El hidrógeno verde como clave para la soberanía energética en Europa: cinco medidas necesarias para impulsar el desarrollo del mercado

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El desarrollo de una economía del hidrógeno sólida en Alemania y Europa no solo constituye un pilar fundamental de la descarbonización, sino también un paso decisivo hacia la resiliencia geopolítica y la estabilidad económica. Los electrolizadores desempeñan un papel clave, ya que conectan electricidad, industria y calor, almacenan energía no utilizada y generan nuevas opciones de flexibilidad, tanto para los operadores como para el sistema en su conjunto. El experto en hidrógeno Quest One expone qué condiciones marco pueden favorecer una mayor previsibilidad en la planificación, seguridad en las inversiones y, en consecuencia, el despliegue de la economía del hidrógeno.

Las incertidumbres geopolíticas ponen de manifiesto la dependencia estructural de Europa y Alemania de las importaciones de combustibles fósiles: cerca del 60 % de la demanda energética europea se cubre mediante importaciones, principalmente en forma de petróleo y gas natural, y en gran medida procedentes de regiones geopolíticamente sensibles. Esta dependencia reduce de forma significativa la resiliencia de los sistemas energéticos europeos y los hace vulnerables a conflictos políticos, perturbaciones del mercado y choques de precios. Como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania, entre 2021 y 2024 Europa incurrió en costes adicionales de alrededor de 930.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles.

Los últimos años han demostrado claramente cuán vulnerable es el sistema energético europeo debido a sus dependencias externas. La política energética es también política de seguridad”, subraya Michael Meister, CEO de Quest One. “Una solución sostenible solo puede consistir en generar más energía dentro de Europa y mantener aquí la creación de valor”.

Al mismo tiempo, se intensifican los retos dentro del propio sistema energético. La creciente cuota de energías renovables variables se encuentra con una red eléctrica cada vez más tensionada debido al aumento de los costes de redispatch, los cuellos de botella regionales y el papel aún incierto de las centrales convencionales.

El hidrógeno verde ofrece múltiples palancas para reducir la dependencia energética y reforzar la seguridad de suministro. A nivel nacional, cada país puede producir su propio hidrógeno verde y avanzar así en la integración de las energías renovables. Por ejemplo, el uso de excedentes eléctricos para la electrólisis, junto con la consiguiente reducción de las necesidades de redispatch, puede disminuir los costes del sistema, que entre 2023 y 2025 se situaron entre 400 y 600 millones de euros. Las regiones con recursos renovables favorables pueden suministrar hidrógeno en el mercado intraeuropeo a centros industriales de otros países de la UE, contribuyendo así a la construcción de un mercado interior estable. Nuevos países exportadores como Canadá, India, Marruecos o Chile están entrando en el mercado energético global y contribuyen a la diversificación y a la reducción de dependencias unilaterales.

El hidrógeno verde es mucho más que un vector energético: es un instrumento estratégico para reforzar la soberanía, la competitividad y la estabilidad”, afirma Michael Meister. “Quienes establezcan hoy las condiciones marco adecuadas garantizarán a Europa un suministro energético independiente y resiliente a largo plazo”.

La adopción de la cuota de gases de efecto invernadero (GEI) en el marco de la Directiva europea de energías renovables RED III ha sido un primer paso importante, pero ahora se necesitan nuevas señales. Un despliegue ambicioso y coordinado de la economía del hidrógeno es una tarea central de la política energética e industrial. A partir de ello, Quest One identifica necesidades de actuación concretas para responsables políticos y reguladores:

 

Orientación clara sobre los peajes de red

Incluso después de 2029, los electrolizadores no solo deberían mantenerse exentos de peajes de red, sino también ser remunerados cuando operen de forma beneficiosa para el sistema eléctrico, ya que ello puede reducir sustancialmente los costes del sistema.


Mantener la correlación mensual en lugar de la horaria

La correlación horaria entre la generación renovable y la electrólisis (hourly matching), que se prevé aplicar a escala europea a partir de 2030, resulta demasiado restrictiva y conlleva un funcionamiento de los electrolizadores con factores de capacidad significativamente más bajos. Como consecuencia, disminuye la producción de hidrógeno, haciendo que en la mayoría de los casos los proyectos dejen de ser económicamente viables. Mantener la correlación mensual más allá de 2030 ofrecería los incentivos adecuados para la inversión y los correspondientes efectos positivos en términos de resiliencia y clima.


Flexibilización del criterio de adicionalidad

Este requisito establece que, a partir de 2028, solo podrá utilizarse para la electrólisis electricidad renovable procedente de nuevas instalaciones de energías renovables, con el objetivo de evitar el uso de electricidad verde ya disponible en la red. Sin embargo, esta medida frena considerablemente la expansión necesaria de estas instalaciones. Este requisito incrementa los costes y los plazos de planificación de nuevos proyectos, y al mismo tiempo limita la flexibilidad operativa de los electrolizadores durante picos de generación eléctrica. En la fase actual de desarrollo del mercado del hidrógeno, este criterio debería seguir suspendido para permitir el uso de fuentes renovables existentes en la electrólisis. En particular, las instalaciones más antiguas, que tras 20 años van quedando fuera de los esquemas de apoyo, podrían encontrar en el suministro a electrolizadores un nuevo y atractivo mercado.


“Made in EU”

El objetivo de asegurar la creación de valor local para tecnologías limpias en el marco del Net Zero Industry Act debería ampliarse en el ámbito del hidrógeno verde y consolidarse en otros marcos regulatorios, como el previsto Industrial Accelerator Act (IAA). También a nivel nacional, por ejemplo, en instrumentos de financiación pública, debería integrarse sistemáticamente el enfoque “Made in EU”. La soberanía tecnológica reduce la dependencia de cadenas de suministro geopolíticamente inciertas y protege frente a posibles injerencias externas en infraestructuras críticas, especialmente en tecnologías clave como los electrolizadores. De este modo, “Made in EU” refuerza de forma sostenible la resiliencia del sistema energético e industrial europeo.


Seguridad de inversión mediante estándares e innovación

La confianza y la seguridad de inversión no dependen únicamente de factores económicos, sino también de la fiabilidad tecnológica. Aspectos como la permeabilidad de los stacks, la pureza del gas o el diseño seguro de los separadores de O₂ deben abordarse con transparencia y seguir desarrollándose tecnológicamente. Abordar de forma proactiva los retos tecnológicos contribuye a redefinir el estado del arte. Estándares claros proporcionan orientación, refuerzan la confianza y constituyen la base para decisiones sólidas de inversión y operación.

 

Una visión integral para impulsar el desarrollo del hidrógeno

Europa dispone de todos los requisitos para asumir un papel líder en el ámbito del hidrógeno verde, desde el punto de vista tecnológico, industrial y estratégico. Las plataformas modernas de electrólisis son eficientes y escalables. Sin embargo, el mercado europeo se enfrenta a una creciente presión competitiva internacional en términos de costes. Lo que falta actualmente es un marco regulatorio que refuerce la innovación, los estándares de calidad y unas condiciones de mercado justas, con el fin de asegurar el liderazgo tecnológico de Europa. De este modo, los Estados miembros europeos garantizan su independencia energética y refuerzan la resiliencia de sus infraestructuras energéticas en un contexto global marcado por la inestabilidad