrollarse por menos de 100.000€, con un ahorro anual de 21.000€ (1400 horas equivalentes y 15 céntimos el kWh, incluidos en inversión y precio unitario del kWh).
En instalaciones de menor tamaño, el coste unitario sube y, dependiendo de la dificultad y de la calidad, su retorno puede situarse entre los 6 y 10 años, de nuevo sin ayudas públicas.
Las distintas convocatorias del programa CE IMPLEMENTA de IDAE, pueden otorgar ayudas del entorno de un 40% de subvención a las inversiones que realizan las comunidades energéticas legalmente constituidas (como se ha indicado, predominan las asociaciones y cooperativas). A pesar de que esto exige de ciertos trámites que pueden ser complejos, el hecho de constituir la comunidad energética ayuda a poder solicitarlas, ya que normalmente se cuenta con un apoyo técnico para todas las gestiones que implica la propia comunidad.
Situación actual
En España la transposición de Directivas Europeas relacionadas con las Comunidades Energéticas se implementa mediante las “comunidades de energía renovable” y parcialmente todavía mediante las “comunidades ciudadanas de energía”. Ambas son entidades legales basadas en la participación abierta y voluntaria, autónomas y controladas efectivamente por sus miembros.
Existen aproximadamente 70 comunidades energéticas con 100.000 miembros, según datos del IDAE de diciembre de 2023. La mayoría están constituidas por ciudadanos (85%) y comercios/PYMES (15%).
La mayor concentración de comunidades energéticas se da en el País Vasco, seguido de Cataluña y la Región de Valencia.
Las entidades locales en general no forman parte de estas comunidades energéticas, pero a menudo ofrecen soporte público y espacios para las instalaciones de energía renovable (por ejemplo, cubiertas de edificios municipales) lo que contribuye al éxito de las comunidades.
El escenario más probable sitúa como prioridad las “comunidades de energía renovable” compartiendo energía eléctrica. Esto no limita otros proyectos relativos a la eficiencia energética, puntos de recarga de vehículos, baterías y respuesta a la demanda, mix de solar-aerotermia, etc. para sustituir los combustibles fósiles.
El proyecto europeo del programa Life POWER-E-COM tiene como objetivo fomentar la cooperación entre las autoridades regionales y locales y los ciudadanos para que los proyectos energéticos comunitarios puedan llegar a buen término.
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