La continuidad operativa de una instalación energética o industrial depende del estado real de sus activos eléctricos. Sin embargo, muchas estrategias de mantenimiento siguen apoyándose en intervenciones programadas por calendario, sin visibilidad suficiente sobre las condiciones concretas de los equipos de distribución eléctrica de baja y media tensión.
El problema no suele ser la ausencia de mantenimiento, sino la falta de visibilidad sobre el estado real de los activos. Un interruptor que acumula desgaste, un transformador que presenta signos de envejecimiento o una celda que opera fuera de sus condiciones óptimas pueden evolucionar hacia una avería sin mostrar síntomas evidentes en las revisiones periódicas tradicionales. Cuando esto ocurre, las consecuencias van más allá del propio activo: paradas no planificadas, pérdida de productividad, reparaciones urgentes y mayor presión sobre los equipos de mantenimiento. Todo ello en un contexto en el que los profesionales deben hacer más con menos recursos y responder, además, a crecientes objetivos de eficiencia energética y sostenibilidad.
En grandes organizaciones industriales, el coste medio anual de los tiempos de inactividad imprevistos se estima entre 1.250 y 2.500 millones de dólares. Además, una sola hora de inactividad cuesta al menos 100.000 dólares al 98% de las empresas y 300.000 dólares o más al 86%.
Del mantenimiento programado al estado real del equipo
El mantenimiento predeterminado permite planificar paradas, pero no siempre refleja el estado real de cada activo. El mantenimiento basado en condiciones responde a esta limitación al supervisar variables como temperatura, humedad, carga, armónicos eléctricos o número de operaciones mecánicas para definir qué intervención debe realizarse y cuándo, ajustando los intervalos de mantenimiento a datos reales y no solo a una programación fija.
El enfoque predictivo supone una evolución de este modelo. A partir de sensores, análisis avanzados y modelos de envejecimiento, permite anticipar fallos en desarrollo, estimar sus consecuencias y determinar cuándo debe programarse una intervención. La elección del enfoque no pasa necesariamente por sustituir un modelo por otro, sino por combinar mantenimiento predeterminado, basado en condiciones y predictivo según presupuesto, gravedad del tiempo de inactividad, antigüedad del sistema y criticidad de los activos.
La digitalización permite dar este salto operativo. Los sensores recopilan datos relevantes y los envían a sistemas de análisis que ayudan a identificar anomalías en el rendimiento.
Decidir mejor antes de intervenir
El mantenimiento basado en condiciones permite convertir los datos del activo en decisiones útiles para mantenimiento, energía y operaciones. Mediante índices que analizan estrés, desgaste y envejecimiento, puede ampliar el ciclo de mantenimiento hasta 5 años, minimizar hasta un 75% el tiempo de inactividad imprevisto, reducir hasta un 40% las actividades de mantenimiento y el tiempo de inactividad planificado, y lograr hasta un 25% de extensión de vida útil. Además, facilita priorizar intervenciones, ajustar inventarios y reducir actuaciones de emergencia, especialmente en un contexto donde las piezas de recambio pueden representar la mitad de los costes de mantenimiento totales.
En este marco se sitúan los modelos de mantenimiento conectado aplicados a equipos de distribución eléctrica, como EcoCare, de Schneider Electric. Este modelo combina monitorización remota, servicios digitales, soporte experto y mantenimiento proactivo para pasar de estrategias reactivas a modelos basados en el estado real de los activos.
Un caso aplicado es el de Photosol, primer productor independiente de energía fotovoltaica en Francia. La compañía explota 50 parques fotovoltaicos con una capacidad de 600 MW y cuenta con una flota de 250 transformadores de alta tensión. Tras un análisis dieléctrico realizado por Photosol/Photom, cuatro transformadores fueron señalados inicialmente para reemplazo.
Con EcoCare Electrical Distribution y el control avanzado 24/7 del aceite de los transformadores, la monitorización remota de indicadores críticos, como los niveles de hidrógeno, temperatura y vibración, permitió identificar que solo un transformador estaba en riesgo. El resultado fue evitar el reemplazo innecesario de tres transformadores y generar un ahorro de 420.000 euros.
Para instalaciones energéticas e industriales, la gestión de activos eléctricos no puede limitarse a ejecutar intervenciones periódicas. La clave está en conocer el estado real de los activos eléctricos, priorizar las intervenciones según su criticidad y actuar antes de que una degradación progresiva se convierta en una avería capaz de comprometer la continuidad operativa.