¿Cómo ha sido el camino hasta ocupar un puesto de responsabilidad en el sector energético y qué factores han sido clave para tu acceso a posiciones de decisión en la industria?
Me incorporé a Iasol (Ingeniería y Aplicaciones Solares) hace doce años, en una etapa muy diferente a la actual. Durante este tiempo he vivido de primera mano la evolución de la compañía, acompañando un importante crecimiento tanto en facturación como en plantilla y asumiendo progresivamente mayores responsabilidades. Como directora financiera, de RR. HH. y adjunta a dirección, he participado en decisiones estratégicas como la expansión internacional de la compañía con la puesta en marcha de nuestra filial en Italia, la estructuración financiera del crecimiento y la adaptación de la organización a nuevos mercados. La capacidad de adaptación, la visión global del negocio y el compromiso con el crecimiento de la empresa han sido claves en mi trayectoria.
Desde tu posición, ¿qué tecnologías o nuevos modelos de negocio consideras que están redefiniendo el sector energético en estos momentos, y cómo están contribuyendo los perfiles jóvenes a su desarrollo e implantación?
La transición energética está impulsando un modelo donde la digitalización, la gestión inteligente de activos, el almacenamiento y la internacionalización son tan relevantes como la propia tecnología fotovoltaica. Al mismo tiempo, las empresas necesitan estructuras más ágiles para responder a un mercado en constante evolución. Los profesionales jóvenes aportamos una visión transversal, mayor capacidad de adaptación y una forma de trabajar basada en los datos, la colaboración y la rapidez en la toma de decisiones, facilitando la implantación de nuevos modelos de negocio y de crecimiento.
¿Qué aporta una nueva generación de profesionales al liderazgo del sector y qué cambios estructurales serían necesarios para acelerar su incorporación a puestos de alta responsabilidad?
La nueva generación de directivos aporta una visión más colaborativa, internacional y orientada al cambio. Entendemos que la competitividad depende tanto de la innovación tecnológica como de las personas y de la capacidad de adaptar las organizaciones con rapidez. Para acelerar el acceso de talento joven a puestos de alta responsabilidad es necesario apostar por modelos de liderazgo basados en el mérito, ofrecer oportunidades reales para asumir decisiones estratégicas y favorecer el relevo generacional mediante planes de desarrollo y confianza desde las direcciones actuales.