Joaquim Daura (Director de gestión activa de la energía  en Schneider Electric Iberia)

"El hidrógeno verde y el biometano pueden reactivar el entorno rural y posicionar a España como exportador neto de energía limpia"

Joaquim Daura, Director de gestión activa de la energía (Schneider Electric Iberia).

En un contexto de transformación del modelo energético, los gases renovables emergen como piezas clave en la estrategia de descarbonización de Europa y, especialmente, de España. Joaquim Daura, director de gestión activa de la energía en Schneider Electric Iberia, señala en esta entrevista el papel del biometano, el hidrógeno verde y otros combustibles sostenibles como soluciones imprescindibles para sectores difíciles de electrificar. Asimismo, aborda los retos regulatorios, las oportunidades industriales y el papel de la digitalización como motor para acelerar una transición energética eficiente, competitiva y alineada con los objetivos de neutralidad climática.

¿Cómo valoras el papel de los gases renovables en la estrategia de descarbonización energética de España y Europa?

Los gases renovables, como el biometano y el hidrógeno verde en su máximo exponente, tienen un rol fundamental para alcanzar los objetivos de neutralidad climática. Europa ha apostado firmemente por la electrificación como eje de su estrategia energética, pero sabemos que no todos los sectores son electrificables al 100%. Ahí es donde entran en juego los gases renovables, que permiten cubrir la demanda energética de industrias difíciles de descarbonizar, como la industria pesada y el transporte de larga distancia, en todos sus ámbitos: terrestre, marítimo y aéreo, y ofrecen una solución para almacenar energía renovable y equilibrar la oferta y demanda energética.

Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el hidrógeno podría representar hasta el 12% del consumo energético global en 2050.

En Europa, el compromiso es claro: producir 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable e importar otros 10 millones para 2030. España, por sus recursos renovables y su posición geográfica, tiene la oportunidad de convertirse en el líder de esta transformación: ya se estima que concentrará el 20% de la capacidad de producción de hidrógeno renovable en la UE. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).


¿Qué sectores consideras prioritarios para la aplicación de gases renovables, y cómo pueden contribuir estos gases a la competitividad industrial de nuestro país?

Tanto los sectores industriales muy intensivos en energía como aquellos que necesitan hidrógeno para su proceso: siderurgia, refinerías, química, fertilizantes… son prioritarios para la aplicación de gases renovables. En estos entornos, el uso directo de electricidad no siempre es viable o eficiente. Aquí, el hidrógeno verde y el biometano se perfilan como una alternativa limpia, permitiendo una reducción significativa de emisiones.

Desde el punto de vista económico, estos gases también aportan estabilidad. Su producción puede ser local y está desvinculada de los precios internacionales del gas fósil, lo que mejora la resiliencia y reduce la exposición a la volatilidad del mercado. Además, permiten a las empresas anticiparse a futuras regulaciones ambientales y mantener su acceso a mercados que cada vez exigen más trazabilidad y sostenibilidad en la cadena de suministro.

Además, en el caso del hidrógeno verde y según un estudio de Moeve y ManpowerGroup, el liderazgo de España en producción de hidrógeno verde puede generar hasta 116.000 empleos y aportar más de 15.000 millones de euros al PIB nacional hasta 2040.


Los expertos hablan de la necesidad de crear "ecosistemas de hidrógeno" locales o regionales. ¿Qué condiciones crees que deben cumplirse para que estos ecosistemas sean viables?

Para que un ecosistema de hidrógeno sea viable, es fundamental contar con generación renovable competitiva, demanda industrial próxima (lo que llamamos offtakers), infraestructura de almacenamiento y transporte, y un marco normativo claro que minimice el riesgo inversor. El apoyo de las Administraciones Públicas, en forma de financiación o garantías, es también clave para cerrar la brecha de costes frente a tecnologías maduras.

La visión debe ser sistémica: no se trata solo de producir hidrógeno, sino de integrarlo en una cadena de valor industrial, con colaboración público-privada, estándares técnicos comunes y de crear comunidades energéticas locales, con formación técnica, empleo de calidad y un modelo de desarrollo regional. 

Hasta ahora la gran mayoría de las ayudas se han destinado a la construcción de nuevas plantas de producción (alrededor de 3.000 millones de euros) y nos hemos olvidado de ayudar a los offtakers para que adapten sus plantas y poder hacer un uso directo del hidrógeno. Si no somos capaces de generar suficiente demanda … de nada servirá producir hidrógeno verde.


En el contexto de la transición energética, ¿qué retos y oportunidades identificas en la adopción de gases renovables a gran escala?

El potencial está ahí, pero es innegable que todavía existen barreras. Desde el punto de vista regulatorio, necesitamos esquemas de apoyo más claros y estables, tanto para la producción como para la inyección de biometano o la distribución de hidrógeno. También es importante reducir los costes tecnológicos, especialmente en la electrólisis, donde aún hay margen para la innovación.

Pero la oportunidad es enorme. En España, por ejemplo, tenemos tanto un recurso solar privilegiado cómo una alta actividad ganadera y agrícola que nos posiciona como uno de los países con mayor capacidad para producir hidrógeno verde y biometano competitivo a escala europea. Esto puede generar nuevas cadenas de valor industrial, reactivar el entorno rural y posicionar al país como exportador neto de energía limpia. 

Proyectos como H2Med, el corredor de hidrógeno que conectará la península con Francia y Alemania, muestran cómo estas barreras se están empezando a superar, abriendo una ventana para la exportación de hidrógeno desde España.


¿Cómo se integra la digitalización en la gestión y uso de gases renovables? ¿Qué tecnologías digitales consideras más prometedoras para optimizar su producción, su distribución y su consumo?

La digitalización es el gran habilitador de todo el ecosistema del hidrógeno. Permite optimizar la operación de los electrolizadores, gestionar en tiempo real la producción renovable, predecir la demanda y almacenar o liberar energía de forma eficiente. En Schneider Electric, hablamos de Electricidad 4.0: la convergencia entre electrificación renovable y digitalización.

Tecnologías como los sistemas de control avanzados, el IoT industrial, la inteligencia artificial y las plataformas de gestión energética permiten maximizar la eficiencia, trazabilidad y resiliencia de toda la cadena del hidrógeno. Estas soluciones son claves para una transición energética rentable y escalable 

Además, permiten pasar de un sistema pasivo a uno inteligente, flexible y optimizado.


¿Qué sectores industriales crees que serán los primeros en beneficiarse de una implantación real del hidrógeno verde en España?

Las primeras serán las que ya usan hidrógeno gris en sus procesos, como las refinerías o las fábricas de fertilizantes. En estos casos, la transición es más directa. A medio plazo, deberíamos ver un uso creciente en la industria siderúrgica —donde ya hay pilotos en marcha— y en sectores de transporte con directivas europeas específicas que regulan y exigen un consumo mínimo de combustibles renovables, con un incremento gradual. 


¿Cuáles crees que son actualmente las principales barreras técnicas, regulatorias o de mercado para el despliegue masivo del biometano en España?

Las barreras técnicas nos son el mayor de los problemas dado que tanto la tecnología de los digestores anaeróbicos como del upgrading son ya muy maduras. Las mayores barreras a las que debemos hacer frente son: desafortunadamente el rechazo social, económicas y logísticas (disponer de residuos en una escala suficiente para garantizar la viabilidad de las plantas) la falta de interconexión con la red gasista, y un marco regulatorio todavía en desarrollo.

Sin embargo, el potencial es enorme: el biometano permite valorizar residuos agrícolas, ganaderos o urbanos, y puede inyectarse en la red existente. Además, reduce la dependencia energética y contribuye a la economía circular. Según estudio publicado por Sedigás, España cuenta con un potencial total accesible de biometano de 163 TWh/año. 


¿Qué soluciones existen para integrar el biometano en las infraestructuras energéticas existentes?

Una de las ventajas clave del biometano es su compatibilidad con la red actual de gas natural. Esto permite su inyección directa en las infraestructuras ya desplegadas, facilitando su adopción sin necesidad de construir una red paralela. El reto está en habilitar puntos de inyección, asegurar la trazabilidad e incentivar un mercado que retribuya adecuadamente su valor como gas renovable.


Además del biometano y el hidrógeno, existen otros gases renovables como el biogás o el syngas. ¿Cómo valoras su potencial?

Más allá de gases renovables, yo hablaría de combustibles renovables. Estos los pudiéramos dividir en dos grupos: los de origen biológico (residuos orgánicos) y los sintéticos (basados en hidrógeno verde y captura de CO2).

En el caso del biogás, es el resultante de una digestión anaeróbica (sin presencia de oxígeno) dónde se consigue una mezcla de gases dónde el biometano es su mayor componente. Este biogás se puede utilizar localmente para generar calor y/o electricidad. Su mayor inconveniente es que no se puede inyectar en la red convencional de gas natural. Por este motivo su uso se circunscribe a la ubicación dónde se genera.

Dentro de los combustibles sintéticos deberíamos destacar el e-saf (por sus siglas Sustainable Aviation Fuel) y el e-metanol. El primero será clave para la desfosilización del sector aéreo y el segundo para el sector marítimo. Recordemos que ambos sectores representan, de manera agregada, algo menos del 10% del total de emisiones de CO2 equivalentes.


¿Cuáles son vuestras expectativas sobre la evolución del mercado de gases renovables en los próximos cinco a diez años?

Esperamos un crecimiento sostenido, especialmente si se consolidan los marcos regulatorios y se desbloquean las ayudas al CAPEX y al OPEX. En el caso del hidrógeno, el mercado europeo avanza en esa dirección, con instrumentos como el Banco Europeo del Hidrógeno, ayudas a los Valles de Hidrógeno o las subastas para incentivar la producción local.

En 2030, podríamos ver entre 30 y 100 millones de toneladas de hidrógeno verde producidas en el mundo, según el Energy Transitions Commission. En ese escenario, España tiene una oportunidad histórica de liderar esta transición, convirtiendo su ventaja renovable en empleo, tecnología y soberanía energética.