¿Cuál es su función actual dentro del sector energético y de qué forma contribuye al trabajo de su empresa?
Como directora general de Feníe Energía, mi responsabilidad principal es liderar una
compañía que nació con una vocación muy clara: acercar la energía a las personas a
través de profesionales de confianza y acompañarlas en un momento de transformación
profunda del sector.
Mi trabajo consiste en marcar rumbo, impulsar la transformación de la organización y
asegurar que seguimos siendo útiles para nuestros clientes, nuestros Agentes
Energéticos y el conjunto de la sociedad. La transición energética no es solo un cambio
tecnológico o regulatorio; es también un cambio en la forma en que hogares y empresas
consumen, producen, gestionan y entienden la energía.
En Feníe Energía trabajamos para que esas decisiones sean más sencillas, eficientes y
sostenibles. Queremos ayudar a nuestros clientes a ganar eficiencia, autonomía y
capacidad de decisión, siempre desde la cercanía, la transparencia y el acompañamiento
profesional.
Además, una parte importante de mi función es escuchar: a los equipos, a los Agentes,
a los clientes y al mercado. Creo que liderar no es solo decidir, sino crear las condiciones
para que las personas puedan aportar todo su talento y para que la compañía evolucione
sin perder su esencia.
Aunque la presencia femenina ha aumentado en los últimos años, sigue siendo limitada en posiciones técnicas y de dirección. ¿Dónde cree que persisten todavía las principales barreras?
Hemos avanzado, pero todavía persisten barreras que a veces son menos visibles que
antes. La menor presencia femenina en algunas carreras técnicas, la falta de referentes
en determinados ámbitos, ciertos sesgos inconscientes y modelos organizativos que no
siempre han favorecido la conciliación y la corresponsabilidad siguen condicionando
algunas trayectorias profesionales.
También creo que existe una barrera cultural previa: durante mucho tiempo, las
profesiones técnicas no se han explicado suficientemente como profesiones con impacto
social directo. A veces se han presentado como ámbitos muy abstractos, muy industriales
o alejados de las personas, cuando en realidad la ingeniería, la energía y la tecnología
tienen una capacidad enorme para mejorar la vida cotidiana.
El reto no es únicamente incorporar más mujeres al sector energético, sino conseguir
que puedan desarrollar plenamente su carrera y acceder a posiciones de responsabilidad
en igualdad de condiciones. Para ello hacen falta oportunidades reales, entornos
exigentes pero inclusivos, modelos de trabajo compatibles con distintas etapas vitales y
una cultura donde el talento, la capacidad y el compromiso sean los factores que
determinen el crecimiento profesional.
Muchas profesionales hablan de la importancia de los referentes visibles. ¿Qué impacto cree que tiene mostrar casos de liderazgo femenino dentro del sector energético?
Tiene un impacto enorme, porque los referentes amplían lo que una persona imagina
posible para sí misma. Cuando una niña o una joven ve a una mujer liderando una
compañía energética, un proyecto tecnológico o un equipo técnico, entiende que ese
camino también puede ser el suyo.
Pero creo que los referentes no solo sirven para romper estereotipos sobre quién puede
ocupar determinados puestos. También ayudan a explicar mejor para qué sirven esas
profesiones. Muchas personas, y muchas mujeres jóvenes en particular, conectan con
carreras en las que perciben un impacto social claro: cuidar, mejorar la vida de los
demás, contribuir a la sociedad o resolver problemas reales.
Y ahí creo que el sector técnico tiene que contar mejor su historia. La energía no es algo
abstracto. Está detrás de la salud, del confort en los hogares, de la seguridad, de la
educación, de la actividad económica, de la autonomía de las personas mayores, de la
conservación de alimentos, del funcionamiento de hospitales y de la reducción de
enfermedades asociadas a formas contaminantes de cocinar o calentar los hogares.
Un puesto técnico puede ayudar muchísimo a mejorar la calidad de vida de las personas.
Puede contribuir a evitar emisiones, reducir pobreza energética, hacer más eficientes los
hogares, integrar renovables, electrificar usos, mejorar la calidad del aire o dar
soluciones a familias y empresas. Mostrar esto es clave para atraer talento diverso al
sector.
Por eso los referentes femeninos en energía son tan importantes: no solo muestran que
se puede llegar, sino que muestran que desde la técnica también se cuida, se transforma
y se mejora la sociedad.
¿Qué aprendizaje profesional o personal considera clave en su trayectoria dentro de una industria tan técnica y exigente como la energética?
Si tuviera que destacar un aprendizaje, diría que la capacidad de adaptación es tan
importante como el conocimiento técnico. El sector energético cambia de forma
constante: cambia la regulación, cambian las tecnologías, cambian los clientes y cambia
también la responsabilidad que tenemos como empresas dentro de la sociedad.
A nivel profesional, he aprendido que el rigor técnico es imprescindible, pero no
suficiente. Hay que combinarlo con visión, capacidad de escucha, criterio para priorizar
y una comunicación clara. En un sector complejo, una de las mayores responsabilidades
es hacer comprensible lo importante para que las personas puedan tomar buenas
decisiones.
A nivel personal, me quedo con la importancia de rodearse de equipos diversos y
comprometidos. Ningún reto relevante se afronta en solitario. Las mejores decisiones
suelen surgir cuando se combinan conocimiento, experiencia, sensibilidad hacia las
personas y una visión clara de hacia dónde queremos avanzar.