En el sector eléctrico español parece haber consenso: 2026 será, indiscutiblemente, el año del almacenamiento. Esta certeza no nace de una simple inercia de mercado, sino de una reacción ante las costuras que el sistema mostró durante el último año. Para ASEALEN y AEPIBAL, dos de las principales asociaciones del sector, 2025 no quedará en la historia por sus hitos renovables, sino por actuar como el catalizador definitivo del cambio. Para ambos colectivos, el año que acaba de empezar será el que transforme definitivamente esa fragilidad en infraestructura.
Según explica Raúl García Posada, director de ASEALEN, 2025 fue un punto de inflexión estructural marcado por el apagón del 28 de abril. Aquel incidente transformó radicalmente la percepción del riesgo en España. Hasta entonces, el almacenamiento se debatía en términos de optimización económica; tras el cero eléctrico, se ha revelado como un elemento de seguridad y resiliencia. Luis Marquina, presidente de AEPIBAL, ironiza con que fue la oscuridad de aquel día la que arrojó claridad sobre el sistema. "Todo el mundo se preguntó, ¿dónde están las baterías?", asegura el directivo, quien advierte de que ya no habrá despliegue renovable viable ni integración óptima sin almacenamiento.
La hoja de ruta institucional es ambiciosa. Desde AEPIBAL destacan que el próximo año estará marcado por un "frenesí regulatorio" cuyo hito central será la primera subasta del mercado de capacidad prevista para el primer semestre, una herramienta fundamental para remunerar la firmeza que el sistema necesita. A esto se suma lo que Marquina califica como la "gran noticia del año": la inyección de más de 800 millones de euros en ayudas del IDAE para proyectos que incorporen producto Made in Europe. Esta medida se percibe como vital para asentar una industria local sólida frente a la “agresiva” competencia asiática. Por su parte, desde ASEALEN subrayan que la financiación de proyectos ha madurado notablemente. “La banca ya comprende los modelos de ingresos híbridos, facilitando que las baterías escalen más allá de las subvenciones”, destacan.
GENERA 2025: el termómetro del cambio
La industria parece recoger el guante de las asociaciones, confirmando que el mercado ha madurado a la fuerza. Esta tendencia se materializó en GENERA 2025, donde la Revista Energética pudo tomarle el pulso a la situación del sector. Ramón Ugarte (Cegasa Energía) certificó que “el apagón disparó la demanda en sectores críticos que ahora priorizan el almacenamiento como backup para asegurar su continuidad operativa”. Gonzalo Ubieto (Ampere Energy) defendió que las empresas han entendido que la fotovoltaica por sí sola no evita paradas ante microcortes. “El cliente ya no pide solo una batería, sino "gestión inteligente y modelos de negocio sofisticados”, explicó. Por su parte, Alfonso Escuredo (KStar) no dudó en señalar al almacenamiento como el nicho de mayor volumen de negocio futuro.
La conversación giró en torno a la seguridad y la escala comercial e industrial (C&I). En términos generales, José Antonio Blanco (Plug&Play Energy) habló de un sector "más tranquilo" en instalación pero "muy activo" en almacenamiento. Mientras que fabricantes como Sungrow y DPV confirmaron en sus stands que el almacenamiento comercial es “de lo que todo el mundo habla", presentando equipos de altas potencias diseñados específicamente para dar robustez al tejido empresarial.
Convergencia de regulación y mercado
A nivel de mercado, otras de las empresas más relevantes del sector confirmaron que las barreras de entrada están cayendo. Silvia Graciá (Pramac) apuntaba a la bajada continuada de precios de las baterías LFP como la clave que desbloqueará proyectos antes inviables. En el horizonte de la gran escala (utility scale), Carlos Larrea (TAB Batteries) destacaba de que el almacenamiento ya es la única vía para salvar la rentabilidad de las plantas renovables frente a la canibalización de precios y los vertidos.
Las empresas ya tienen el calendario marcado. Cegasa, por ejemplo, arrancará su nueva planta en Vitoria-Gasteiz en febrero de 2026, lista para atender los proyectos del IDAE. Como concluye ASEALEN, el sistema no aguanta más inercia sin gestión. "Si 2025 fue el año en que el sistema mostró sus límites, 2026 debe ser el año en que sepamos transformarlos en palancas de cambio”, zanja García Posada.