La consecución de los objetivos de descarbonización del transporte pasa necesariamente por un mayor impulso de los gases renovables. Esta es una de las principales conclusiones del Observatorio para la Descarbonización del Transporte, elaborado por PwC para Gasnam y presentado durante la celebración del Green Gas Mobility Summit.
Durante la inauguración del encuentro, el secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, destacó la utilidad de esta herramienta para orientar tanto a administraciones como a empresas. Según señaló, el observatorio permitirá adoptar decisiones mejor fundamentadas y avanzar con mayor certidumbre hacia una movilidad más sostenible.
El informe concluye que las metas de reducción de emisiones son alcanzables mediante una estrategia multitecnológica sustentada en nuevas cadenas de suministro energético. Para ello, considera imprescindible acelerar las inversiones en infraestructuras, capacidad industrial y renovación de flotas. Además, advierte de que las decisiones que se adopten entre 2025 y 2030 serán determinantes para cumplir los objetivos fijados para 2040, debido a los largos plazos de maduración que caracterizan a los proyectos industriales del sector.
Biometano e hidrógeno, protagonistas de la transición
El estudio sitúa a los gases renovables como una pieza fundamental en la transformación del transporte. En este sentido, el consejero delegado de Enagás, Arturo Gonzalo, destacó la posición de liderazgo de España en movilidad sostenible y descarbonización del transporte marítimo. Según explicó, el país ya se ha consolidado como referente en el suministro de combustibles alternativos como el GNL y el BioGNL, y ha logrado superar en operaciones de bunkering a puertos de referencia internacional como Róterdam, acercándose a niveles de actividad comparables a los de Singapur.
Por su parte, la presidenta de Gasnam, Ana Cano, puso el foco en el papel creciente del biometano en el transporte por carretera. La responsable destacó que cada vez más operadores de larga distancia incorporan este combustible renovable a sus flotas gracias al desarrollo de una red de repostaje cada vez más amplia en la Península Ibérica.
Las previsiones recogidas en el observatorio apuntan a que España necesitará contar con 278 plantas de producción de biometano en 2040 para contribuir al cumplimiento de los objetivos climáticos, complementando otras soluciones como la electrificación o el hidrógeno renovable.
En la misma línea, José Luis Gil, director general de Gases Renovables de Naturgy, subrayó que el biometano es actualmente uno de los biocombustibles avanzados más competitivos para reducir emisiones. Recordó además que los vehículos impulsados por gas constituyen una tecnología madura que ya ofrece una reducción significativa de CO2 frente a los combustibles líquidos convencionales y que puede alcanzar la neutralidad en carbono cuando utiliza biometano como combustible. No obstante, advirtió de la necesidad de contar con incentivos estables y agilizar los procesos administrativos para acelerar el desarrollo de nuevas plantas.
También Eduardo Azcona, representante de PreZero España, destacó la importancia de la colaboración público-privada para aprovechar el potencial de producción de biometano a partir de residuos. A su juicio, este recurso puede contribuir de forma decisiva a reforzar la independencia energética del país, siempre que se facilite la inversión y se simplifiquen los trámites administrativos.
El reto del hidrógeno renovable
El observatorio advierte igualmente de que el uso de hidrógeno renovable en las refinerías no será suficiente para cumplir los requisitos de la directiva europea RED III a partir de 2030. El endurecimiento de los objetivos regulatorios en el transporte por carretera exigirá impulsar el consumo directo de hidrógeno mediante vehículos de pila de combustible y desplegar una red nacional de hidrogeneras.
Asimismo, los combustibles sintéticos derivados del hidrógeno están llamados a desempeñar un papel estratégico, especialmente en sectores difíciles de electrificar como el transporte marítimo y la aviación. Su desarrollo requerirá incrementar significativamente la capacidad de producción de hidrógeno renovable y desplegar infraestructuras capaces de conectar los centros de generación con los puntos de consumo.
Según las estimaciones del informe, el transporte necesitará entre 7 y 12 GW de capacidad de electrólisis para alcanzar sus objetivos de descarbonización en 2040, lo que equivaldría a una demanda superior a seis millones de toneladas de hidrógeno y sus derivados. Aunque esta necesidad supera la capacidad asociada a los proyectos que ya han alcanzado una decisión final de inversión en España, el estudio considera que la cartera de iniciativas actualmente en desarrollo permitiría cubrirla si se adoptan medidas regulatorias que aceleren su puesta en marcha.
Una oportunidad para reforzar la autonomía energética
Más allá de la reducción de emisiones, el observatorio destaca que el aprovechamiento de recursos nacionales para producir biometano e hidrógeno representa una oportunidad estratégica para fortalecer la soberanía energética española y reducir la dependencia de combustibles importados.
En este contexto, Alice Acuña, Executive Vice President Trading de Moeve, señaló que Europa afronta un momento decisivo marcado por la incertidumbre geopolítica y las tensiones en las cadenas de suministro energético. A su juicio, las moléculas verdes producidas en territorio europeo ofrecen una vía para reforzar la resiliencia, la competitividad y la independencia energética del continente, al tiempo que consolidan el liderazgo europeo en la lucha contra el cambio climático.