Observando el panorama internacional, la transición energética ha dejado de ser un idealismo ecológico para convertirse en una necesidad de seguridad y abastecimiento nacional y esto redunda en la necesidad de innovar en un sector que lo hace a diario.
La innovación en la soportación renovable no solo piensa en estructuras de acero galvanizado o aluminio —sujetas a la volatilidad del mercado de metales y a costosos procesos de recubrimientos— si no que, va derivando hacia soluciones de estructuras autoportantes y lastradas en hormigón. Estas técnicas eliminan la incertidumbre geopolítica, el desabastecimiento internacional, dan valor y crecimiento al tejido empresarial nacional y aportan soluciones simples pero eficaces.
Cuando hablamos de innovación, tendemos a imaginar complejos algoritmos o materiales exóticos. No obstante, a menudo la innovación más disruptiva es la que resuelve problemas estructurales mediante el diseño inteligente. Un ejemplo paradigmático de esto es SOLARBLOC.
Desde el punto de vista técnico, la ventaja industrial de estos soportes reside en su geometría optimizada y masa inercial. Mientras que otras estructuras requieren cimentaciones costosas o anclajes mecánicos, estas estructuras de hormigón aprovechan su propio peso (que oscila entre los 25 kg y 560 kg según el modelo) para contrarrestar las cargas de succión y presión del viento.
La I+D de la gama SOLARBLOC® permite además una personalización precisa en función de las características de la instalación, ofreciendo diversidad de inclinaciones y soluciones complementarias para maximizar la irradiancia específica en diferentes latitudes y tipologías de cubiertas, asegurando que el diseño de la planta sea tan eficiente como las placas que soporta.
"La verdadera innovación es aquella que hace que lo sostenible sea, además, lo más lógico y económico para el usuario final."
Este tipo de soluciones demuestran que la I+D española puede liderar el mercado, proporcionando herramientas que hacen que la energía solar sea accesible no solo para grandes plantas, sino para el tejido industrial y residencial que más sufre la inflación energética.