La electrificación como transformación sistémica: electrificar para descarbonizar

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El Acuerdo de París se basa en la electrificación como pilar fundamental para combatir el cambio climático. Aprende sobre su impacto en la eficiencia energética y la transformación integral del sistema energético.

En 2015, el Acuerdo de París estableció un objetivo claro: limitar el calentamiento global mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La consecución de este objetivo se basa en tres ejes principales:

  • Mejorar la eficiencia energética,

  • Ampliar la producción de energía con bajas emisiones de carbono,

  • La electrificación de los usos finales.

Entre ellas, la electrificación desempeña un papel fundamental.

La electrificación mejora significativamente la eficiencia energética. Los motores eléctricos convierten aproximadamente entre el 70 % y el 90 % de la energía en movimiento, frente a solo el 20 %-30 % de los motores de combustión interna. La electrificación también facilita la integración de las energías renovables en el sistema energético.

En la actualidad, la electricidad representa aproximadamente el 21 % del consumo final de energía a nivel mundial; sin embargo, la demanda de electricidad está creciendo a un ritmo significativamente mayor que la demanda energética global.

Esta tendencia viene impulsada por varias transformaciones estructurales:

  • En los edificios: sistemas de calefacción electrificados, como las bombas de calor, y una digitalización cada vez mayor;
  • En la industria: la automatización, la robótica y los procesos industriales eléctricos,
  • En el transporte: la rápida expansión de los vehículos eléctricos.

Según la Agencia Internacional de la Energía, las inversiones relacionadas con la electricidad — incluida la generación de energía, la infraestructura de la red eléctrica y la electrificación de los usos finales— representan actualmente casi el 50 % de la inversión energética mundial.

Desde el año 2000, la generación mundial de electricidad casi se ha duplicado. Solo en China se ha multiplicado por siete, lo que ilustra la magnitud de la transformación en curso.

Sin embargo, la electrificación no consiste simplemente en generar más electricidad. Requiere un rediseño completo del sistema energético. La electricidad debe transportarse, almacenarse y gestionarse de manera eficiente.

Como resultado, las redes eléctricas se están convirtiendo en activos de infraestructura críticos. En Europa, casi dos tercios de los 158 GW de proyectos de energías renovables que se prevé que entren en funcionamiento para 2030 podrían sufrir retrasos o ser cancelados debido a una capacidad insuficiente de la red.

La energía ya no es un simple flujo de materias primas. Se está convirtiendo en un sistema integrado, interconectado y cada vez más gestionado.

La transición energética no consiste únicamente en sustituir los combustibles fósiles por fuentes de energía con bajas emisiones de carbono. Se trata de una transformación más profunda impulsada por la electrificación y el desarrollo de un sistema energético integrado capaz de producir, transportar, almacenar y gestionar la electricidad a gran escala. Las redes eléctricas, el almacenamiento y las infraestructuras se están convirtiendo en activos estratégicos.

Dentro de esta nueva arquitectura energética, algunos países han adquirido una ventaja significativa. El próximo artículo analizará cómo China se ha convertido en el actor industrial dominante en la transición energética mundial mediante inversiones en toda la cadena de valor.